Ocho cuencas en la mira y una promesa de duplicar la producción
La hoja de ruta que la industria perfila pasa por ocho cuencas con potencial de yacimientos no convencionales, según Welligence Energy Analytics, distribuidas entre el Caribe, el corredor del río Magdalena, el nororiente vecino de Venezuela y la Amazonía. El corazón de la apuesta es el Valle Medio del Magdalena, la cuenca petrolera más tradicional del país, donde ya operan campos históricos como La Cira-Infantas y se ubica la refinería de Barrancabermeja. Allí, la exploración previa y los contratos firmados por la Agencia Nacional de Hidrocarburos entre 2015 y 2017 ofrecen datos de subsuelo que la industria considera una ventaja competitiva. El plan energético de campaña de Abelardo de la Espriella apunta a casi duplicar la producción nacional de crudo, de 736 000 a 1,3 millones de barriles diarios, frente a un consumo interno cercano a los 369 000 barriles al día. Para los promotores del fracking, estos volúmenes justificarían convertir los yacimientos no convencionales en pieza central de la política energética.
Reservas cortas, inversiones fallidas y dudas sobre la rentabilidad
El principal argumento del sector para forzar un giro es la estrechez de las reservas. Un documento firmado por seis asociaciones del ramo, que cita cifras de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, sostiene que las reservas probadas de petróleo solo alcanzan para 7,2 años y las de gas para 5,9, si se mantiene el ritmo actual de producción. La Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos calcula que desarrollar el fracking en el Valle Medio del Magdalena podría añadir cerca de 70 años de autosuficiencia en gas y 16 años más en petróleo. Pero los números no convencen a todos. Andrés Gómez, ingeniero de petróleos y coordinador para América Latina de la Iniciativa por un Tratado sobre Combustibles Fósiles, recuerda que “Colombia tiene apenas el 0,1% de las reservas probadas de petróleo del mundo y menos del 0,05% de las de gas, y entre 2014 y 2024 el país invirtió más de 10 000 millones de dólares en exploración sin lograr reponer ni el 10% de lo que produjo en el mismo periodo”. A su juicio, el fracking es extremadamente intensivo en agua y sus beneficios económicos están lejos de ser evidentes, más aún si se considera el historial reciente de exploraciones infructuosas.
El peso de Ecopetrol y la apuesta por Joaquín Gutiérrez
La decisión sobre los yacimientos no convencionales atraviesa la estructura de Ecopetrol, la mayor empresa del país y fuente fiscal clave para un Estado con alto déficit. Tras tres años consecutivos de utilidades a la baja, asociados también al giro de Gustavo Petro que usó a la petrolera como herramienta de transición energética y frenó la firma de nuevos contratos de exploración, la compañía encara una reconfiguración profunda. A ello se suman las denuncias penales contra su expresidente Ricardo Roa, aún en curso, que han tensionado su gobierno corporativo sin una decisión judicial definitiva. En este contexto, Abelardo de la Espriella ha respaldado a su antiguo gerente de campaña, Joaquín Gutiérrez, como candidato a presidir Ecopetrol y le ha prometido que los yacimientos no convencionales serán un “pilar fundamental” de su gestión, según expuso ante la Unión Sindical Obrera. Sin experiencia previa en hidrocarburos, Gutiérrez llegaría con un perfil de administrador de empresas con trayectoria en salud y construcción, lo que reaviva el debate sobre nombramientos políticos en la cúpula de la estatal.
Una junta en cambio y los mercados en alerta
La apuesta por el fracking quedará en manos de una Ecopetrol con junta directiva en renovación. El Gobierno de Colombia, que posee el 88,5 % de las acciones, planea reemplazar a seis de los nueve integrantes del órgano. La llegada del ingeniero Jorge Mario Velásquez, expresidente del Grupo Argos, como miembro de la junta ha sido bien recibida por quienes impulsan un regreso agresivo al negocio de hidrocarburos. Para el analista del sector energético Mauricio Téllez, “la nominación del presidente tiene su peso, pero la decisión la debe tomar la nueva junta directiva”, recordando que el viraje estratégico no depende solo de la voluntad del Ejecutivo. Los mercados financieros siguen cada movimiento de cerca, conscientes del paralelismo con el nombramiento de Ricardo Roa durante el gobierno de Gustavo Petro, también caracterizado por la cercanía política y la ausencia de experiencia petrolera previa.
Kalé, la pieza jurídica que puede definir el rumbo
Mientras el discurso oficial promete fracking “a lo que dé” siempre que se excluyan páramos y santuarios de agua como Santurbán, la realidad jurídica continúa siendo frágil. El piloto Kalé, en Puerto Wilches, es el proyecto más avanzado: contempla tres pozos en 20 hectáreas, cuenta con licencia ambiental desde 2022 y está bajo el paraguas de Ecopetrol. Sin embargo, permanece suspendido después de que la Corte Constitucional ordenó completar la consulta previa con la comunidad AfroWilches, al confirmar la violación de ese derecho fundamental. El trámite sigue abierto y se ha convertido en un termómetro de la capacidad del Gobierno de Abelardo de la Espriella para compatibilizar su agenda de expansión de hidrocarburos con las obligaciones ambientales y sociales. El desenlace de Kalé, más que cualquier discurso, marcará si la ofensiva del fracking en Colombia se consolida o vuelve a quedar atrapada en el limbo jurídico que ha frenado su despegue comercial durante años.