Un sistema eléctrico obsoleto y combustible que no llega
El Sistema Eléctrico Nacional de Cuba, operado por la empresa estatal Unión Eléctrica, ha registrado este año al menos siete colapsos generales, dejando amplias zonas del país a oscuras durante horas y, en ocasiones, días. Las viejas centrales termoeléctricas producen hoy solo una fracción de su capacidad, según datos citados por BBC News Mundo. Un estudio del Cuba Study Group atribuye el deterioro a recursos internos "insuficientes y mal priorizados", a una red tecnológicamente obsoleta y a una débil capacidad de ejecución de proyectos de mantenimiento y modernización. A este cuadro se suma la fuerte dependencia de combustibles fósiles importados: la escasez de petróleo se agravó tras un bloqueo energético de facto por parte de Estados Unidos, lo que redujo significativamente los envíos desde el exterior y dejó al país con menos margen para estabilizar la generación.
Transporte público en mínimos y trayectos que cuestan un cuarto del salario
En La Habana, la crisis energética se traduce en un sistema de buses prácticamente paralizado. Gustavo vive al este de la ciudad y trabaja en una galería de arte en el centro, separados por la Bahía de La Habana. Antes podía combinar rutas de guaguas por 2 pesos cubanos cada viaje; hoy depende del ciclobus, una de las pocas rutas que siguen operando, y de la suerte de encontrar vehículos particulares en la llamada "piquera". Estos autos informales cobran alrededor de 800 pesos cubanos por recorrido, es decir, cerca de una cuarta parte del salario mínimo mensual, según el testimonio recogido por BBC News Mundo. El resultado es una movilidad profundamente restringida: Gustavo camina largos tramos bajo el sol para reducir gastos, renuncia a salidas nocturnas por miedo a no poder regresar sin transporte público y, en ocasiones, simplemente deja de ir a trabajar porque pagar un taxi significaría sacrificar buena parte de sus ingresos.
Basura acumulada, quemas e incidencia sanitaria
La falta de combustible no solo ha reducido el número de buses; también ha afectado a los camiones recolectores de residuos. Gustavo describe una ciudad donde, según afirma, "en cada esquina de cuadra hay un vertedero" y algunos montículos de basura llegan a ocupar la calle completa. En La Habana Vieja, los camiones que antes pasaban semanalmente ahora, relata, pueden aparecer apenas una vez al mes, mientras que en su barrio directamente han dejado de hacerlo. Ante la ausencia de un servicio regular, muchos vecinos optan por quemar la basura, lo que provoca humo constante, riesgos de incendios involuntarios y daños colaterales en tanques y fachadas. Esta degradación ambiental se asocia, de acuerdo con los hechos recogidos por BBC News Mundo, con la reciente aparición de epidemias de virus transmitidos por mosquitos, favorecidas por los vertederos a cielo abierto y el agua estancada. La combinación de residuos, escombros sin recoger y falta de fumigación estructura una crisis sanitaria silenciosa que avanza al mismo ritmo que la energética.
Sin luz tampoco hay agua ni comunicaciones estables
Los cortes eléctricos masivos afectan además el sistema de bombeo de agua. Aunque haya energía en el barrio de Gustavo, si no la hay en las estaciones donde se encuentra el bombeo principal, el suministro se interrumpe por completo. En su caso, llegó a pasar más de una semana sin agua corriente, lo que obligó a su familia a depender de un tanque en la azotea, otro en el patio y alrededor de 20 tanquetas pequeñas para almacenar cada litro disponible. A medida que pasan los días sin reposición, priorizan el uso entre higiene, cocina y limpieza básica. En su antiguo trabajo, relata, el baño estuvo inoperativo durante meses por falta de agua. Los apagones, que Gustavo describe como rutinarios hasta el punto de que "lo normal es estar sin corriente", también implican perder señal de teléfono e internet durante horas. La inestabilidad convierte tareas elementales —como usar la lavadora, conservar alimentos o trabajar con una computadora— en actividades que solo pueden realizarse en la breve ventana en la que el servicio regresa, sin horarios previsibles ni calendarios oficiales públicos y confiables.
Frustración acumulada y desgaste emocional en una crisis prolongada
El impacto de la crisis energética se suma a una larga recesión económica interna, con salarios devaluados y alta inflación, y a una presión internacional creciente. Según el relato recogido por BBC News Mundo, Gustavo intenta sostener sus metas profesionales escribiendo sobre arte y trabajando en una galería, pero admite que la incertidumbre atraviesa todas sus decisiones. Cada apagón, explica, funciona como "un cubo de agua fría" que detiene súbitamente cualquier plan: se echa a perder la comida guardada, se frustra el descanso nocturno por el calor y se vuelve más peligroso transitar por barrios oscuros, en un contexto en el que percibe un aumento de la criminalidad cotidiana. La situación, sostiene, ha deteriorado el estado de ánimo colectivo: la imagen del cubano que se ríe de sus propias dificultades, dice, ya no encaja con vecinos irritables y agotados por la falta de respuestas estructurales. Mientras el Cuba Study Group insiste en la necesidad de inversiones profundas y mejor gestión para recomponer el sistema, la vida de millones de personas como Gustavo continúa marcada por la pregunta de cuántas horas habrá de luz, de agua y de transporte disponibles al día siguiente.