Una “internacional facha” más simbólica que coordinada
En su tribuna, publicada el 07 de septiembre de 2026, Martín Caparrós parte de la idea, muy extendida, de que existe una especie de internacional de extrema derecha que conectaría a Estados Unidos, Italia, Argentina, Francia, España, Colombia y El Salvador. El autor matiza que, a su juicio, más que un bloque homogéneo se trata de dirigentes que responden a lógicas nacionales distintas, con proyectos incluso contradictorios en aspectos clave como el comercio o el papel del Estado. Desde esa lectura, la pieza se centra en el plano personal: describe a estos políticos como “representantes indignos” pero, al mismo tiempo, muy representativos de las culturas que los han llevado al poder o les han dado centralidad política.
Trump, Milei y Meloni: del espectáculo al caos como marca
La columna dedica un tramo relevante a Donald Trump, a quien presenta como símbolo de una derecha estadounidense que habría abrazado la ligereza y el espectáculo. Caparrós alude a informes de verificación de datos sobre sus discursos y lo retrata como un dirigente que, según el autor, transmite la idea de que se puede ejercer un poder letal sin solemnidad. En el caso de Javier Milei, el texto lo describe como un “espejo” del desorden argentino, construido sobre una imagen de caos permanente que, siempre según el análisis del columnista, habría funcionado electoralmente pero mostraría signos de agotamiento político. Sobre Giorgia Meloni, Martín Caparrós subraya el contraste entre la tradición fascista italiana y la figura de una líder que intenta proyectar cercanía, modernidad y simpatía mientras mantiene una agenda de ultraderecha, y recuerda episodios en los que la primera ministra se ha alineado con Donald Trump tras aparentes distancias.
Europa y América Latina: muñecas, mano dura y aspiraciones
En el plano europeo, Marine Le Pen aparece en la tribuna como encarnación de una burguesía francesa conservadora que busca diferenciarse del extremismo de su padre, Jean-Marie Le Pen, pero sin abandonar un discurso nacionalista radical. Caparrós menciona que la dirigente ha atribuido a su progenitor responsabilidades en irregularidades investigadas judicialmente y recuerda que afronta procesos que, según el propio periódico, pueden marcar su futuro político, lo que la sitúa bajo fuerte escrutinio institucional. En América Latina, el texto se detiene en Nayib Bukele, presidente de El Salvador, al que presenta como una combinación de estética juvenil y política de mano dura basada en encarcelamientos masivos y juicios cuestionados por organizaciones de derechos humanos. También alude a juicios sin garantías y a un clima en el que, de acuerdo con los reportes citados por El País, hay jueces que temen contradecir la línea oficial. Para Colombia, la columna menciona a Abelardo de la Espriella como figura asociada a un discurso de extrema derecha y lo sitúa como síntesis de una cultura aspiracional marcada por el exhibicionismo del éxito económico y la exaltación del triunfo individual.
El caso español y el papel de las sociedades
En el tramo final, la tribuna se centra en Santiago Abascal, líder de Vox en España, a quien define como un político que ha hecho carrera como “funcionario” de partidos de derecha. Martín Caparrós lo describe como la cristalización de un imaginario clásico del “facha” español y critica tanto su estilización de la dureza como la parte del electorado que la aplaude. El autor vincula su figura al debate sobre la calidad de la democracia y sobre cuán dispuestos están los ciudadanos a respaldar proyectos que presentan la política como confrontación identitaria permanente. La pieza concluye señalando que todos estos dirigentes hablan con frecuencia de Dios y de valores trascendentes, pero, en opinión de Caparrós, son sobre todo productos de sus contextos nacionales, y expresan tanto los miedos como las pulsiones autoritarias de sus sociedades. El análisis sugiere que el desafío futuro para las democracias será desmontar esas narrativas sin dejar sin respuesta los problemas reales que han permitido a la extrema derecha ganar espacio en tantos países.