Miércoles 4 Noviembre 2026
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México: Enrique Díaz Álvarez desnuda la política de la crueldad y reclama una ética de lo intolerable

Enrique Díaz Álvarez, filósofo mexicano nacido en 1976 y profesor de Pensamiento Político Contemporáneo en la Universidad Nacional Autónoma de México, lanza en 2026 su ensayo Lo intolerable: repulsión, vergüenza y responsabilidad colectiva ante la crueldad contemporánea (Anagrama), presentado durante el Hay Festival celebrado del 4 al 6 de septiembre en Querétaro, México, donde examina la violencia ejercida sobre migrantes por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) y otros escenarios de crueldad política.

Agente de ICE detiene a una mujer inmigrante en Nueva York, ejemplo de la política de la crueldad.
Una mujer implora a agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) que no la detengan porque dejó a su hijo de 15 años en casa, durante un operativo en Nueva York el 4 de junio de 2025, una escena que ilustra la política de la crueldad analizada por Enrique Díaz Álvarez. (Foto: Getty Images)
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Un libro que nace de la violencia visible

El punto de partida de la obra es una escena extrema: un hombre convulsiona dentro de un auto mientras abraza a su bebé y una mano del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) lo sujeta por el cuello. Para Díaz Álvarez, esa imagen sintetiza una época en la que la represión deja de ocultarse y se exhibe sin pudor. El autor sostiene que existe una “política de la crueldad” que ya no intenta disimular el abuso de poder sobre cuerpos vulnerables, sino que los muestra para desensibilizar a la sociedad. Ese clima, advierte, se alimenta con ejemplos que van desde las políticas migratorias de Donald Trump en Estados Unidos hasta el genocidio en Gaza, todos ellos casos en los que el sufrimiento se vuelve un espectáculo normalizado.

De la tolerancia clásica a una ética de lo intolerable

Díaz Álvarez, doctor en filosofía por la Universidad de Barcelona y ganador del Premio Anagrama de Ensayo en 2021 por La palabra que aparece, cuestiona que la tolerancia, tal como la formularon Voltaire y John Locke en los siglos XVII y XVIII, alcance para enfrentar a lo que él llama “fanáticos de lo propio”. A su juicio, la clave está en formular una ética de lo intolerable: comprender que ciertas humillaciones y violencias estatales –como detener a un niño migrante de 5 años– dañan al conjunto del cuerpo social. El autor invita a “pensar con todo el cuerpo”, retomando a la filósofa María Zambrano y su llamada a pensar desde las entrañas, para que la repulsión, la vergüenza y la indignación dejen de verse como debilidades y se conviertan en motores de responsabilidad colectiva frente al abuso de poder.

Foucault, Arendt y la batalla por la percepción

El ensayo recupera la noción de microfísica del poder de Michel Foucault, quien tras observar la represión en Francia en 1968 colocó al cuerpo en el centro de su análisis. Díaz Álvarez propone trasladar esa mirada a los centros de detención de migrantes, preguntando qué comen, cómo duermen y qué cuidados médicos reciben. Al mismo tiempo, recurre a Hannah Arendt para distinguir entre culpa individual y responsabilidad colectiva. No se trata solo de quien ejecuta la violencia, sino de quienes permiten que se ejerza “en su nombre”. El filósofo cita como ejemplo positivo las movilizaciones en Minneapolis, Minnesota, donde vecinos salieron a defender a migrantes detenidos, impulsados –dice– por la vergüenza y la conciencia de que esos trabajadores sostienen la ciudad. En esa línea, el libro sitúa al lenguaje, al periodismo de investigación y a las prácticas artísticas como trincheras para desactivar discursos xenófobos y racistas que presentan al migrante como amenaza.

Tecnología, datos y la ampliación del umbral de tolerancia

Otro eje central del análisis es la transformación del poder en una era dominada por oligarcas tecnológicos, en la que los Estados ya no son los únicos actores capaces de vigilar y castigar. Díaz Álvarez alerta sobre cómo las personas “devienen en datos” y ceden de forma acrítica su privacidad, alimentando algoritmos que las encierran en burbujas de eco. Retomando a Foucault, advierte que la transparencia total es una trampa: ahora la ciudadanía se expone voluntariamente, lo que facilita nuevas formas de control. A esto se suma la acumulación constante de imágenes en redes sociales, donde un delfín haciendo piruetas en el Caribe puede ir seguido de una fotografía brutal de violencia sin transición. Esa sucesión, según el autor, amplía el umbral de tolerancia hasta la indolencia, dificultando que la sociedad conserve la capacidad de indignarse ante la crueldad.

Latinoamérica ante la deriva autoritaria

El académico advierte que América Latina no es ajena a la política de la crueldad y a la ola neofascista que identifica en distintas regiones. Cita casos como los ataques a universidades públicas en países como Argentina, donde instituciones de educación superior representan espacios clave para el pensamiento crítico, la sensibilidad social y la formación de una vergüenza compartida frente al abuso. Para Díaz Álvarez, el problema no se limita a figuras como Donald Trump o Benjamin Netanyahu, sino a los millones de votantes que respaldan esos proyectos. En su diagnóstico, la izquierda carece de una narrativa y de políticas públicas capaces de reconectar con ese electorado, mientras la extrema derecha capitaliza emociones como el miedo, el resentimiento y la nostalgia. Frente a ello, el autor apuesta por reactivar afectos como la fraternidad, la indignación y la vergüenza como herramientas políticas que vinculan con el dolor ajeno y pueden frenar la normalización de la crueldad.

Testimonio, arte y periodismo lento como formas de resistencia

Lejos de quedarse en la denuncia, Díaz Álvarez subraya la centralidad del testimonio de las víctimas como último recurso de quienes solo disponen de su palabra. Plantea que buena parte de la disputa política actual se libra en el campo de la percepción, por lo que recurrir a historias concretas, fotografías, cine y lenguajes audiovisuales resulta crucial para contrarrestar narrativas que criminalizan la migración. Defiende el periodismo de investigación “a fuego lento” y la docencia universitaria como espacios capaces de generar relatos alternativos frente a la lógica de consumo informativo de 40 segundos en redes sociales. Desde Querétaro, el autor sostiene que no hay salida individual a la política de la crueldad: el siguiente paso, afirma, pasa por construir comunidades dispuestas a decir “no maltraten al migrante en mi nombre, con mis impuestos” y a convertir la vergüenza y la repulsión en una agenda ética y política compartida.