Un operativo internacional contra un “blanco de alto valor regional”
De acuerdo con la Policía de Perú y la Policía Boliviana, la captura de Jhonsson Pulpo fue el resultado de un trabajo de inteligencia iniciado en enero y desarrollado de forma coordinada entre ambos países, con apoyo del FBI y la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos. Sobre el hombre de 29 años pesaba una orden de captura internacional por presuntos delitos de secuestro, extorsión y sicariato, y se le consideraba uno de los fugitivos más buscados de Perú, con una recompensa oficial de 500 000 soles, equivalentes a unos US$148.000, para quien ofreciera información que facilitara su ubicación.
La tercera generación de un clan criminal nacido en Trujillo
Según la Policía de Perú, Jhonsson Pulpo forma parte de la tercera generación de un clan familiar con origen en Trujillo, en la costa norte peruana. El abuelo, Teófilo Cruz Álvarez, murió en prisión en 2020 mientras cumplía condena por organización criminal. El padre, Jhon Cruz Arce, fue identificado como fundador de Los Pulpos junto con sus hermanos y recibió en 2008 una sentencia de 25 años de cárcel por homicidio, de la que salió el año pasado mediante un hábeas corpus. Medios locales señalan que, tras la captura de su padre, Jhonsson Smit Cruz Torres asumió el mando de la banda con apenas 17 años, afianzando el liderazgo familiar y siendo clave, desde 2014, en la expansión del grupo más allá de Trujillo.
De delitos “menores” a una maquinaria de extorsión regional
La organización, que comenzó en la década de los 90 en el distrito popular de El Porvenir, en Trujillo, pasó de delitos considerados menores a una estructura dedicada a la extorsión, el secuestro y el sicariato, según reportes policiales y de prensa. También se les vincula con tráfico de tierras y minería ilegal. El comandante nacional de la Policía de Bolivia, coronel Adrián Álvarez Arismendi, calificó a Jhonsson Pulpo como un “blanco de alto valor regional” por la presunta peligrosidad de la banda y por el alcance que, afirmó, se extendió desde Perú hacia Chile y Argentina, con la intención de establecerse también en Bolivia. Las autoridades peruanas estiman que el grupo podría contar con al menos un centenar de integrantes, lo que lo ubica entre los aparatos criminales más consolidados del país.
Cirugías, muerte fingida y años de fuga
La trayectoria como prófugo de Jhonsson Smit Cruz Torres incluyó maniobras extremas para eludir a la justicia. De acuerdo con informes de la Policía de Perú, en 2020 se habría falsificado un acta de defunción para simular su muerte y facilitar su paso a la clandestinidad. Las autoridades bolivianas indicaron, además, que en el momento de la captura se evidenciaron cirugías estéticas en orejas, pómulos y cejas, cambios que consideran orientados a dificultar su identificación. Pese a esos intentos, el operativo en La Paz terminó con su arresto y con la detención paralela de Gabriel Alexander Saúl Mendocilla Gómez, de 23 años, también señalado como integrante de Los Pulpos; en el lugar no se hallaron armas, según la Policía Boliviana.
Desafío pendiente: desarticular la red más allá de su líder
El ministro del Interior de Perú, César Astudillo, sostuvo que la captura “no es el final” porque, afirmó, detrás de Jhonsson Pulpo existe un mosaico de jefes de bandas criminales en el país. La estructura de Los Pulpos, con tres generaciones vinculadas a actividades ilícitas y presencia en varios países, obliga ahora a las autoridades a probar judicialmente los cargos de secuestro, extorsión y sicariato atribuidos a sus presuntos cabecillas. Mientras Jhonsson Smit Cruz Torres enfrenta a la justicia peruana tras su entrega desde Bolivia, la efectividad de esta operación se medirá por la capacidad del Estado para desmantelar la red, seguir la pista del dinero y frenar el relevo interno que históricamente ha permitido la supervivencia del clan.