Domingo 4 Octubre 2026
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Venezuela: El cocinero que convirtió sus ollas en un salvavidas para miles de víctimas de los terremotos de La Guaira

3.685 muertos, casi 17.000 heridos y cerca de 200 edificios colapsados en el norte de Venezuela son el telón de fondo de una historia que se escribe con ollas, gas y carretera. Tras los terremotos del 24 de junio de 2026, el cocinero venezolano Víctor Andrea D'Orsi dejó su restaurante en Maturín, recorrió unos 500 kilómetros hasta Caracas y La Guaira, y montó un improvisado operativo culinario que reparte entre 150 y 400 comidas diarias a víctimas y funcionarios de Protección Civil.

El cocinero venezolano Víctor Andrea D'Orsi organiza comidas para damnificados de los terremotos en La Guaira.
El cocinero venezolano Víctor Andrea D'Orsi dejó su restaurante "Al Giorno" en Maturín, a unos 500 kilómetros de Caracas, para viajar con amigos hasta La Guaira tras los terremotos del 24 de junio de 2026. Desde una casa desalojada en la capital, coordina la preparación de entre 150 y 400 raciones diarias que se distribuyen a niños, damnificados y funcionarios de Protección Civil en la zona devastada.
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De restaurante en Maturín a cocina de emergencia para La Guaira

La decisión de Víctor Andrea D'Orsi nace el 25 de junio, cuando, en su restaurante "Al Giorno" en Maturín, comprende por fin la magnitud de la destrucción provocada por el doble terremoto que un día antes sacudió el norte de Venezuela. Sin electricidad en muchas zonas y con las comunicaciones caídas durante horas, la dimensión de la tragedia llegó tarde, pero lo hizo a través de imágenes que, según relata, lo impactaron de inmediato. Él y cuatro amigos se hicieron una única pregunta: sin saber de "pico y pala" ni de rescates técnicos, ¿cómo podían ayudar? La respuesta fue devolver a lo básico lo que mejor saben hacer: cocinar. A la una de la madrugada del viernes, reunió ollas y otros enseres en su casa, subió todo al vehículo y tomó la carretera rumbo a Caracas, sin un plan logístico cerrado pero con la idea firme de alimentar a quienes habían quedado en la calle sin comer.

Un viaje de día y medio hasta el Hospital José María Vargas de La Guaira

El trayecto hasta la costa no fue sencillo. El grupo tardó día y medio en llegar y, según el propio cocinero, se accidentaron y "les pasó de todo" antes de pisar La Guaira, epicentro de la devastación. La primera parada fue el Hospital José María Vargas de La Guaira, donde empezaron a repartir alimentos e insumos médicos a niños, en medio de un escenario que Víctor describe como caótico: muchas personas queriendo ayudar, pero sin claridad sobre cómo canalizar los esfuerzos. Mientras las autoridades ya hablaban de miles de fallecidos, casi 17.000 heridos y decenas de miles de desaparecidos, los voluntarios improvisaban sobre la marcha una respuesta primaria: comida caliente, agua y presencia constante en un entorno donde los edificios colapsados —cerca de 200 derrumbados por completo y unos 800 afectados— redefinían el mapa urbano de la región costera.

De la calle caraqueña a una casa desalojada como centro de operaciones

Las condiciones sanitarias y logísticas en La Guaira obligaron al grupo a buscar una base más estable en Caracas. Sin alojamiento asegurado y sin una cocina fija, comenzaron preparando alimentos en plena vía pública, en un barrio acomodado del este de la capital, con un tanque de gas prestado por un vecino. La escena, sin embargo, generó incomodidad entre algunos residentes, que se quejaron por la cocina al aire libre y obligaron a reubicar la operación. Entonces apareció una solución inesperada: una casa desalojada que alguien puso a su disposición y que terminó convertida en el corazón de la iniciativa. Desde allí, Víctor Andrea D'Orsi y sus aliados organizan jornadas que arrancan alrededor de las 10 de la mañana y se extienden hasta la madrugada del día siguiente. Se pelan verduras, se despelleja y pica carne, se preparan aliños, se sirve en envases plásticos y se limpia sin pausa, mientras llegan donaciones de distintas zonas de Caracas. Algunos voluntarios duermen en un colchón en el piso antes de repetir la rutina.

Crismary, la “tía”, y un menú que va de la sopa a las 700 raciones diarias

La red solidaria creció de forma orgánica. Una de las figuras clave es Crismary López, quien se sumó al poco tiempo y terminó siendo apodada "tía" por el grupo. Ella misma se encargó de correr la voz y de atraer a compañeros de trabajo que se integraron por turnos. Víctor explica que cada día trabaja con un equipo distinto, aunque él, sus amigos de Maturín y Crismary están presentes a diario. El menú cambia constantemente: sopa, costilla guisada, pasta, arroz con pollo y otros platos que el cocinero defiende como "comida buena". En los primeros días, llegaron a preparar hasta 700 raciones diarias; ahora, las cifras oscilan entre 200 y 400, aunque hay jornadas en las que "solo salen 150" por la escasez de recursos. El patrón se repite: producción durante el día en Caracas, carga de alimentos, agua, arepas, pan, juguetes, pañales e insumos médicos donados, y salida nocturna hacia La Guaira para entregar directamente a damnificados, niños y funcionarios de Protección Civil que trabajan con pocas horas de sueño.

De la distribución improvisada al apoyo estructurado en centros de acopio

En un inicio, el reparto fue puramente intuitivo. El grupo de Víctor llegaba a zonas devastadas, observaba el desorden y entregaba la comida a las primeras personas que encontraba. Con el paso de los días, el flujo de damnificados y la presencia de más voluntarios les obligaron a ordenar el sistema. Hoy, las raciones se dirigen prioritariamente a centros de acopio en La Guaira y a quienes coordinan la atención en terreno. La demanda, sin embargo, desborda sus capacidades: en más de una ocasión han llegado con 200 arepas o platos servidos y se han encontrado con hasta 2.000 personas necesitadas. Para el cocinero, lo suyo sigue siendo "un granito de arena" frente a los más de 17.000 damnificados contabilizados en la región, pero insiste en que la reacción ciudadana es masiva. Habla de personas que han llegado de distintos estados de Venezuela, muchas sin familiares entre los escombros ni vínculo directo con la zona, dispuestas a remover ruinas, llevar agua, recolectar ropa o repartir avena y café en moto a lo largo del estado costero.

Una solidaridad que contrasta con la magnitud del desastre

La experiencia de Víctor Andrea D'Orsi y su equipo se inserta en un panorama que rescatistas extranjeros califican como inédito. Según el cocinero, especialistas de España y México le han dicho que es la primera vez que presencian una catástrofe de esta magnitud, con cientos de edificios derrumbados o dañados y una cifra de muertos y heridos que sigue creciendo conforme avanzan las labores de rescate. Él reconoce que se "quiebra por dentro" al ver la felicidad con la que muchas personas reciben un plato de comida, especialmente quienes lo han perdido todo. Aun así, cada noche vuelven a encender hornillas y fogones en la casa desalojada de Caracas, discutiendo si al día siguiente conviene cocinar pollo o costillas, estas últimas más caras pero que "rinden más". En ese ejercicio cotidiano de cálculo y resistencia, las ollas de un cocinero de Maturín se han transformado en un salvavidas simbólico para una parte de las miles de personas golpeadas por los terremotos de La Guaira.