Desde que el «Safari Zoo» abrió sus puertas, nada ha estado bien, en los últimos 4 años de su operación más de 500 animales han muerto, muchos viven hacinados o sin las condiciones necesarias para una vida digna pero todo comenzó cuando el año pasado Sarah McClay, una cuidadora del zoológico, murió debido a que un tigre de Sumatra la atacó.
La familia de Sarah pidió que no se sacrificara al animal pero los responsables del zoológico decidieron acabar con la vida de este argumentando que ya tenía una edad avanzada, sin embargo, tiempo después se filtraron documentos en donde se especifica que tras una serie de incidentes ocurridos en septiembre de 2013 y septiembre de 2016, se giró la orden de matar al animal sin ninguna razón.

Pero la historia del tigre de Sumatra sólo se suma a una lista de acontecimientos de horror como un jaguar que terminó por comerse su propia pata a falta de alimento, 7 leones y 5 monos que fueron asesinados porque «no había lugar para ellos», un rinoceronte que fue atacado hasta la muerte por su pareja y nadie hizo algo por detener el suceso o la jirafa a la que le dispararon por haberse desmayado.
Animales enfermos, una evidente falta de conocimientos sobre cómo cubrir las necesidades más elementales de las criaturas a su cargo y una constante renovación de licencia que emana de la corrupción es la mezcla de sucesos que hacen temer a las protectoras animales que este lugar jamás cierre sus puertas, de ahí que hayan decidido alzar la voz para que el público se entere de la realidad que se vive ahí dentro.
