Lunes 28 Septiembre 2026
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Honduras: El Niño extrema la sequía en el Corredor Seco y empuja a millones al hambre en Centroamérica

Más de 70 000 de los 73 000 hogares que sembraron maíz en el ciclo de primera de 2026 en Guatemala, Honduras y El Salvador reportaron pérdidas, y el 78,6 % perdió entre el 75 % y el 100 % de su cosecha, según un informe de Oxfam y Acción contra el Hambre. El fenómeno de El Niño, que el Servicio Meteorológico de Reino Unido considera el más intenso desde 1900 bajo una de sus métricas, ha profundizado la sequía en el Corredor Seco de Centroamérica y amenaza la seguridad alimentaria de millones de personas.

Juan Estanislao Muñoz, agricultor hondureño, en su casa afectada por la sequía del Corredor Seco.
El agricultor hondureño Juan Estanislao Muñoz, de 61 años, posa en el interior de su vivienda rural en Choluteca, una de las zonas del Corredor Seco centroamericano más castigadas por la sequía asociada a El Niño, que ha arrasado sus cosechas de maíz y dejado sin agua al ganado. (Foto: Gentileza WFP)
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Un corredor de pobreza extrema frente al evento de El Niño más intenso en más de un siglo

El Corredor Seco centroamericano, que atraviesa zonas de Guatemala, Honduras y El Salvador, además de partes de Nicaragua y Costa Rica, concentra a más de 10 millones de habitantes, la mayoría rurales y en pobreza. Allí, la agricultura de subsistencia de maíz y frijol sostiene la dieta y el ingreso básico de miles de comunidades. Este año, la combinación de El Niño con el cambio climático ha dejado campos agrietados, ríos convertidos en lechos de piedra y ganado famélico. De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, solo en Honduras la población con inseguridad alimentaria podría pasar de 1,4 millones a 1,9 millones de personas, lo que implica medio millón de hogares adicionales con dificultades para acceder a alimentos.

Historias de una sequía que vacía pozos, silos y mesas

En la comunidad de las Chácaras, en el departamento de Choluteca, en el sur de Honduras, el agricultor Juan Estanislao Muñoz resume el desastre: afirma que en sus 61 años “nunca” vio una sequía igual y que este año no hubo primera cosecha. La tierra está limpia para sembrar, pero si no llueve “no va a haber nada de maíz”. Su única vaca, relata, ya no tiene pasto y come “tierrita y hojas”, mientras el ganado del vecindario, según denuncia, “se está muriendo de sed y de hambre”. Casos similares se multiplican en San Lorenzo, en el departamento de Valle, donde campesinos como Darwin Cruz han vendido parte de sus vacas lecheras para sobrevivir, y en aldeas como Los Piches, donde las mazorcas de maíz ni siquiera llegaron a llenarse. En Guatemala y El Salvador, líderes comunitarias como Elvira Pasá y María del Carmen Portillo advierten que “todas las cosechas de maíz se van a perder” y que los reservorios de agua que antes servían para criar tilapias hoy se reservan solo para el consumo humano básico.

Ayuda de emergencia insuficiente ante un pico de hambre regional

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU inició desde marzo “acciones anticipatorias” en coordinación con gobiernos de Centroamérica. Más de 400 000 personas en el Corredor Seco recibieron transferencias en efectivo de unos 150 dólares mensuales y sacos de alimentos para evitar decisiones desesperadas como vender el ganado o dejar de comer. Ahora, cuando la fase crítica de la sequía está instalada, la agencia asiste con dinero en efectivo a más de 470 000 personas afectadas en Centroamérica. La directora regional del Programa Mundial de Alimentos de la ONU para América Latina, Lena Savelli, describió ríos convertidos en caminos de polvo y familias que perdieron casi toda su producción de maíz y frijol. La agencia calcula que 4,2 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria en América Central, al menos 16 millones en América Latina y el Caribe y que, a escala global, el número de personas en inseguridad alimentaria aguda puede subir de 225 millones a 274 millones debido a El Niño.

Una crisis que desborda la agricultura y debilita servicios básicos

El informe de Oxfam y Acción contra el Hambre muestra que la sequía actual no solo arrasa cosechas, sino que impacta de forma simultánea en salud, educación y migración. En municipios de Honduras como Lempira se reporta que los centros de salud carecen de medicinas, la merienda escolar no llega desde hace dos años y muchas familias arrastran deudas por los fertilizantes usados en siembras perdidas. El retorno de migrantes deportados o sin ahorros incrementa la presión sobre recursos ya escasos, mientras que las reservas de granos básicos se agotaron y las remesas se interrumpieron. Esa cadena —pérdida de cosechas, endeudamiento, caída de remesas y debilitamiento de los servicios públicos—, documentada en más de 300 comunidades evaluadas, configura una emergencia estructural que trasciende el ciclo agrícola de 2026.

Entre la respuesta inmediata y la urgencia de fortalecer la resiliencia

Los gobiernos de la región han puesto en marcha programas de emergencia, como la distribución de alimentos y créditos blandos para pequeños agricultores, mientras que en El Salvador se entregan “kits agrícolas” con semillas de maíz más tolerantes a la sequía en colaboración con la FAO. Sin embargo, la lectura de organismos como el Programa Mundial de Alimentos de la ONU es que El Niño “ya no puede verse como un fenómeno aislado”, porque las lluvias son cada vez más impredecibles y las temporadas agrícolas han dejado de comportarse como antes. Para evitar que cada episodio derive en catástrofe, Savelli subraya la necesidad de invertir en sistemas de alerta temprana, gestión de recursos hídricos y protección social, de modo que las familias estén mejor preparadas ante sequías e inundaciones. El organismo prevé que los efectos de este evento seguirán sintiéndose con mayor dureza entre noviembre y diciembre y se extenderán bien entrado 2027, por lo que la región se juega en los próximos meses no solo la próxima cosecha, sino su capacidad de adaptarse a un clima cada vez más extremo.