Sábado 3 Octubre 2026
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Argentina: Insultos de Milei a Lula desatan la peor crisis diplomática con Brasil en años

31.200 millones de dólares en comercio bilateral no han bastado para amortiguar el último estallido político entre el Gobierno de Argentina y el Gobierno de Brasil. Los insultos del presidente argentino Javier Milei a su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en São Paulo, donde lo llamó “corrupto” y “presidiario”, desembocaron el 28 de julio de 2026 en el peor choque diplomático entre ambos países en años.

Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei durante un encuentro previo en Buenos Aires.
Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei aparecen juntos en Buenos Aires en una imagen de archivo, antes de la escalada de cruces públicos que derivó en la llamada a consultas del embajador brasileño en Argentina y en el peor choque diplomático reciente entre ambos países. (Foto: Luciano González / Anadolu via Getty)
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Un acto de campaña en São Paulo dispara la reacción de Brasil

El sábado, Javier Milei viajó a São Paulo para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y desde el escenario atacó a Luiz Inácio Lula da Silva con calificativos como “corrupto” y “presidiario”. El mandatario argentino, que ya había privilegiado sus vínculos con la ultraderecha brasileña, evitó cualquier encuentro institucional con Lula en ese viaje. La Cancillería de Brasil reaccionó de inmediato: el Gobierno de Brasil llamó a consultas a su embajador en Argentina, Julio Bitelli, mientras el canciller Mauro Vieira calificó la conducta de Milei como “sumamente grave e inaceptable”. El ministro de Economía de Brasil, Dario Durigan, rompió la tradicional cautela diplomática de Brasilia al tildar de “payaso” a Milei en una entrevista, aunque dentro del Ejecutivo brasileño esa salida fue vista como un exceso y se dio la orden de bajar el tono para no agravar el conflicto.

Una enemistad que se arrastra desde la campaña de 2023

El deterioro no comenzó en este episodio. Según el propio relato de asesores de Milei, la tensión se remonta a la campaña presidencial argentina de 2023, cuando Luiz Inácio Lula da Silva advirtió durante una visita a Estados Unidos que en Argentina “peligraba la democracia”. Aunque el presidente brasileño no mencionó nombres, el entonces candidato libertario interpretó la frase como un ataque directo y como una toma de partido en favor de su rival Sergio Massa, al que se sumaron consultores que habían trabajado en la campaña de Lula. Desde entonces, Milei leyó cada gesto de Brasilia como intervención política y como continuidad de la histórica afinidad de Lula con el kirchnerismo. La toma de posesión de Milei en diciembre de 2024 consolidó la grieta: la Casa Rosada recibió con honores a Jair Bolsonaro, ya fuera del poder, mientras el Palacio de Planalto decidió que Lula no asistiría. Desde entonces, los mandatarios solo han coincidido brevemente en foros como el G20 o el Mercosur, limitados a incómodos apretones de manos para la foto.

Interdependencia económica pese a la hostilidad política

Pese a la escalada verbal, la relación material entre ambas economías se ha mantenido sólida. De acuerdo con los datos oficiales citados en la nota original, el comercio bilateral alcanzó el año pasado 31.200 millones de dólares, la cifra más alta en 13 años, con exportaciones brasileñas a Argentina que crecieron más del 30 %, impulsadas por la industria automotriz. Brasil sigue siendo el principal destino de las ventas externas argentinas, mientras Argentina compra una parte sustancial de los bienes industriales brasileños. Este entramado hace que, en palabras de los analistas, el divorcio económico sea impracticable: un vehículo ensamblado en la periferia de São Paulo puede incorporar motores fabricados en Córdoba. A la par, se mantienen la cooperación aduanera y la coordinación contra el crimen organizado, y el Gobierno de Argentina entregó sin objeciones a Brasilia la lista de simpatizantes bolsonaristas investigados por el intento de golpe de Estado que habían huido a Argentina.

Mercosur, Caracas y el tablero geopolítico regional

Las discrepancias entre ambos mandatarios se proyectan con fuerza en el Mercosur. Para Luiz Inácio Lula da Silva, el bloque que integran Brasil y Argentina junto con otros socios debe reforzarse para que Sudamérica tenga una voz propia en la escena internacional. Javier Milei, en cambio, lo describe como una estructura que limita su agenda de libre comercio, aunque las fricciones no impidieron sellar el acuerdo con la Unión Europea tras dos décadas de negociaciones. En el plano geopolítico, Brasil tuvo un gesto de respaldo cuando asumió la gestión de la embajada argentina en Caracas tras la expulsión de los diplomáticos argentinos por parte de Nicolás Maduro, un rol que se extendió hasta enero de 2026. Sin embargo, ese mismo mes el Gobierno de Brasil comunicó que dejaba de ejercer la representación, oficialmente por una reorganización técnica, decisión que coincidió con nuevos ataques de Milei en redes sociales, donde difundió un video celebrando la caída de Maduro y cerró el montaje con una imagen de Lula abrazando al líder venezolano, buscando asociarlo con el régimen de Caracas.

Tensión social, episodios de racismo y un frágil equilibrio

La ruptura no se limita a las cúpulas políticas. En Brasil, la percepción social sobre Argentina se ha resentido, alimentada por la rivalidad futbolística y por varios episodios de racismo atribuidos a turistas argentinos. Uno de los casos más notorios fue el de Agostina Páez, acusada de insultar a camareros negros en Río de Janeiro llamándolos “monos” e imitando sus gestos. Después de pasar dos meses en prisión preventiva y de portar una tobillera electrónica, regresó a Argentina, donde sectores de la extrema derecha la convirtieron en símbolo de una supuesta “dictadura woke”. La exministra de Seguridad de Milei, Patricia Bullrich, la recibió públicamente para expresarle apoyo, mientras el Gobierno de Brasil evitó politizar el caso. A casi tres años de desencuentros, la relación bilateral se sostiene en un frágil equilibrio: Javier Milei explota los ataques personales —“comunista”, “corrupto”, “ladrón”, “presidiario”— para galvanizar a sus bases, y Luiz Inácio Lula da Silva opta casi siempre por el silencio o por exigir disculpas institucionales a Argentina. Todo indica que la hostilidad personal persistirá, pero la profundidad de los lazos industriales, comerciales y estratégicos obliga a ambos gobiernos a mantener abiertos canales mínimos de diálogo y a diseñar, a medio plazo, mecanismos que blinden la cooperación de los vaivenes ideológicos.