Miércoles 4 Noviembre 2026
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Canadá: Mark Carney desafía a Donald Trump y entra de lleno en la guerra comercial con EE.UU.

Un arancel del 50 % impuesto por Donald Trump a productos canadienses y la promesa de Mark Carney de responder “dólar por dólar” marcaron este 24 de agosto de 2026 la ruptura de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá. Desde Toronto, el primer ministro canadiense confirmó que las represalias comenzarán el 8 de septiembre y consolidó así la entrada formal en una guerra comercial entre dos socios que han comerciado libremente durante décadas.

Mark Carney anuncia la respuesta arancelaria de Canadá a Estados Unidos en plena escalada comercial.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, defendió que su gobierno igualará “dólar por dólar” los nuevos aranceles de Donald Trump y presentó esta respuesta como un acto de defensa económica y de soberanía nacional frente a Estados Unidos, en medio de una relación bilateral en su punto más tenso en décadas. (Foto: Reuters)
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Carney endurece el tono y convierte la disputa en una prueba de liderazgo

El primer ministro, del Partido Liberal, se presentó ante el país como un dirigente dispuesto a “levantar los codos” frente a la presión de Washington y defendió que Canadá ha sido “pragmático, paciente y perseverante” para proteger a sus trabajadores, su soberanía y su cultura. Al explicar por qué su gobierno decidió romper las conversaciones, Carney afirmó que “no pudimos aceptar lo que Estados Unidos nos ofreció, ni pudimos dar lo que nos pidieron” y acusó al gobierno de Trump de exigir condiciones “injustas” y “antieconómicas” ligadas al sector automotriz y a las relaciones comerciales de Canadá con otros países. En una frase inusualmente mordaz para la diplomacia bilateral, advirtió sobre la fiabilidad de la Casa Blanca al señalar que “nosotros sabemos que, a veces, su firma está escrita con lápiz”.

El costo económico: turismo, alcohol y manufactura en la línea de fuego

La decisión de igualar los aranceles de Trump se produce cuando la economía canadiense ya sufre impactos visibles. Alrededor del 70 % de las exportaciones canadienses tiene como destino Estados Unidos, y varias provincias han respondido retirando el alcohol estadounidense de las estanterías, lo que, según datos del gobierno de Estados Unidos, hizo caer un 78 % las exportaciones de vino hacia Canadá, equivalentes a una pérdida de US$357 millones. La asociación de destiladores de EE.UU. reportó desplomes superiores al 70 % en bebidas alcohólicas. A ello se suma un boicot turístico de ciudadanos canadienses que, de acuerdo con cifras oficiales, restó a Estados Unidos unos US$2.350 millones en ingresos solo el año pasado. Con los nuevos aranceles del 50 % a sectores clave como el acero y el automotriz, anunciados por Trump para entrar en vigor en enero de 2027, la presión sobre las cadenas productivas integradas a ambos lados de la frontera se intensificará de forma drástica.

Un país dispuesto a “pelear”, pero con costos políticos por asumir

Mark Carney llegó al poder en 2025 anunciando “días oscuros” provocados por “un país en el que ya no podemos confiar” y prometiendo que nunca firmaría “un acuerdo a cualquier precio o en cualquier plazo”. Hoy, su apuesta entra en fase crítica: según un sondeo de Abacus Data, el 36 % de los canadienses respalda las represalias, mientras que una encuesta de Léger indica que el 56 % quiere una postura firme y sin nuevas concesiones frente a Washington. Carney intenta capitalizar ese respaldo ciudadano presentando la escalada como una reacción defensiva: “estás en guerra cuando te atacan; a nosotros nos atacaron”, dijo al justificar el abandono de la mesa de negociación. A la vez, insiste en que “Canadá es fuerte, Canadá está listo, Canadá está unido” y que su decisión se tomó “con la confianza de que es lo mejor para Canadá”, aun cuando las consecuencias para empresas y empleos serán inmediatas.

Provincias alineadas y una oposición que apoya, por ahora

El giro de Carney ha logrado, de momento, un alineamiento poco frecuente en el frente interno. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, una de las voces más críticas con los aranceles estadounidenses, aseguró que “no iniciamos esta lucha, pero les puedo asegurar que la vamos a ganar”, destacando el peso del sector automotriz de su provincia, uno de los más expuestos al conflicto. Desde Columbia Británica, David Eby se comprometió con el “proyecto nacional en el que estamos”, mientras que el líder conservador Pierre Poilievre sostuvo que “Canadá no puede aceptar aranceles unilaterales que desindustrialicen nuestro país” y respaldó la retirada temporal de las conversaciones. Ese apoyo transversal refuerza la narrativa de Carney de que la respuesta a Washington va más allá de una disputa partidista, aunque el desgaste económico podría, a medio plazo, convertirse en munición política contra su gobierno.

Trump gana tiempo y presiona: cuatro meses para evitar un choque total

Del lado estadounidense, el presidente Donald Trump redobló la retórica y acusó a Canadá de querer “los beneficios de ser un estado [de EE.UU.], sin serlo”, al tiempo que su representante comercial, Jamieson Greer, culpó a Ottawa de introducir “nuevas exigencias y retrocesos” en compromisos ya acordados. Sin embargo, la decisión de fijar el inicio efectivo de los aranceles del 50 % para enero de 2027 otorga un margen de cuatro meses para recomponer el diálogo. Como han señalado analistas citados por BBC News, ese plazo coincide con las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos y podría alterar el cálculo político de la Casa Blanca. Si las dos partes regresan discretamente a la mesa, aún es posible un pacto que salve el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá en revisión. Si no, la guerra arancelaria abierta entre Washington y Ottawa amenaza con redefinir la relación con uno de los aliados históricamente más cercanos de Estados Unidos y obligar a Canadá a acelerar una diversificación comercial que, hasta ahora, siempre había sido pospuesta.