Un monstruo cósmico en pañales: así es la estrella de agujero negro
En 2024, astrónomos que analizaban observaciones del Telescopio Espacial James Webb detectaron cientos de puntos rojos en el universo temprano que parecían cuásares jóvenes. Pero uno de ellos, catalogado como MoM-BH*-1, era tan extremo que no encajaba en ninguna categoría conocida: extremadamente rojo, descomunalmente luminoso y con un espectro dominado por hidrógeno y helio, sin rastro de metales. El equipo describió una ruptura de Balmer tan intensa que se considera la ruptura más profunda jamás observada, señal de una atmósfera estelar extraordinariamente densa que absorbe la luz por debajo de ciertas longitudes de onda.
MoM-BH*-1: entre estrella y agujero negro
Para explicar las propiedades de MoM-BH*-1, los astrónomos recurrieron a simulaciones por computadora. La única solución viable era una fuente de energía extrema envuelta en un capullo compacto de hidrógeno: un agujero negro masivo de unas 100 masas solares rodeado por gas del tamaño del sistema solar. Este híbrido, de tamaño estelar pero con energía comparable a un agujero negro activo, se ajusta al concepto teórico de estrella de agujero negro. El objeto emite mucha más energía de la que permitiría la fusión nuclear en una estrella convencional, lo que apunta a la acreción de materia sobre el agujero negro central como motor del fenómeno.
Del problema del plástico a la galleta espacial µBites
Mientras el cosmos ofrece nuevos enigmas, en la Tierra investigadores de la Universidad del Sur de Illinois proponen una solución radical al PET de las botellas: convertirlo en comida. El equipo de Lahiru Jayakody presentó ante la Sociedad Química Estadounidense un proceso que descompone el tereftalato de polietileno mediante agua y oxígeno a alta temperatura y presión, para después alimentar con esos fragmentos a levaduras programadas. Estas levaduras transforman los restos de plástico en proteínas, grasas y ácidos, base de una masa a la que se añaden fibra, almidón y edulcorante antes de pasar por una impresora 3D que da forma a pequeñas galletas llamadas µBites (microbocados).
Cantos de ballena y relatividad, mosquitos exquisitos y aguacates que cambian de sexo
En el océano, el oceanógrafo John Spiesberger, investigador visitante de la Universidad de Pensilvania, mostró que el seguimiento acústico de ballenas puede imitar efectos de la teoría especial de la relatividad. Sus modelos, publicados en la revista Physical Review E, indican que la interferencia entre la llamada directa y su eco puede hacer que el pico de la señal parezca viajar más rápido que el sonido, sin violar la relatividad porque la información no supera ese límite. En tierra firme, un estudio de Matthew DeGennaro en la Universidad Internacional de Florida, divulgado en la revista iScience, expuso a tres especies de mosquitos a 119 voluntarios humanos. Aedes aegypt prefirió picar a hombres, Aedes albopictus se sintió atraído por compuestos similares a los de las plantas, mientras que Culex quinquefasciatus se guió por el microbioma de la piel. La conclusión es incómoda: cada especie de mosquito interpreta de forma distinta el olor humano, lo que complica cualquier solución universal.
Genética del aguacate y microvehículos impulsados por sonido
En la agricultura, científicos de la Universidad de California en Davis identificaron en las flores de aguacate un gen clave, SDMYB, asociado al patrón de apertura masculina o femenina a distintas horas del día, según publicaron en las actas de la National Academy of Sciences. Los árboles de tipo A poseen una copia dominante y una recesiva, mientras que los de tipo B tienen dos copias recesivas, lo que permite predecir el comportamiento de floración sin esperar una década a que el árbol madure. En paralelo, investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana demostraron en la revista Science Advances que la resonancia de Helmholtz puede convertirse en motor: integrando cavidades impresas en 3D, diseñaron barcos en miniatura y microvoladores que se desplazan cuando ondas sonoras excitan el aire atrapado y generan empuje dirigido.
Refrigeración que se alimenta de calor residual
El cierre de este conjunto de investigaciones llega con la promesa de una refrigeración sin compresores eléctricos. Un equipo internacional describió en la revista Nature Energy un sistema elastocalórico basado en aleaciones con memoria de forma de níquel-titanio. Dos películas ultrafinas acopladas permiten convertir calor en trabajo mecánico sin motor: la primera se contrae al calentarse, y la segunda usa esa fuerza para cambiar de fase cristalina y generar frío. Este enfoque permitiría aprovechar calor residual y energía solar para enfriar procesadores o componentes electrónicos sensibles, reduciendo el consumo eléctrico y la dependencia de gases refrigerantes. El desafío ahora es escalar estas películas hasta convertirlas en dispositivos comerciales capaces de competir con el ciclo de Carnot en la vida cotidiana.