Miércoles 7 Octubre 2026
.:: Internacionales ::.

Israel: Un kibutz borrado por los ataques del 7 de octubre intenta reconstruir su vida entre duelo y ruinas

Uno de cada cuatro habitantes del kibutz Nir Oz fue asesinado o secuestrado durante los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023, en el sur de Israel. En esa jornada murieron 41 residentes y trabajadores extranjeros, seis personas que habían huido desde una fiesta cercana y 76 vecinos fueron llevados como rehenes a Gaza, según recuentos de la propia comunidad y de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Supervivientes de kibutz israelí conmemoran el 7 de octubre y enfrentan la lenta reconstrucción de sus hogares
Residentes del kibutz Kfar Aza se reúnen cerca de la comunidad, en el sur de Israel, durante la conmemoración del tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre de 2023. La escena ilustra el duelo persistente y el esfuerzo por rehacer la vida en los kibutz cercanos a Gaza, como Nir Oz. (Foto: Getty Images)
Internacionales

Un kibutz por reconstruir casi desde cero

Nir Oz era una comunidad agrícola y de activismo por la paz con unas 400 personas, situada a solo 1,6 km de la frontera con Gaza. El 7 de octubre de 2023, se estima que unos 500 palestinos —entre ellos combatientes de la fuerza de élite Nukhba de Hamás y saqueadores civiles— irrumpieron en el kibutz. De acuerdo con la investigación interna de las Fuerzas de Defensa de Israel, el ejército no logró llegar a tiempo: los primeros soldados entraron cerca de 40 minutos después de que se fueran los últimos atacantes, en un día en el que más de 20 comunidades y múltiples puestos militares fueron asaltados en paralelo. Para entonces, casi todos los hogares de Nir Oz habían sufrido asesinatos, violencia —incluida violencia sexual—, saqueos y secuestros, y buena parte del caserío de una planta ardía. La directora del Proyecto de Reconstrucción y Rehabilitación en Nir Oz, Emi Palmor, resume el alcance de la devastación: los atacantes irrumpieron en el 97 % de las viviendas y quemaron casi el 50 %. Por ese nivel de daño, afirma, Nir Oz es actualmente el único lugar de Israel que debe ser demolido por completo y vuelto a levantar desde los cimientos.

Memoria, duelo y disputa sobre qué conservar

En las calles silenciosas de Nir Oz, Dalit Ram Aharon y su esposo, Achi Ram Aharon, caminan entre casas demolidas y refugios de hormigón. Sobre los antiguos buzones, pegatinas rojas marcan a quienes murieron y negras a quienes fueron secuestrados: Dalit explica que eso significa que “uno de cada cuatro de nosotros ha sido asesinado o secuestrado”, incluidos niños y bebés. Ella y su familia sobrevivieron tras esconderse casi 12 horas en su refugio antibombas, mientras en otras casas se consumaba la tragedia. En una vivienda calcinada, una fotografía recuerda a Tamar y Yonatan con sus tres hijos: dos niñas pequeñas y un niño de dos años. Según relata Dalit, los padres fueron tiroteados a través de la puerta del refugio y la casa fue incendiada; los menores habrían muerto asfixiados. La pareja Ram Aharon defiende que al menos parte de las estructuras dañadas permanezcan en pie como evidencia. “La gente debe ver lo que pasó, debe ver la destrucción, el odio puro que se vivió aquí”, sostiene Achi. Pero Emi Palmor admite que esa decisión divide a los sobrevivientes: algunos piden un entorno sereno que no reabra heridas a diario, mientras otros temen que, si se derriban las últimas casas dañadas, el horror acabe siendo negado o relativizado.

La herida de los rehenes y la huella del trauma

En total, 76 personas del kibutz fueron secuestradas y llevadas a Gaza, incluidas nueve ya fallecidas. Catorce rehenes vivos murieron posteriormente en cautiverio. Los últimos rehenes de Nir Oz regresaron a Israel el 13 de octubre de 2025, y los restos del último rehén fallecido, Amiram Cooper, fueron repatriados dos semanas después. Casos como el de la familia Bibas simbolizaron la crisis: Shiri Bibas y sus dos hijos pequeños, Ariel y Kfir, fueron capturados en su casa, mientras su esposo, Yarden Bibas, fue liberado con vida en un acuerdo de alto el fuego en Gaza en febrero de 2025. Según la versión de Hamás, Shiri y los menores murieron por un ataque aéreo al inicio de la guerra; pero especialistas forenses israelíes, que examinaron los cuerpos cuando fueron devueltos ese mismo mes, concluyeron que habían sido asesinados por sus captores y que sus restos estaban mutilados. Para Dalit Ram Aharon, que describe a Shiri como “una persona alegre, una madre” y “como una hermana”, la decisión de regresar a Nir Oz es un acto de memoria: afirma que volverán por Shiri, por quienes ya no pueden vivir allí y por sus propios padres, cofundadores del kibutz, que sobrevivieron ilesos al ataque pero murieron meses más tarde. Sin embargo, la reapertura total de la comunidad tardará al menos dos años, y muchos familiares de víctimas, entre ellos el propio Yarden Bibas, han optado por no regresar.

Una guerra prolongada y un futuro incierto

Los ataques del 7 de octubre de 2023 formaron parte de una ofensiva mayor en el sur de Israel: alrededor de 1 200 personas murieron y 251 fueron tomadas como rehenes después de que aproximadamente 6 000 palestinos atravesaran la frontera desde Gaza, según los datos facilitados en los reportes oficiales. La respuesta militar de Israel desencadenó una guerra que ha dejado más de 74 200 muertos en Gaza, de acuerdo con cifras del Ministerio de Salud controlado por Hamás, consideradas en términos generales como precisas por la ONU, y ha desplazado a casi toda la población de la Franja, unos 2,1 millones de habitantes. Mientras el plan de paz del presidente estadounidense Donald Trump permanece estancado, en Israel crecen las demandas para que una comisión estatal independiente depure responsabilidades por el fallo de las fuerzas de seguridad el 7 de octubre. En Nir Oz, los sobrevivientes lidian con cuadros de estrés postraumático. Dalit recuerda que su hijo mayor, Uri, cumplió nueve años ese mismo día encerrado en el refugio y que le suplicó: “Mamá, no quiero morir el día de mi cumpleaños”. Aunque este tercer aniversario es el primero sin rehenes en Gaza, y eso supone un alivio para familias como la suya, Achi reconoce que recién ahora pueden enfocarse en su propia recuperación: identificar lo que perdieron, lo que necesitan y hasta dónde es posible recomponer una vida sobre un terreno marcado por la masacre, la destrucción y la disputa sobre cómo recordar lo ocurrido.