Un laboratorio natural en el fin del mundo cretácico
La investigación, liderada por paleontólogos de la Universidad de Calgary en conjunto con especialistas del Museo de Historia Natural de la Prefectura de Okayama y el Museo Argentino de Ciencias Naturales, se centró en la microestructura de las cáscaras recuperadas en la Formación Chorrillo. Mediante microscopía electrónica de barrido y microtomografía computarizada, el equipo midió un espesor promedio de entre 1,05 y 1,48 milímetros y detectó una densidad de poros inusualmente alta. De acuerdo con el artículo publicado en Royal Society Open Science, esa combinación de espesor y porosidad indica que los huevos estaban adaptados a entornos muy húmedos y con menor disponibilidad de oxígeno, condiciones incompatibles con una incubación al aire libre prolongada en latitudes tan australes.
Nidos enterrados y calor generado por la descomposición
A partir de los datos físicos de las cáscaras, los investigadores concluyeron que los titanosaurios de la Formación Chorrillo incubaban sus huevos en nidos cubiertos por sustrato y materia orgánica, aprovechando el calor generado por la descomposición de la vegetación y por el propio suelo. El informe técnico del estudio sostiene que la alta porosidad habría provocado una deshidratación rápida si los huevos hubieran permanecido expuestos a la atmósfera del Cretácico. Este sistema de incubación, basado en el enterramiento de las puestas, se asemeja al comportamiento reproductivo de los cocodrilos actuales y de ciertas aves megapódidas, que también delegan el aporte de calor en el ambiente en lugar de incubar mediante contacto directo con el cuerpo del adulto.
Gigantes que protegían a sus crías bajo tierra
Los restos analizados se vinculan con titanosaurios adultos que alcanzaban longitudes estimadas de hasta 25 metros y masas de varias decenas de toneladas, un gigantismo que condicionaba su manera de reproducirse. El volumen calculado para los huevos, de alrededor de cuatro litros de contenido, sugiere crías que emergían con un peso cercano a los cuatro kilogramos, extremadamente pequeñas frente a sus progenitores. Según el trabajo en Royal Society Open Science, enterrar los nidos bajo capas de sedimento y hojas no solo favorecía la incubación en ambientes templados a fríos, sino que también reducía el riesgo de que los adultos destruyeran accidentalmente las puestas al intentar cubrirlas con su propio cuerpo, una estrategia inviable para animales de ese tamaño.
El registro de nidificación más austral y sus implicaciones
El estudio sitúa a la Formación Chorrillo como el registro de nidificación de titanosaurios más austral conocido hasta ahora, ampliando de manera significativa la geografía documentada de reproducción de estos grandes saurópodos. De acuerdo con los autores, la presencia de nidos funcionales en una región cercana al polo sur demuestra que los titanosaurios tenían la capacidad de colonizar y reproducirse con éxito en ecosistemas de latitudes altas y climas templados a fríos, y no solo en ambientes tropicales o de altas temperaturas. Este hallazgo obliga a matizar las visiones simplificadas sobre la biología de estos herbívoros gigantes, al mostrar que su éxito evolutivo también se apoyó en estrategias reproductivas ajustadas con precisión a las condiciones extremas del sur de la Patagonia durante el Cretácico Superior.