Un archipiélago clave, lejos del continente y de las decisiones
San Andrés, Providencia y Santa Catalina son islas colombianas del Caribe situadas a unos 110 kilómetros de Nicaragua y 720 del territorio continental de Colombia. Esa distancia física, unida a más de un siglo de disputas diplomáticas con Nicaragua, ha convertido al archipiélago en una periferia geopolítica y emocional. Para Cristina Bendek, nacida en San Andrés, el país ha vivido las decisiones de la Corte Internacional de La Haya como una serie de “pérdidas”, pero quienes cargan el impacto real son las comunidades isleñas, cuya pesca artesanal, economía y vínculos culturales han quedado condicionados por líneas impuestas en el mapa y por órdenes judiciales que, en la práctica, redefinen su relación histórica con el mar. La autora sostiene que el Estado colombiano sigue sin comprender la condición de isla oceánica ni el papel estratégico que el archipiélago podría jugar como puente de integración en el Caribe.
Turismo extractivo y huracanes en un territorio frágil
La devastación provocada por un huracán de máxima categoría en 2020, que destruyó entre el 95% y el 98% de la infraestructura terrestre de Providencia y Santa Catalina y afectó a cientos de viviendas en San Andrés, evidenció la vulnerabilidad del archipiélago y la dependencia de decisiones tomadas lejos de la región. Bendek describe un modelo económico en el que casi toda la actividad gira en torno al turismo, al que califica de extractivista: prioriza ingresos rápidos, presiona ecosistemas frágiles y relega la soberanía alimentaria y la autosubsistencia. Según la escritora, la población local ha sido desplazada de la cadena de producción y los beneficios del turismo “ni siquiera se quedan en el territorio”, mientras se mantiene una reserva de biosfera sometida a intereses económicos que no siempre consideran la sostenibilidad o las necesidades de los habitantes raizales.
“Paranoia” tras la pérdida de Panamá y política exterior en el Caribe
En su análisis, Cristina Bendek vincula el trato al archipiélago con una historia más larga de centralismo y traumas nacionales. A su juicio, “Colombia tiene una paranoia tras perder Panamá en 1903” que habría empujado al país hacia un aislacionismo en el Caribe y a un alineamiento casi irrestricto con la política exterior de Estados Unidos durante el siglo XX. Ese enfoque habría frenado la posibilidad de que San Andrés, Providencia y Santa Catalina se consolidaran como plataforma para el intercambio económico, la cooperación cultural y el lobby ante organismos internacionales. La escritora acusa al Estado colombiano de mantener una visión “colonialista” sobre sus fronteras, de homogenizar diferencias culturales y lingüísticas y de no asumir la nación pluralista que proclama la Constitución, una crítica que extiende a otros territorios periféricos como el Pacífico y las zonas selváticas.
“Las pérdidas”: literatura como denuncia y duelo colectivo
De ese cúmulo de duelos surge Las pérdidas, la novela breve con la que Bendek busca traducir al lenguaje emocional lo que significan los fallos de la Corte Internacional de La Haya y la sensación de abandono estatal para quienes viven rodeados por un mar que ya no pueden usar como antes. Escrita en primera persona, la obra relata la aflicción, la escasez y la fragmentación política que, según la autora, atraviesan al archipiélago. Bendek admite que intentó abordar el tema como ensayo, pero la rabia y la exposición personal la llevaron a una ficción en la que recoge voces y dolores compartidos, sin asumir una vocería oficial del pueblo raizal. Con su participación en el Hay Festival de Querétaro, la escritora insiste en que la discusión sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina no puede reducirse a mapas y litigios: el futuro del archipiélago pasa por repensar el modelo turístico, reconocer la diversidad étnica y lingüística y dar a las islas un rol activo en la política exterior colombiana hacia el Caribe.