Raúl Castro como “líder supremo” y el límite biológico del castrismo
En una entrevista con BBC News Brasil, Jon Lee Anderson, reportero de la revista The New Yorker desde 1998 y biógrafo del Che Guevara, describe a Raúl Castro, de 95 años, como una especie de “líder supremo” de la isla, comparable en su rol a la autoridad religiosa y política en Irán. Aunque Miguel Díaz-Canel ocupa la presidencia, el periodista lo retrata como un dirigente apagado, un hombre del partido sin los plenos poderes que tuvieron Fidel Castro y su hermano. Según Anderson, mientras Raúl viva, sigue siendo quien arbitra las decisiones de fondo del régimen comunista. La muerte del histórico comandante, afirma, no solo significaría el fin biológico de una generación, sino también “el fin real de la era Castro”: desaparecería la última gran figura icónica de la Revolución Cubana, lo que abriría el campo para que “otros actores menores compitan por el poder” y forzaría al sistema a reconfigurarse.
Un país asfixiado: bloqueo, dependencia y negociaciones fallidas
Jon Lee Anderson sitúa esa eventual transición en un contexto de extrema vulnerabilidad interna. Recuerda que Cuba ya sobrevivió al Periodo Especial tras el colapso de la Unión Soviética y que luego el petróleo de Hugo Chávez permitió reconstruir parte de la infraestructura a cambio de médicos y asesores. Sin embargo, subraya que hoy la isla vive, a su juicio, la peor etapa de esa relación oscilante con su poderoso vecino del norte: un bloqueo explícito que busca “asfixiar” al país y que, según sus palabras, lleva nueve meses golpeando con dureza a la población. Anderson destaca que casi todos los alimentos, el combustible y buena parte del dinero que circula en Cuba dependen de Estados Unidos, ya sea por remesas familiares, importaciones que Washington autoriza o incluso por el petróleo que ingresa para emprendedores privados, sin posibilidad de ser compartido con el Estado. Esa arquitectura de presiones económicas, afirma, se diseña para debilitar al régimen y exhibirlo aún más frágil ante su ciudadanía. En ese marco cita las conversaciones de un canal informal entre Washington y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl conocido como “El Cangrejo”. Según Anderson, este emisario intentó abrir una vía de negociación, incluso reuniéndose con el senador Marco Rubio, pero habría chocado con el rechazo de los sectores más duros, tanto del régimen cubano como de la comunidad cubanoestadounidense en Miami, lo que dejó el proceso estancado.
Trump, el Pentágono y la expansión de la presión militar en América Latina
Más allá del caso cubano, Jon Lee Anderson enmarca la situación de la isla en lo que define como un “momento perverso” para toda América Latina. Atribuye esa coyuntura a la “dinámica de un hombre que llegó a la Casa Blanca y puso su personalidad y sus intereses por encima de los de su país”, en referencia al presidente Donald Trump. En su visión, el estilo del mandatario está moldeando a líderes en todo el continente, incluidos dirigentes como Javier Milei, y alentando gobiernos que buscan la aprobación directa del inquilino de la Casa Blanca. El periodista cita el discurso de Trump en Naciones Unidas, donde el presidente afirmó que “si es necesario, Estados Unidos usará su incomparable poderío militar para garantizar los intereses nacionales en la región”, ejemplificando con la operación que terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Anderson considera que este marco discursivo se traduce en un riesgo concreto: “lo próximo que veremos será una acción militar directa de Estados Unidos en distintos países, supuestamente contra el narcotráfico”, un escenario que, advierte, amenaza el principio de soberanía entre las naciones y la idea de igualdad entre Estados. Para reforzar su diagnóstico, apunta a la influencia del Pentágono y menciona a Pete Hegseth, actual secretario de Defensa, como un actor especialmente agresivo.
Una región bajo tutela y una izquierda sin autocrítica
Según Jon Lee Anderson, la presión de Estados Unidos sobre Cuba es hoy mayor que en casi cualquier otro momento de su historia reciente. Señala que la isla está “bajo influencia” abierta de Washington, que puede combinar sanciones, control de flujos de dinero, operaciones militares y poder tecnológico. En términos más amplios, el periodista considera que varios gobiernos latinoamericanos han usado de forma oportunista su cercanía con Trump para obtener beneficios, al tiempo que se arriesgan a quedar marcados si caen en desgracia. “Que Dios los libre de caer del lado equivocado de Trump: podría hacer cualquier cosa para deshacerse de ellos”, afirma Anderson, antes de advertir que el presidente podría etiquetar a mandatarios como narcotraficantes o, a través de su aliado Elon Musk, destinar cientos de millones de dólares para influir en procesos electorales y manipular redes sociales y sistemas de telecomunicaciones. Pero el reportero no limita su crítica a la derecha. También se pregunta “qué le ocurrió a la izquierda” y responsabiliza a buena parte del progresismo latinoamericano por haber tolerado y ensalzado a dirigentes como Daniel Ortega, los Castro o Maduro, sin cuestionar con suficiente claridad sus abusos en libertades civiles y corrupción. A su juicio, esa falta de autocrítica impidió consolidar proyectos socialdemócratas sólidos, como los que en su opinión representaron, en distinto grado, Lula da Silva y Pepe Mujica, y dejó el terreno abonado para el avance de la extrema derecha populista articulada en torno al movimiento MAGA de Trump.
El día después de Raúl Castro y el vacío de liderazgo progresista
Con este telón de fondo, Jon Lee Anderson insiste en que la muerte de Raúl Castro será un punto de inflexión inevitable. Cuando desaparezca esa figura “extraordinaria, por vieja y debilitada que esté”, Cuba perderá su último referente revolucionario con autoridad indiscutida, y el castrismo quedará reducido a una marca sin rostro hegemónico. El periodista pronostica una disputa interna entre miembros de la familia, como el propio nieto Raulito o el hijo de Raúl, y sectores del aparato estatal, pero recalca que ninguno goza del peso simbólico de Fidel. Al mismo tiempo, prevé que Estados Unidos intentará aprovechar el vacío para reforzar su influencia sobre la isla. De cara al conjunto del continente, Anderson observa que no existe hoy una izquierda liberal democrática cohesionada ni en América Latina ni en Estados Unidos, mientras que la derecha sí se articula de manera clara alrededor de Trump. Ante la incógnita sobre eventuales sucesores demócratas —desde figuras como Gavin Newsom hasta liderazgos jóvenes como Alexandria Ocasio-Cortez—, el reportero concluye que se avecinan años intensos y preocupantes: Cuba encarará el final de la era Castro sin un proyecto progresista regional robusto que la acompañe y bajo la sombra de una potencia que, según su análisis, ha demostrado estar dispuesta a usar todas las herramientas a su alcance para defender sus intereses.