Era de madrugada, la sietemesina pedía a gritos que la sacaran del vientre de su madre; y como tener hijos en casa con ayuda de una partera fue y sigue siendo tradición practicada en zonas rurales, doña María de los Ángeles Mora tuvo a su partera lista para la acción. Solo que el caso es particular: su partera fue su propia mamá, la abuelita de nuestra protagonista.
La singularidad sigue a la familia y es que, cuando la bebé fue expulsada, esta no hizo lo que todo recién nacido hace: llorar o gritar. Es por eso que la señora María de los Ángeles angustiada le pregunta a su mamá, doña Amable Alvarado, si su bebe está muerta. Doña Amable le contesta que no, que se despreocupe, que María y José (los padres del Señor Jesús, El Nazareno) la cuidarían. De allí su nombre: María José Murillo Mora, una salitraleña que actualmente suma ya 35 vueltas al sol.
“Mariquita”, a como le dicen de cariño sus más íntimos conocidos, se crio en el campo bajo la tutoría de su abuelito y abuelita mientras su mamá trabajaba como educadora. No se queja como muchos lo hacen, al contrario, dice haber tenido la más maravillosa de las infancias.
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Eso por haber tenido la dicha del contacto directo con los animales y la naturaleza que le proporcionaban todo lo que necesitaba para ser feliz: cantos matutinos y vespertinos, colores varios para la recreación visual, aire puro, espacio, compañía y comida. Además de recibir una educación intachable por sus abuelitos que le hacen ser bien recibida a donde “la mariquita” llega.
“Nací entre lo lindo de la naturaleza; vacas, caballos, cerdos y gallinas, fue lo mejor que me pudo pasar. Mis abuelos en la ausencia de mi mamá por cuestiones laborales me enseñaron desde respetar una flor, hasta a un ser humano”, asevera María.
Es la tercera de 4 hermanos profesionales. Mientras cursa su último año de educación secundaria, allá, a mediados del año 2005, conoce y se hace novia del hombre que sería su legítimo esposo. A principios del siguiente año, consuman su amor. El resultado se llama Celeste, su primera hija.
Cele llegó a cambiarles la vida a ambos. Se volvieron locos…
Miguel tiene trabajo y María José estudia leyes en una de las universidades de Santiago de Puriscal entre tanto espera a su segundo hijo.
Debido a que buscaba una mejor casa de estudios superiores, saca su licenciatura en leyes, con énfasis en derecho penal en la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (ULACIT); pero para poder recibir su título en manos debe sacar inglés. Lo estudia allí mismo para ser una graduada bilingüe. A su vez trabaja junto a Ángel Reyes, un famoso litigante de la capital, San José.
Para poder incorporarse al colegio de abogados de Costa Rica debe ganarse el examen de excelencia académica. Allá fue María con todo, se lo propuso y lo logró.
Feliz de ganarlo se rehúsa a seguir colaborándole a Ángel en San José para buscar una oportunidad en leyes en Santiago de Puriscal.
En ese momento, cuando María José se queda sin empleo, José Miguel se le suma y las cosas se ponen de verdad difíciles. A eso agregar que otro bebé estaba en camino.
El desempleo se prorrogó y es momento de decidir qué hacer para sacar adelante a la familia.
María siempre cocinó rico. Cuando estaba en la universidad acostumbraba a preparar galletas y panes para sus compañeros de clase, amigos y familia. Todos los que probaban lo que María hacía, quedaban encantados y pedían siempre más. Miguel, su esposo, era su fans número uno.
En una de esas noches de angustia y del no saber qué hacer ante el desempleo que los embargaba, José Miguel le propone a María José emprender. En la comodidad de la cama y bajo el calor de las cobijas María con mucha seguridad le dijo a su esposo: “Mi amor, a mí lo único que se me ocurre es pastelería. Es lo que sé hacer. Me sale muy rico y lo disfruto mucho”.
Miguel acepta de una vez. Sabe del talento de su esposa en la cocina con las comidas y los postres.
Ambos oraron y le pusieron la idea emprendedora de negocio en las manos a Dios.
