Un apoyo nacido del despojo y el miedo cotidiano
Las marchas se nutren de pobladores expulsados de sus barrios por las bandas armadas, que controlan amplias zonas de la capital y del interior. Una mujer desplazada desde Carrefour-Feuilles relató que fue expulsada de su casa, despojada de sus pertenencias y obligada a huir con sus hijos, lo que ilustra la profundidad del colapso de la seguridad. Estas voces ven en el ejército salvadoreño la única fuerza que hoy confronta de manera directa a los grupos criminales que los han dejado sin hogar, ingresos ni escuelas para sus hijos.
Despliegue salvadoreño tras ataque a la Fuerza de Supresión de Pandillas
El origen inmediato de la incursión militar está ligado al ataque armado del 18 de octubre de 2026 en el sector de Santo, dentro del distrito de Croix-des-Bouquets, cuando organizaciones armadas emboscaron un convoy de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), respaldada por la Organización de las Naciones Unidas. En ese ataque desaparecieron cuatro aerotécnicos centroamericanos, lo que llevó a Nayib Bukele a ordenar el envío de más de 2 000 soldados salvadoreños, con vehículos blindados y soporte aéreo, que hoy continúan la búsqueda de esos militares y la ofensiva contra las facciones delictivas.
“Bukele, Haití le pertenece”: las consignas de los manifestantes
En Jérémie, las movilizaciones incorporaron cánticos y danzas al ritmo de las bandas de Rara, con consignas en creol que pedían: “Llamen a Bukele por mí, me estoy muriendo”, reflejando la percepción de que, si las tropas se retiran, la población quedará nuevamente a merced de las bandas. En la capital, pancartas con mensajes como “Bukele, el pueblo haitiano le estará agradecido” y consignas del tipo “Cuando ven a Bukele, se asustan” evidencian un respaldo popular directo a la figura del presidente salvadoreño, asociado por muchos haitianos con la promesa de erradicar a los líderes pandilleros que han destruido sus comunidades.
Críticas de partidos de izquierda y ONG’s al intervencionismo
Mientras la calle celebra la ofensiva, diversos partidos de izquierda y varias ONG’s han criticado la operación, acusando a Nayib Bukele de intervencionismo y poniendo en cuestión la legalidad y proporcionalidad del despliegue bélico extranjero. Esas organizaciones, que se reivindican defensoras de los derechos humanos, advierten sobre el riesgo de que la lucha contra el crimen derive en abusos y vulneraciones de garantías básicas. El contraste entre esas objeciones y el apoyo visible en Puerto Príncipe, Jérémie y Belladère subraya la fractura entre los discursos internacionales y la urgencia de una sociedad haitiana asfixiada por el crimen organizado.
Una población atrapada entre la violencia de las bandas y la dependencia militar externa
Las manifestaciones muestran hasta qué punto el colapso institucional y el dominio de las bandas armadas han llevado a muchos haitianos a depositar sus esperanzas en una fuerza militar extranjera. Sin embargo, la continuidad de la misión salvadoreña, la búsqueda de los cuatro militares desaparecidos desde mediados de octubre y el papel de la Organización de las Naciones Unidas en la coordinación de la seguridad seguirán siendo puntos críticos. El desenlace de esta intervención marcará si Haití avanza hacia una recuperación de su seguridad o queda aún más dependiente de soluciones armadas externas.