Amigos en los cargos clave de la mayor empresa del Estado
La apuesta del mandatario es directa: colocar a dos de sus mejores amigos en los mandos de Ecopetrol, empresa donde el Estado posee el 88,5 % de las acciones y cuyos dividendos e impuestos pueden superar el 10 % del presupuesto nacional en los años de mejores resultados. Gutiérrez, antiguo socio del bufete de abogados de De la Espriella y jefe de su campaña presidencial, fue propuesto informalmente como candidato a la presidencia de la compañía y es visto en reuniones internas como “uno de los candidatos más opcionados”, según fuentes de la compañía. El propio presidente, de acuerdo con la Unión Sindical Obrera, ya comunicó al sindicato de la petrolera que ese es su aspirante favorito.
Sin trayectoria en hidrocarburos y con un precedente incómodo
Ni Joaquín Gutiérrez ni Carlos Suárez tienen experiencia en la industria de hidrocarburos. Los negocios de Gutiérrez se han concentrado en sectores como la construcción y la salud, mientras Suárez ha sido sobre todo el estratega electoral de De la Espriella. Sentar a amigos en la junta de Ecopetrol no es una práctica nueva: gobiernos de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro recurrieron a aliados cercanos. Sin embargo, la presidencia es un cargo operativo de alto impacto para una empresa que, junto con sus contratistas, emplea a más de 80 000 personas. La elección de un gerente de campaña para el cargo remite de inmediato al caso de Ricardo Roa, gerente de campaña de Gustavo Petro, que llegó a la presidencia de Ecopetrol pese a no encabezar la evaluación de la firma cazatalentos y hoy enfrenta procesos judiciales por presunta corrupción, todavía no resueltos, después de una etapa marcada por la fuerte caída de las utilidades.
Tension entre tecnocracia y fidelidad política
La designación ha generado fricciones internas en el Gobierno. Voces cercanas a la Vicepresidencia de José Manuel Restrepo, considerada el ala más tecnócrata del Ejecutivo, defendieron que una operación del tamaño del grupo Ecopetrol requería un perfil con sólida trayectoria técnica e industrial. “Esa postura no ha logrado imponerse frente al criterio presidencial de designar a alguien de total confianza”, afirmó un exdirectivo de la compañía bajo condición de anonimato. De la Espriella ha trasladado a Ecopetrol su estilo de gobernar: un círculo muy cerrado de amigos de confianza en los asuntos más sensibles y rentables. Al asumir el cargo, prometió que “recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva y absoluta de mi gobierno, queridos compatriotas”, una declaración que contrasta con la selección de un amigo sin experiencia sectorial para liderar la petrolera.
Una junta afín y un proceso con resultado previsible
Desde que Ecopetrol se convirtió en sociedad de economía mixta en 2003, la elección del presidente recaen formalmente en la junta directiva de Ecopetrol, no en el jefe de Estado. Sin embargo, el Gobierno, gracias a su peso accionario, define seis de los nueve asientos del órgano, lo que permitiría configurar una junta afín a De la Espriella. El 15 de septiembre, la asamblea de la empresa votará la propuesta oficial para renovar en bloque a los directores. Todo indica que Carlos Suárez será elegido miembro de la junta y que tiene una “altísima probabilidad” de ocupar su presidencia, según fuentes consultadas. En el otro extremo se ubica la opción de que continúe Luis Felipe Henao, actual presidente de la junta y delegado de los fondos privados de pensiones, quien fue una voz crítica del gobierno anterior. “Carlos Suárez va a ser la voz del presidente en la junta”, resumen las mismas fuentes.
Lo que se juega Colombia con el futuro de Ecopetrol
Tras la conformación de la nueva junta, el órgano tendrá 15 días para definir el procedimiento de selección del presidente de Ecopetrol, que puede resolverse en pocas semanas o prolongarse dos o tres meses, incluso con el apoyo de una firma cazatalentos, como en procesos anteriores. Más allá de los tiempos, el debate de fondo es si la mayor empresa del país seguirá siendo una plataforma de retribución política o si retomará un enfoque centrado en la idoneidad técnica. En juego están las utilidades de una compañía que llegó a registrar 33 billones de pesos en 2022, la estabilidad de una firma que aún digiere la caída a nueve billones de 2025 y la credibilidad del compromiso de De la Espriella de “recuperar Ecopetrol” para fortalecer las finanzas públicas de Colombia.