Despedida de Guterres: poder desbordado y derecho internacional ignorado
António Guterres, al frente de la Organización de las Naciones Unidas desde 2017, utilizó su despedida para trazar un balance severo de la última década. Describió cómo las “grietas” se han convertido en “abismos”, con guerras prolongadas, civiles atacados y derechos humanos pisoteados, según su diagnóstico ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Denunció que el derecho internacional ha sido “ignorado”, que las divisiones geopolíticas se han profundizado y que las desigualdades se han intensificado, vinculando estos fenómenos a una “historia del poder”: quién lo tiene, a quién se le niega y cómo se usa. Guterres identificó tres transformaciones clave: la aparición de nuevos centros de influencia económica, política y tecnológica entre Estados; el traslado de poder a un reducido grupo de corporaciones e individuos con capacidad para influir en la política, la economía y los flujos de información; y una cesión creciente de decisiones humanas a las máquinas mediante agentes artificiales descontrolados y armas autónomas.
Inteligencia artificial y “robots asesinos” en el centro del debate
En un contexto marcado por el avance tecnológico, Guterres situó la inteligencia artificial entre los asuntos determinantes del momento y defendió que “la inteligencia artificial debe ser moldeada por la humanidad, con la humanidad y para toda la humanidad”. Subrayó que “los robots asesinos no tienen lugar en nuestro futuro” y pidió “condiciones para el desarrollo responsable” de esta tecnología. El secretario general reclamó un marco multilateral de gestión de riesgos de la IA respaldado por una supervisión “creíble e independiente”, además de salvaguardias adicionales para contener sus peligros. Insistió en que ningún país debe quedar atrás en esta transformación y en que los Estados no pueden delegar las decisiones estratégicas en sistemas opacos ni en pequeñas armas autónomas que pasan, advirtió, de la ciencia ficción al terreno militar real. La advertencia encaja con su crítica más amplia a la cesión de poder a empresas tecnológicas y actores privados sin control democrático.
Multipolaridad en red frente a la lógica de bloques rivales
En su propuesta geopolítica, Guterres defendió la idea de una “multipolaridad en red”: un “mundo construido sobre la interdependencia y sostenido por una densa red de conexiones económicas, políticas, sociales y tecnológicas”. A su juicio, se trata de un orden donde “numerosos centros de influencia” coexisten bajo un marco común de derecho internacional y normas compartidas. El secretario general alertó contra lo que ha denominado en otras ocasiones “la gran fractura”, esto es, la división del planeta en dos bloques rivales que segreguen sistemas económicos, tecnológicos y de seguridad. “Debemos evitarlas”, reclamó, porque “ninguna potencia puede resolver los desafíos actuales por sí sola”. Esta visión choca con la dinámica de confrontación entre grandes potencias y con la fragmentación institucional que ha lastrado la capacidad de la Organización de las Naciones Unidas para responder a las guerras en curso y a la crisis climática.
Palestina, asentamientos en Cisjordania y la autoridad de la Corte Internacional de Justicia
Guterres obtuvo el primer aplauso de la sala al referirse a la “devastadora situación en el territorio palestino ocupado”. Recordó los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre y subrayó que la ofensiva posterior contra los palestinos en Gaza ha tenido, según su experiencia al frente de Naciones Unidas, una magnitud de destrucción y muertes sin precedentes. Reafirmó la autoridad de la Corte Internacional de Justicia, cuya labor está bajo presión, y exigió que todas las partes respeten tanto el derecho internacional como sus órdenes. Señaló que la violencia, el desplazamiento y la expansión de los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada “agita el fantasma de la limpieza étnica” y “arrasando el camino hacia la paz”. Advirtió de que la solución de dos Estados no puede “desaparecer ante nuestros ojos”, ligando el estancamiento del conflicto a la degradación del sistema multilateral que la Asamblea General de la ONU pretende sostener.
Una Asamblea General masiva y la carrera por su sucesión
El inicio de la 81 Asamblea General de la ONU concentra este año una participación excepcional: según datos citados por *The New York Times* y difundidos por el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, acuden 71 jefes de Estado, 45 líderes de Gobierno, 11 vicepresidentes y un príncipe, además de 166 actos relacionados y más de 1 500 solicitudes de reuniones bilaterales. Este despliegue coincide con la apertura de la carrera para reemplazar a Guterres al frente de la Organización de las Naciones Unidas a partir del 1 de enero. De los siete aspirantes en liza tras la retirada de Michelle Bachelet, las mejor posicionadas son la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, aunque diplomáticos citados en la prensa apuntan a que Estados Unidos aún no ha mostrado sus cartas y podrían surgir más nombres. La intensa agenda de encuentros formales y discretos en Nueva York puede ser decisiva para desbloquear apoyos y vetos en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Trump, Irán, el Estrecho de Ormuz y la presión sobre los medios
La sesión también está marcada por la presencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que prepara un discurso en la Asamblea General de la ONU en el que, según la información disponible, defenderá su decisión de lanzarse a la guerra contra Irán y reiterará su objetivo de impedir que la República Islámica acceda a armas atómicas. Antes de su intervención, el mandatario bromeó ante la prensa sobre el veto de la Casa Blanca a CNN, MS Now y Politico, una medida que choca con la protección a la libertad de prensa de la Primera Enmienda, al afirmar: “me sorprende que esté aquí la CNN cubriendo mi discurso” y “no deberías estar aquí. No deberías cubrirme”. En paralelo, el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, se declaró dispuesto a reunirse con enviados de Irán que acudan a Nueva York para abordar la tensión en el Estrecho de Ormuz, un corredor clave para el tráfico mundial de petróleo. Entre discursos, vetos mediáticos y contactos discretos, la Asamblea General de las Naciones Unidas vuelve a escenificar los límites y posibilidades del multilateralismo en un sistema internacional en plena reconfiguración.