Martes 6 Octubre 2026
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México: La batalla por desmilitarizar las escuelas tras la muerte de una menor de 13 años

Entre 20 y 50 colegios militarizados de México, que atienden a entre 10 000 y 20 000 estudiantes, enfrentan una transformación forzada tras la orden de la Secretaría de Educación Pública, respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum, de prohibir este modelo educativo después de la muerte por asfixia por sumersión de una menor de 13 años en un campamento de verano militar en Tamaulipas, hecho investigado por la Fiscalía como posible feminicidio con tres personas detenidas.

Cadetes del Heroico Colegio Militar durante una ceremonia, símbolo del peso de lo castrense en México.
Cadetes del Heroico Colegio Militar, una de las instituciones más emblemáticas de las Fuerzas Armadas mexicanas, marchan formados en su campus al sur de Ciudad de México. La reciente prohibición de las escuelas militarizadas privadas reabre el debate sobre la cultura castrense en la educación del país. (Foto: Getty Images)
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Un decreto que sacude a decenas de colegios y miles de familias

La Secretaría de Educación Pública justificó la prohibición de las escuelas militarizadas señalando que carecen de sustento legal y que la educación militar es exclusiva de las Fuerzas Armadas. La instrucción implica que planteles privados que imitaban uniformes, jerarquías y rituales castrenses abandonen ese esquema en cuestión de semanas. Directores como Óscar Lira, al frente del Colegio Moderno Alarid en Ciudad de México, reconocen que debieron retirar la parafernalia militar y redefinir su propuesta académica, mientras reportan caídas en la matrícula de hasta la mitad y, en algunos casos, cierres definitivos. Pese a ello, varios defienden la permanencia de lo que consideran “valores universales” asociados a la disciplina y el honor.

De la muerte de una menor a un cuestionamiento estructural

La muerte de la adolescente en Tamaulipas, cuya autopsia estableció asfixia por sumersión, detonó el giro gubernamental. La familia denuncia actos de tortura, y la Fiscalía indaga el hecho como posible feminicidio, con tres presuntos implicados detenidos. Otros casos recientes refuerzan el escrutinio: en 2023, un joven de 16 años falleció en el Colegio Militarizado Aztlán, en Estado de México, por múltiples golpes en el estómago, y en 2025 un estudiante de 13 años murió tras un campamento de la Academia Ollin en Morelos, luego de presuntos castigos físicos extremos. Aunque ambas muertes tienen personas detenidas, las autoridades no han presentado un registro oficial y sistemático de abusos o decesos en escuelas militarizadas, que durante décadas operaron en un limbo entre supervisión civil y militar.

Protestas, pérdidas de matrícula y disputa por el sentido de la disciplina

El impacto de la prohibición ya se siente en estados como Puebla y Zacatecas. En Puebla, más de 50 madres y padres defendieron públicamente a la Academia Zaragoza, bloqueando avenidas y acusando a las autoridades educativas de criminalizar a un plantel sin denuncias internas de maltratos. En Zacatecas, el Bachillerato General Militarizado —de carácter público— sustituyó a todos sus instructores militares por profesores civiles y cambió materias castrenses por educación financiera, deporte de alto rendimiento e inteligencia artificial, lo que varios padres califican como una imposición que desvirtúa la formación que eligieron. Una encuesta de la consultora Dinamic refleja un país dividido: alrededor de un tercio rechaza el cierre masivo aunque pide auditorías, mientras un 27% respalda el cierre definitivo y el resto muestra posiciones intermedias, lo que evidencia una fuerte disputa social sobre los límites de la disciplina en la educación.

La otra cara: escuelas militares formales y una cultura castrense arraigada

Mientras las escuelas militarizadas privadas se ajustan a la nueva norma, las instituciones militares formales permanecen intactas. Existen cerca de 40 centros académicos dependientes de las Fuerzas Armadas, entre ellos el histórico Heroico Colegio Militar, instalado en un campus de casi 400 hectáreas al sur de Ciudad de México. De ahí se forman los mandos de un ejército con enorme peso político y económico, y también han surgido denuncias de abusos ligados a prácticas de “iniciación” o novatadas que, según excadetes y especialistas en seguridad, dejan secuelas físicas y psicológicas severas. Pese a los señalamientos de violaciones de derechos humanos, las Fuerzas Armadas mantienen uno de los niveles de aceptación más altos del país, por encima de otras instituciones del Estado, lo que complica cualquier intento de fiscalizar sus métodos internos y su influencia simbólica en la educación civil.

Un sistema educativo atravesado por el nacionalismo y el militarismo simbólico

Antropólogos como Joel Trujillo subrayan que el debate no se limita a unas decenas de colegios, sino a un modelo educativo marcado por el nacionalismo y la liturgia castrense. Todos los lunes, por ley, las escuelas —públicas y privadas— deben realizar honores a la bandera con escoltas y bandas de guerra, reforzando gestos de disciplina y subordinación inspirados en el ámbito militar. La historia oficial mexicana, centrada en las gestas de Independencia y Revolución encabezadas por generales, consolidó un imaginario donde el soldado es figura moral y el sacrificio por la patria se presenta como ideal educativo. La decisión de la administración de Claudia Sheinbaum de retirar el sello militarizado de los colegios privados tensiona ese legado: para algunos, es un paso necesario para proteger a niñas, niños y adolescentes frente a abusos; para otros, una intromisión en su derecho a elegir un modelo de alta disciplina. El siguiente reto del gobierno será demostrar que la transición hacia escuelas desmilitarizadas puede preservar la seguridad de los estudiantes sin renunciar a una formación rigurosa y con controles efectivos que impidan nuevos casos trágicos.