Un relevo marcado por la polarización y el liderazgo personalista
La llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño, con el 49,6% de los votos frente al 48,7% obtenido por Iván Cepeda, supone el relevo de un gobierno de izquierdas por una nueva derecha que construyó su campaña en abierta confrontación con el petrismo. Pese a la derrota, Cepeda logró 12,7 millones de papeletas, la mayor votación progresista en la historia reciente de Colombia, impulsada en buena medida por el peso del presidente saliente. Expertos de la Universidad de Stanford y de la Universidad del Rosario destacan que Petro gobernó mediante un liderazgo fuerte y personalista, apoyado en redes sociales, que tensó su relación con el Congreso y erosionó las lógicas institucionalistas tradicionales de gobernar “para todos”. Ese estilo, sostienen, ha sido recogido en parte por De la Espriella y anticipa un ciclo político dominado por pulsos partidistas más que por consensos amplios.
La economía de la atención y la crisis con Estados Unidos
Uno de los rasgos distintivos del mandato fue el uso intensivo de X, Instagram y TikTok, donde Petro suma 14 millones de seguidores. Javier Mejía, profesor colombiano de Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford, resume que el mandatario “se comunicó de forma híperdirecta, maximizó la atención como un tuitero o youtuber” y que “el país estuvo cuatro años pendiente del X de Petro”. Esa exposición tuvo consecuencias concretas: el 26 de enero de 2025, a las 3:41 de la madrugada, el presidente anunció en X que desautorizaba la entrada de un avión estadounidense que repatriaba colombianos deportados, alegando que eran tratados como “delincuentes”. El mensaje desencadenó una crisis diplomática con el gobierno de Donald Trump y la amenaza de una guerra comercial que solo se contuvo tras horas de negociaciones entre funcionarios de ambos países. Para Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario, episodios como este evidencian cómo el intento de Petro de representar al “pueblo” frente a adversarios “supuestamente ilegítimos” generó resistencias agudas y empujó su discurso hacia formas de populismo que tensaron las instituciones.
Del conflicto armado a la justicia social: un cambio durable en la agenda
Más allá del estilo, analistas coinciden en que Petro alteró de forma duradera el foco del debate público. Según Basset, el país pasó de centrarse casi exclusivamente en el conflicto armado a incorporar con fuerza el medio ambiente y la justicia social, a través de sus grandes reformas en trabajo, pensiones y salud. El mandatario integró a su gobierno perfiles alejados del tradicional círculo de abogados y políticos bogotanos, dando espacio a ambientalistas, filósofos y antropólogos formados en otras instituciones. Para académicos de la Universidad de los Andes, esa nueva burocracia trasladó a la esfera del poder las demandas que habían emergido tras el Acuerdo de Paz de La Habana y el estallido social de 2021, cuando decenas de miles de personas reclamaron en las calles más igualdad de oportunidades y cambios en el modelo económico. En opinión de Mejía, Petro “estuvo en el momento correcto”, capitalizando un país que empezaba a pedir algo más que el fin de la guerra y demostrando que un gobierno de izquierdas podía ser viable electoralmente.
Una izquierda consolidada tras décadas de exterminio
El peso político que hoy conserva el Pacto Histórico contrasta con la historia de la izquierda colombiana, durante décadas estigmatizada y perseguida. En 2016, el Estado reconoció su responsabilidad en el “exterminio sistemático” de líderes progresistas en los años 80 y 90. La Jurisdicción Especial para la Paz ha documentado que más de 5 700 personas fueron asesinadas o desaparecidas en ataques contra el partido Unión Patriótica entre 1984 y 2016, con participación de paramilitares y agentes estatales. Petro, exintegrante del M-19, es visto por académicos como el “líder natural” que logró sobrevivir a esa época de exterminio y luego unificó y fortaleció a un sector históricamente fragmentado. Su triunfo en 2022 abrió la puerta para que, cuatro años después, el Pacto Histórico se convirtiera en la mayor fuerza legislativa del Congreso y Cepeda rozara la presidencia. Para sus seguidores, el presidente saliente deja como legado una izquierda organizada, con representación territorial y capacidad real de disputar el poder de nuevo en el próximo ciclo electoral.
Un rol opositor incierto: fraude, calle y choque con el nuevo gobierno
Tras el recuento que dio la victoria a Abelardo de la Espriella, Gustavo Petro se negó a reconocer su triunfo y ha denunciado fraude electoral sin presentar pruebas públicas que lo respalden. El Pacto Histórico le propuso oficialmente liderar la colectividad y la oposición junto con Iván Cepeda, configurando un frente que muchos anticipan será polarizante y confrontativo. Basset advierte que, si el nuevo gobierno intenta revertir a golpe de mayorías las reformas sociales salientes, podría enfrentarse a una fuerte movilización en las calles y en las instituciones, alimentada por la base social que apoyó a Petro y por la capacidad de este para activar a sus millones de seguidores en redes. Con un país dividido casi por mitades y un Congreso en el que la izquierda es una de las bancadas más numerosas, el verdadero impacto del legado de Petro se jugará ahora en su nueva etapa: la de expresidente convertido en jefe opositor y figura central de un proyecto político que aspira a volver al poder en cuatro años.