Materializaron su idea
María José decorando un pastel en su taller
Una urna, una pequeña ventanilla y el apoyo moral de doña Rosita, suegra de María, fue esencial para que la primera producción de panes del matrimonio saliera a la venta. Todo lo prepararon con los utensilios del hogar.
“Aquello fue una bendición de Dios, vi su bondad, no te puedo decir otra cosa. Mi esposo llegó a la casa con las manos vacías y con el dinero de la venta de todo lo que preparamos en la bolsa. Lo recuerdo como si fuese ayer y me emociono, vieras. Dios nos respaldó y también los puriscaleños. Cada día hacíamos un poquito más de producción”, cuenta con alegría y con los ojos llenos de brillo, mariquita.
María y su Mirrusquita
Cuando ven que su negocio crece cada día más, surge la necesidad de elegir un nombre. María José dijo que no podía ser otro que: La Mirrusquita. Esto porque de pequeña su mamá le contaba un cuento llamado así. En él se describía a algo pequeño pero hermoso, pintoresco, alegre, bonito.
Como José y María estaban esperando a su tercer hijo, Majo dijo que ella tenía una Mirrusquita adentro y que así debía llamarse el negocio.
Es más, ese cuento ahora es patrimonio ya que a todos los bebés de la familia les han narrado el cuento de la Mirrusquita.
“El nombre fue todo un éxito. Les encantó a los clientes. Sobre todo a los niños que llegan acompañados de sus papás a comprar. Ellos les dicen: la Mirrus. La Mirrusquita es referencia en Puriscal”, afirma María.
Son fuente de empleo para otra mujer
Doña Rosita colabora a María con la preparación de postres y demás cosas pero la verdad es que ya no daban abasto. Es por eso que deciden contratar a una mujer talentosa del mismo pueblo del que es originaria María José.
Gracias a esta tercera mano en el taller que doña Rosita entrega en manos de su nuera es que sacan a flote más postres a la venta. Las especialidades de la casa son: tortas frías y la torta chilena; pie de limón, de maracuyá, de chocolate, entre otras.
El cliente lo pidió
Cumplieron dos años posicionados por los puriscaleños en su venta de postres, tortas y panes. Pero ya no era uno el que pedía que José y María les vendieran un café o un fresco para acompañar los aperitivos y consumirlos en el mismo lugar de la compra. Es por eso que el matrimonio decide solicitar un préstamo a una entidad bancaria para hacer realidad la petición de sus fieles clientes.
Así fue. Remodelaron las instalaciones y se convirtieron en la repostería-café más singular en Santiago de Puriscal por sus excelentes productos y la atención personalizada que dan a sus clientes.
Éste 05 de julio la idea de negocio de María cumple 5 años.
“Gracias a Dios y a nuestro trabajo, que lo hacemos con tanto amor y dedicación para todos nuestros clientes es que podemos dar a nuestros hijos lo que necesitan”, resalta María.
El éxito de La Mirrusquita es tal que no abarcan con la demanda así que deciden abrir una segunda sucursal en Santa Ana de Escazú, San José.
María y José son un matrimonio feliz y sólido.
Mariquita es una profesional del derecho en Costa Rica y aunque no descarta el volver a ejercer, por ahora dice no estar más plena y feliz hoy que, es protagonista de su propia idea de negocio, de su tiempo y de su rol como mujer y madre.
La Mirrusquita le permite despedir a sus hijos en casa cuando van al colegio, puede visitarlos si se presenta alguna emergencia o bien, si debe llevar un pastel para que sus hijos lo ompartan con sus compañeros lo hace. Además de verlos llegar una vez que terminan su jornada de estudio. “Siempre creí en mi esposa y en su talento, nunca dudé. Como mujer te puedo decir que tiene coraje para dar a otros. Tiene un alto compromiso con el prójimo, tiene personalidad, principios y valores intachables. Como compañera y complemento es la mejor. Esta aventura de negocio que compartimos es el sustento de nuestra familia. Como profesional, es una apasionada perfeccionista con cada cosa que hace. Esa exigencia a ella misma es la que le ha dado el éxito a nuestra Mirrusquita.”, refiere orgulloso José Miguel, esposo de María José.