Una delegación de alto nivel para suplir la ausencia del presidente
La ausencia física de Abelardo de la Espriella en la sede de la Asamblea General de las Naciones Unidas contrasta con el peso político de la misión enviada. El vicepresidente José Manuel Restrepo viajó a Nueva York al frente de una delegación integrada por el canciller, Omar Bula; el embajador de Colombia ante la ONU, Mauricio Gaona; y la embajadora en Washington, María Consuelo Araújo. De la Espriella reiteró su compromiso de campaña en un video reciente: prometió no salir de Colombia durante los cuatro años de mandato y justificó que, para ello, cuenta con “un gran equipo”. Restrepo respondió que llevará la voz del presidente y de Colombia ante las Naciones Unidas, subrayando que su intervención será el estreno internacional del nuevo Ejecutivo. El Gobierno ha anticipado que el mensaje se concentrará en la seguridad, la atracción de inversión y las “alianzas estratégicas”, pilares de una política exterior que, en sus primeros 45 días, se ha alineado de forma estrecha con Estados Unidos e Israel.
Un vicepresidente protagonista y una imagen de austeridad calculada
El viaje de José Manuel Restrepo a Nueva York ha sido cuidadosamente narrado por el propio Gobierno para reforzar una imagen de cercanía y austeridad. El vicepresidente voló en un vuelo comercial, en clase económica y en el asiento del medio, un detalle inusual en altos cargos que circuló ampliamente en redes sociales. Ya en la ciudad, asistió a una misa con la comunidad colombiana en la Catedral de San Patricio y comenzó una agenda intensa de reuniones con el Foro Económico Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el presidente de República Dominicana, Luis Abinader. Restrepo, exministro de Comercio y de Hacienda, afirmó que “el mundo confía en Colombia y en el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella” y que la prioridad es atraer inversión, formar el talento que exige la inteligencia artificial y modernizar el Estado para avanzar hacia lo que el Ejecutivo denomina la Patria Milagro. El presidente ha otorgado al vicepresidente la coordinación de la política económica, la inserción estratégica de Colombia en el contexto internacional y la transformación del Estado, la que define como “la agenda estratégica más amplia” que se ha dado a un vicepresidente en décadas, reforzando el perfil técnico y proempresarial de Restrepo ante los socios internacionales.
Del rechazo a la ONU al pragmatismo en el Consejo de Seguridad
La decisión de enviar una delegación robusta a la Asamblea General de las Naciones Unidas contrasta con los duros ataques que Abelardo de la Espriella lanzó contra el organismo durante la campaña, al que calificó como un “directorio político de la izquierda” y frente al que llegó a amenazar con retirar la delegación colombiana. Sin embargo, ya en el poder, el Gobierno ha optado por un enfoque más pragmático. El canciller Omar Bula —exfuncionario de la ONU reconvertido en crítico del multilateralismo— recordó en su primer discurso ante el Congreso que Colombia seguirá participando en el Consejo de Seguridad de la ONU, para el que fue elegida en 2025 y cuyo periodo se extiende hasta diciembre de 2027. Bula subrayó que las instituciones multilaterales toman decisiones de índole global que trascienden las fronteras nacionales y regionales. La Cancillería ha definido como prioridades impulsar el comercio y atraer inversión, reforzar la seguridad mediante mecanismos internacionales, promover la innovación y las nuevas tecnologías y “fortalecer las alianzas estratégicas con socios internacionales”, una agenda que busca reposicionar a Colombia sin romper con los espacios de decisión global que ofrece el sistema de Naciones Unidas.
Giro frente a la era Petro y alineamiento con Estados Unidos e Israel
La primera intervención de José Manuel Restrepo en la Asamblea General de las Naciones Unidas también marcará un corte simbólico con el último discurso de Gustavo Petro en ese mismo escenario. En 2025, Petro acusó a la Administración de Donald Trump de “tiranía”, lo señaló como “cómplice del genocidio” en Palestina y propuso crear una fuerza armada internacional para defender al pueblo palestino, lo que derivó en la revocatoria de su visa por parte de Estados Unidos y en su posterior inclusión en la lista de la OFAC. Ahora, el nuevo Gobierno ha tomado distancia de esa línea y ha profundizado la cercanía con Estados Unidos e Israel. Colombia fue uno de los pocos países que no respaldaron que Palestina pudiera intervenir a distancia en la Asamblea General tras el veto estadounidense: 152 Estados votaron a favor, mientras que solo Estados Unidos, Israel y Paraguay votaron en contra y Colombia optó por la abstención. Además, el ministro de Exteriores israelí ya viajó a Colombia para reunirse con De la Espriella, y está previsto que el primer ministro Benjamín Netanyahu tome la palabra justo después del vicepresidente colombiano. El subsecretario de Estado de EE UU, Christopher Landau, ya anticipó en la red X que en Washington esperan a Restrepo “con los brazos abiertos”, una señal de respaldo al nuevo rumbo de la política exterior de Bogotá.
La apuesta de De la Espriella: influencia sin viajar y diplomacia delegada
La estrategia de que el presidente mantenga los pies en Colombia mientras extiende la influencia del país mediante un vicepresidente empoderado plantea una diplomacia delegada que será puesta a prueba en esta Asamblea General de las Naciones Unidas. El Gobierno intenta proyectar un equilibrio entre su retórica crítica hacia ciertos organismos multilaterales y el aprovechamiento de espacios como el Consejo de Seguridad de la ONU para impulsar su agenda de seguridad y negocios. En la práctica, la decisión de De la Espriella de no salir del territorio durante todo el mandato condicionará la manera en que Colombia se relaciona con otros jefes de Estado y de Gobierno, mientras Restrepo sigue ganando visibilidad internacional antes incluso que el propio presidente. El éxito o fracaso de esta fórmula —un jefe de Estado que promete no viajar y un vicepresidente convertido en rostro de la política exterior— se medirá en la capacidad de Colombia para concretar inversiones, alianzas estratégicas y mejoras de seguridad que justifiquen, ante la opinión pública nacional e internacional, esta inusual arquitectura del poder.