Un rescate coordinado del yen con beneficios para Washington
La intervención conjunta de Japón y Estados Unidos, la primera desde 2011, se produjo después de que el yen encadenara meses de depreciación vinculada a los tipos de interés históricamente bajos fijados por el Banco de Japón. Los datos de la autoridad monetaria indican que Tokio habría vendido cerca de 59 000 millones de dólares estadounidenses para recomprar yenes en la plaza neoyorquina el jueves, antes de que el movimiento coordinado con Washington se consumara el viernes. Aunque el Departamento del Tesoro de Estados Unidos no detalló el volumen de su participación, una fotografía difundida por Reuters dejó ver una nota manuscrita frente al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, con la instrucción: “Tareas pendientes: Comprar yenes japoneses por valor de entre 5 000 y 10 000 millones de dólares”. Para el economista Shigeto Nagai, de Oxford Economics, Estados Unidos aceptó sumarse a la maniobra porque ofrece la posibilidad de obtener “beneficios significativos a bajo coste”, además de contener eventuales tensiones sobre sus propios costos de endeudamiento.
Por qué el yen es vulnerable y qué buscan evitar los gobiernos
Históricamente, el yen se ha debilitado porque Japón mantiene tasas de interés del banco central mucho más bajas que otras economías avanzadas. En junio, el Banco de Japón elevó su tipo principal al 1 %, el nivel más alto desde 1995, pero aún muy por debajo del rango de referencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, situado entre 3,50 % y 3,75 %. Esa brecha resta atractivo a los activos denominados en yenes para los inversores globales. A este factor se suman problemas estructurales japoneses: décadas de descenso de la población en edad de trabajar, baja productividad y una fuerte dependencia de las importaciones de energía tasadas en dólares. Ante este panorama, el Ministerio de Finanzas de Japón afirmó que la operación del viernes “contrarrestó la excesiva volatilidad y los movimientos desordenados del yen japonés en los últimos meses”. Scott Bessent respaldó públicamente esta lectura al señalar que “las acciones coordinadas en materia de divisas contrarrestaron los movimientos desordenados del yen” y que Washington “apoya firmemente las medidas monetarias y de mercado decisivas que Japón está adoptando para corregir la importante infravaloración del yen”.
La dimensión política: Trump, Pearl Harbor y la economía mundial
El respaldo de la Casa Blanca tiene también una dimensión política. Tras la intervención, el presidente Donald Trump declaró a periodistas que “su yen se está debilitando y necesitaban un poco de ayuda. Y siempre estamos ahí para Japón”, al tiempo que recordó que “Japón ha sido muy bueno con nosotros, con la excepción, por supuesto, de Pearl Harbor”. Pese al tono polémico, el mandatario insistió en que esta actuación coordinada será “buena para la economía mundial”, al reducir el riesgo de una venta masiva de yenes y de bonos del gobierno japonés que pueda tensionar el mercado global de deuda soberana y elevar los costos de financiación de Washington. Tras sus comentarios, el dólar retrocedió un 0,2 % hasta los 157,07 yenes, lejos del máximo de 164 marcado el mes anterior, aunque posteriormente repuntó en torno a 157,70 yenes tras el comunicado del Ministerio de Finanzas de Japón. Según Shigeto Nagai, aun si las cifras de intervención “no sean particularmente grandes”, la señal de que los gobiernos mantienen una vigilancia activa sobre los movimientos del yen puede disuadir a los especuladores y allanar intervenciones adicionales “de forma intermitente y coordinada durante algún tiempo”. El desenlace de esta estrategia marcará no solo la estabilidad de la divisa japonesa, sino también la capacidad de Tokio y Washington para gestionar conjuntamente choques financieros en un sistema global cada vez más sensible a los flujos de capital a corto plazo.