El derrumbe del monopolio demócrata entre los votantes latinos
Para Mike Madrid, formado en ciencias políticas y exdirector político del Partido Republicano de California, la narrativa de un “voto latino” progresista y fiel a los demócratas ya no se corresponde con los datos. De acuerdo con su análisis, el respaldo latino al Partido Demócrata pasó del 71% con Obama en 2012 al 65% con Hillary Clinton, 63% con Joe Biden y 51% con Kamala Harris en 2024, mientras Donald Trump alcanzó el 46% del voto latino frente al 52% de Harris, según el Roper Center. Madrid subraya que esta erosión coincide con el aumento de latinos nacidos en Estados Unidos y con una creciente desalineación económica. A su juicio, el bloque latino responde como un electorado de clase trabajadora que prioriza salarios, vivienda y coste de la vida antes que la retórica identitaria, y que hoy castiga a cualquier partido que no ofrezca una agenda económica clara.
Más generaciones, menos mito: un electorado fragmentado y populista
Lejos de la caricatura del “voto latino”, Madrid insiste en que existen múltiples electorados latinos. La línea de fractura central no es el país de origen, sino la generación. Señala ya cuatro generaciones diferenciadas: las más jóvenes, sin memoria migratoria directa, tienden a desconectarse de América Latina y a comportarse como cualquier otra mayoría trabajadora en Estados Unidos. El 60% de la diáspora es mexicoamericana y el 10% puertorriqueña, pero el hilo común es la identidad obrera. Madrid recuerda que en las asambleas de Nevada de 2016 los latinos menores de 35 años tenían un 80% de probabilidad de votar por Bernie Sanders y los mayores de 35 años un 80% de probabilidad de apoyar a Hillary Clinton; muchos jóvenes que apoyaron a Sanders terminaron luego volcándose hacia Trump. A su entender, no se trata de ideología sino de un populismo latino emergente que desconfía de las élites de ambos partidos y percibe que las estructuras de poder no funcionan para quienes son más jóvenes, menos educados y más precarios.
Economía por encima de la inmigración: la racionalidad de la clase trabajadora latina
Madrid rechaza la idea de que el comportamiento electoral latino se explique por referentes caudillistas importados de América Latina o por un voto definido casi exclusivamente por la inmigración. Recuerda que el 70% de los latinos en Estados Unidos no proviene de países con experiencia directa de caudillos y que, pese al peso simbólico de la migración, las encuestas sitúan la economía muy por encima. Cita un estudio de UnidosUS en el que la inmigración aparece en quinto lugar entre las preocupaciones, y eso con un tercio de la comunidad apoyando incluso deportaciones masivas. El estratega destaca factores concretos: la subida de la gasolina golpea especialmente a los hombres latinos menores de 30 años que conducen camionetas para trabajar; uno de cada cinco hombres hispanos está empleado en la construcción y el 90% de las viviendas del país las levantan trabajadores latinos, mientras ellos mismos, como compradores de primera vivienda, quedan expulsados del mercado por la escasez y los precios. En su lectura, estos datos explican mejor el avance de Trump y del ala más radical demócrata que cualquier narrativa cultural simplista.
Partidos sin agenda económica y reglas que desmovilizan
En el diagnóstico de Madrid, ni demócratas ni republicanos ofrecen una política económica aspiracional para la clase trabajadora. Afirma que, pese a que ambos se disputan el voto latino con campañas en español y referencias migratorias —una estrategia que define como política del sombrero—, ninguno aborda las preocupaciones cotidianas de renta, empleo y vivienda. Señala además que el declive de los medios en español, como Univision y Telemundo, coincide con el crecimiento de una audiencia de latinos nacidos en Estados Unidos que ya no consume contenidos en ese idioma. El estratega vincula también el diseño institucional con la baja participación: en Estados con primarias cerradas, como Nueva York y Florida, muchos latinos se ven obligados a afiliarse a un partido solo para poder votar, lo que él califica como una forma de supresión del voto. Cita una encuesta de Quinnipiac en Nueva York donde un tercio de los demócratas latinos registrados decía no considerarse demócrata. En contraste, en Estados con primarias abiertas como Texas y California, la participación latina “explotó”, favoreciendo a candidaturas más centristas y castigando tanto al movimiento MAGA como a las élites progresistas blancas centradas en batallas culturales.
Latinos como fuerza de equilibrio en un sistema político en crisis
La experiencia de tres décadas de trabajo de Madrid con comunidades latinas, a través de consultoras como GrassrootsLab y de iniciativas como The Lincoln Project, le lleva a una conclusión contundente: los latinos serían, en su opinión, el único grupo que actúa de forma racional en un sistema político degradado por el tribalismo. Su electorado, más joven y menos polarizado racialmente, rechaza alinearse ciegamente con un partido que no responda a sus aspiraciones de educación, trabajo, familia y vivienda propia. Esa ética de trabajo, que describe como un “superpoder” de la comunidad, explicaría por qué los latinos son, según él, el grupo más procrecimiento de Estados Unidos. Mientras los extremos del Partido Republicano abrazan el movimiento MAGA y los sectores progresistas demócratas priorizan guerras culturales, Madrid ve en el voto latino un potencial de reequilibrio democrático: si los partidos no corrigen el rumbo y diseñan una agenda económica creíble para la clase trabajadora, anticipa que la próxima década seguirá marcada por castigos electorales cruzados y por un populismo latino que buscará nuevas formas de representación dentro y fuera de las estructuras tradicionales.