Se estima que allí fueron enterrados al menos 796 niños, en su mayoría recién nacidos, sin sepultura formal ni registro digno. A lo largo de los próximos dos años, los especialistas excavarán minuciosamente una superficie de 5,000 metros cuadrados, a una profundidad de hasta dos metros, en busca de restos humanos.
La iniciativa comenzó once años después de que la historiadora local Catherine Corless descubriera, tras una rigurosa investigación, que solo había constancia de dos entierros oficiales, a pesar de que los registros de defunción daban cuenta de cerca de 800 menores fallecidos en el lugar. En 2017, una excavación preliminar confirmó la existencia de restos humanos en condiciones infrahumanas.
“Estos bebés están en un sistema de alcantarillado. Tienen que salir de ahí”, declaró Corless, visiblemente conmovida, durante el inicio oficial de las obras, marcadas por un acto simbólico en el que participaron más de 80 familiares que ofrecieron muestras de ADN con la esperanza de identificar a sus seres queridos.
Un sistema marcado por el abandono y el silencio
En enero de 2021, una comisión nacional de investigación presentó un informe de más de 3,000 páginas que documenta el funcionamiento de 18 hogares para madres solteras en Irlanda entre 1922 y 1998. Según la investigación, al menos 9,000 niños murieron en esas instituciones, lo que representa un 15% del total de menores que pasaron por ellas.
Uno de los casos más escalofriantes se registró en Bessborough, donde en 1943 murieron tres de cada cuatro niños bajo el cuidado de las Hermanas de los Sagrados Corazones. Entre 1922 y 1998, más de 900 menores fallecieron en ese lugar, y hasta la fecha no se ha identificado un sitio de entierro documentado.
El informe atribuye la elevada mortalidad a condiciones sanitarias deplorables, como la falta de agua potable, el hacinamiento, la mala alimentación y la escasa formación del personal a cargo. También revela que las autoridades locales conocían esta situación, pero no actuaron debido a una “indiferencia generalizada” hacia los niños nacidos fuera del matrimonio.
Peticiones de perdón y búsqueda de justicia
Tras la publicación del informe, las Hermanas del Buen Socorro ofrecieron una disculpa pública y anunciaron una contribución de casi 13 millones de euros al fondo de compensación estatal. La entonces superiora regional, hermana Eileen O’Connor, reconoció que los bebés fueron enterrados de manera “irrespetuosa e inaceptable” y que la congregación fue parte de un sistema que causó “soledad, sufrimiento y dolor terrible”.
El gobierno irlandés, por su parte, también pidió perdón públicamente por su responsabilidad directa e indirecta en estos centros, varios de los cuales eran públicos pero administrados por órdenes religiosas.
El entonces arzobispo electo de Dublín, Dermot Farrell, declaró:
“No podemos seguir huyendo de verdades extremadamente dolorosas sobre cómo, colectiva e individualmente, no cumplimos con el deber de cuidar de mujeres vulnerables y sus hijos”.
Finalmente, el presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa, Eamon Martin, instó a todas las personas con información que pueda contribuir al proceso de identificación a colaborar, para que cada niño pueda recibir una sepultura digna y su memoria sea honrada por sus familias y por toda Irlanda.
Aci Prensa
