Una victoria descalza que expone la precariedad
Vestida con un sari largo y colorido, y con las zapatillas en la mano, Ramabai Ranveer se inscribió en la carrera popular Amrit Daud de 3 km motivada por una necesidad precisa: pagar la educación superior de sus hijas. Contó que su hija mayor, Pooja, de 22 años, le pidió participar y que, al saber que el premio podía aliviar los costos de estudio, decidió correr con un solo objetivo: ganar. Incluso cuando sus zapatillas comenzaron a resbalar, se las quitó, se acomodó el sari y siguió corriendo descalza hasta cruzar la meta antes que el resto de las competidoras de su categoría de 30 a 60 años, asegurando así el premio de US$31 para la compra de libros y útiles escolares.
Una familia que persigue la movilidad social a cualquier precio
La historia de Ramabai es también la de una familia que intenta escapar de la pobreza con la única herramienta que tiene a mano: la educación. Viuda desde 2012, asumió sola el sustento del hogar realizando trabajos agrícolas temporales, como recoger soja y garbanzos en campos ajenos o recolectar cúrcuma para cocinarla y venderla. Ella misma abandonó la escuela a los 13 años, pero afirma que, mientras viva, hará todo lo posible por darle a sus hijas una educación que les evite repetir su historia de precariedad. Sus esfuerzos tienen un eco concreto: Pooja se está preparando para el reclutamiento policial en la academia donde su madre trabaja como cocinera, mientras que su otra hija, Arati, estudia Informática en la Universidad y se alista para los exámenes de la función pública, una de las pocas rutas hacia la clase media mediante empleos estatales estables, con pensión y subsidios de vivienda.
Un sistema educativo bajo presión y sospecha
La hazaña de Ramabai Ranveer se viralizó en redes y medios indios no solo como símbolo del sacrificio de una madre, sino como retrato de un sistema educativo que muchos consideran roto. La filtración del Examen Nacional de Elegibilidad y Admisión, clave para el ingreso a medicina, provocó en mayo su cancelación y obligó a casi 2 000 000 de estudiantes a repetir la prueba. El episodio alimentó la indignación juvenil que, articulada alrededor del satírico Partido Popular de la Cucaracha, desencadenó protestas masivas y la dimisión del ministro de Educación en julio. Las denuncias de irregularidades, infraestructuras escolares en ruinas y desigualdades entre áreas rurales y urbanas han reforzado la percepción de que la educación ya no garantiza movilidad social, pese a las enormes inversiones que hacen las familias en exámenes y preparación.
Respuesta institucional y críticas a los planes oficiales
El eco mediático del caso llevó al presidente del Tribunal Supremo de la India, Surya Kant, a ordenar al distrito que otorgara una ayuda extraordinaria de US$500 a Ramabai, una cantidad muy superior al premio original de la carrera. Sin embargo, para especialistas como Sukhadeo Thorat, ex titular de la Comisión de Subvenciones Universitarias, el gesto no soluciona lo de fondo. A su juicio, el hecho de que una mujer de 47 años deba arriesgar su integridad física para financiar los estudios de sus hijas muestra que los múltiples programas educativos del gobierno central y de los gobiernos estatales no se aplican de forma adecuada, dejando fuera precisamente a los hogares más vulnerables, como el de esta familia de Maharashtra.
El costo emocional de la promesa incumplida de la educación
La carrera ganada descalza fue solo el episodio visible de una tensión diaria: la distancia entre la promesa de la educación y la realidad económica de las familias pobres. Ramabai Ranveer relató que incluso su hija menor dejó de llamarla durante ocho días porque no podía enviarle dinero para libros, lo que la llevó a fijarse como meta imprescindible ganar el premio de la Amrit Daud. Su deseo declarado es que sus hijas no tengan que caminar bajo el sol abrasador ni luchar contra el barro para estudiar, como le ha tocado a ella al buscar trabajos temporales en el campo. Mientras el país más poblado del mundo discute cómo reformar su sistema educativo y limpiar los exámenes de ingreso de irregularidades, historias como la de Ramabai presionan a las autoridades a pasar de las ayudas puntuales a cambios estructurales que impidan que el acceso a la educación dependa de una carrera de 3 km corrida descalza.