Sábado 3 Octubre 2026
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Internacional: EE.UU. evalúa arriesgada incursión para retirar el uranio enriquecido de Irán

La combinación de uranio enriquecido al 60 %, unos 24.000 millones de dólares en fondos iraníes congelados y la posible movilización de miles de soldados sitúa a Estados Unidos e Irán ante uno de los escenarios más delicados de las últimas décadas: Washington evalúa una incursión militar para retirar físicamente las reservas de material nuclear de alto grado en territorio iraní, una operación que expertos califican como potencialmente "la más sofisticada de la historia militar".

EE.UU. estudia una operación para retirar uranio enriquecido de instalaciones nucleares fortificadas en Irán.
Un contingente de fuerzas estadounidenses se perfila como pieza central de una posible operación para incautar uranio enriquecido en instalaciones nucleares fortificadas en Irán. El plan, descrito por analistas como una de las maniobras militares más sofisticadas y complejas de la historia reciente, implicaría miles de efectivos, dominio del espacio aéreo y la extracción segura de material radiactivo desde sitios como Fordo e Isfahán.
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Un plan quirúrgico para extraer uranio de Fordo e Isfahán

De acuerdo con el New York Post, que cita a fuentes familiarizadas con los planes, la opción sobre la mesa no se limita a ataques aéreos, sino a la entrada de tropas en instalaciones ultrafortificadas como Fordo e Isfahán. El objetivo central sería incautar el uranio enriquecido, gran parte de él al 60 %, antes de que pueda escalarse hacia el 90 % necesario para un arma nuclear. Según The High Side, en el corazón del esquema estaría un contingente de infantería de miles de efectivos para asegurar un amplio perímetro, despejar accesos sembrados de trampas explosivas y mantener una ruta de convoy hasta una pista de aterrizaje desde la cual evacuar el material.

Sobre ese andamiaje de infantería se apoyaría un reducido grupo de operadores especiales, potencialmente integrado por el Escuadrón Plateado del SEAL Team 6, el 2.º Batallón de Rangers y la 21.ª Compañía de Municiones del Ejército. Estos últimos serían los responsables directos de manipular, contener y sacar el uranio desde los complejos dañados de Fordo e Isfahán. La operación exigiría, además, el control total del espacio aéreo y de un corredor seguro de entrada y salida para aeronaves de transporte, mientras las fuerzas terrestres se exponen a la respuesta de unidades iraníes regulares y milicias aliadas.

Operación "logísticamente pesada" y sin factor sorpresa

Joseph Rodgers, director adjunto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, no minimiza el calibre del proyecto. En sus palabras, "esta sería una de las operaciones más sofisticadas de la historia militar, si no la que más" y, al mismo tiempo, "sería una operación logísticamente pesada y difícil en un entorno disputado". El propio diseño contempla avances sobre infraestructuras ya defendidas por Irán, con túneles reforzados y campos de minas. CNN ha reportado que Teherán endureció la planta de Isfahán colocando trampas explosivas y desplegando fuerzas perimetrales, lo que reduce al mínimo cualquier margen de sorpresa que hubiera podido tener Washington.

La presencia de minas en los accesos subterráneos obliga a pensar en cuadrillas de ingenieros y construcción abriendo brechas en tiempo real, bajo amenaza de fuego enemigo. Rodgers sostiene que, pese a que la capacidad militar iraní se considera hoy debilitada frente a años previos, continúa siendo más sofisticada que la de otros adversarios recientes de Estados Unidos. Eso se traduciría en defensa aérea más organizada, artillería de largo alcance y contingentes capaces de hostigar rutas de convoy, con impactos directos sobre la viabilidad de mantener el puente logístico que exige sacar el material radiactivo fuera del país.

Goldberg alerta sobre tiempos, extracción de tropas y nuevos objetivos

Richard Goldberg, exdirector para la lucha contra armas de destrucción masiva de Irán en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, advierte que el desafío no es solo entrar, sino sostener la presencia lo suficiente para completar la extracción y lograr que toda la fuerza salga viva. Se pregunta explícitamente "¿cuánto tiempo se puede sostener eso y aún así poder extraer a todas las fuerzas?", poniendo el foco en el coste humano y político de un fracaso parcial. Sus reservas se agravan por la dinámica cambiante del programa nuclear iraní: el traslado de cientos de centrifugadoras desde Natanz a la montaña Pickaxe convierte ese enclave subterráneo en otro posible blanco, más profundo y complejo.

Goldberg compara una eventual operación en Pickaxe con la incursión planteada en su día para secuestrar a Nicolás Maduro en Caracas, porque se trataría de una misión de infiltración, colocación de explosivos y retirada rápida: "porque se infiltra, se colocan explosivos y se sale". Sin embargo, trasladar ese modelo a un entorno que custodia uranio enriquecido multiplica los riesgos radiológicos y de dispersión de material. Si se suma la necesidad de blindar un corredor aéreo, proteger convoyes terrestres y garantizar la seguridad de especialistas nucleares, la maniobra se vuelve un puzle donde cada minuto dentro del territorio iraní aumenta la exposición a ataques de respuesta.

El nudo político: uranio al 60 %, sanciones y 24.000 millones de dólares

La dimensión militar del plan es inseparable del bloqueo político. Washington exige a Teherán la eliminación completa de su uranio enriquecido como condición previa al menor alivio económico. El argumento estadounidense es que el actual nivel de enriquecimiento —con la mayor parte del material en torno al 60 %— se encuentra peligrosamente cerca del 90 % requerido para un arma nuclear. Por ello, plantea que ese uranio debe desaparecer físicamente de Irán, ya sea enviado a Estados Unidos o destruido bajo supervisión internacional, antes de plantearse levantar sanciones.

Esa exigencia está directamente ligada a los recursos congelados: Estados Unidos deja claro que no devolverá los aproximadamente 24.000 millones de dólares retenidos ni relajará las restricciones financieras mientras existan reservas de uranio enriquecido en el país. Para Teherán, en cambio, el enriquecimiento es un derecho soberano ligado a su programa nuclear civil y la presión económica se percibe como un instrumento de coerción, no como un incentivo. La idea misma de una incursión militar para retirar uranio refuerza, a ojos iraníes, la narrativa de que Washington no busca acuerdos duraderos, sino imponer condiciones por la fuerza.

Irán denuncia doble rasero y recuerda el ataque del 28 de febrero

Del lado iraní, el mensaje es consistente: las autoridades insisten en que su programa tiene fines civiles y pacíficos y que el verdadero problema es la falta de confianza en Estados Unidos, al que acusan de violar compromisos previos y usar las negociaciones como mecanismo de gestión de crisis. Un ejemplo que Teherán esgrime es el ataque coordinado lanzado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra objetivos nucleares en la república islámica, mientras los canales diplomáticos seguían abiertos. Ese episodio alimenta la percepción de que el diálogo puede coexistir con acciones militares, lo que, para Irán, vacía de contenido las garantías ofrecidas por Washington.

En respuesta a esa dinámica, Irán ha ido blindando sus instalaciones estratégicas, como demuestra el refuerzo de Isfahán con minas, explosivos y fuerzas de seguridad perimetrales. Este endurecimiento no solo complica cualquier opción de asalto directo, sino que eleva el coste potencial para Estados Unidos en vidas y reputación internacional si la operación se percibe como una violación masiva de la soberanía iraní. Con el uranio al 60 %, el umbral del 90 % como línea roja y 24.000 millones de dólares en disputa, la discusión sobre la "operación más sofisticada de la historia" se sitúa en la delgada frontera entre presión militar calculada y un conflicto regional de consecuencias imprevisibles.