La fake news que agita el miedo a la intolerancia religiosa
El episodio se desencadenó por una publicación en redes sociales, difundida inicialmente por el humorista Antonio Tabet y replicada por diversos perfiles de izquierdas, que vinculaba a la “familia miliciana” con un supuesto proyecto legislativo para retirarle a la virgen de Aparecida su condición de patrona. Aunque el mensaje no nombraba a los Bolsonaro, la referencia a los milicianos —paramilitares asociados habitualmente al entorno bolsonarista— fue interpretada por muchos brasileños como un ataque directo a Flávio Bolsonaro y a Jair Bolsonaro. El candidato conservador respondió con varios vídeos negando el apoyo a cualquier iniciativa de ese tipo e intentando contener el daño entre el electorado católico.
La Iglesia católica y el Supremo, atrapados en la batalla política
Flávio Bolsonaro, de confesión evangélica, acusó a la Conferencia Episcopal de Brasil de amplificar una falsedad que perjudica a su campaña. El máximo órgano de representación de los obispos respondió con una nota en la que sostuvo que “la mentira no se combate con otra mentira”, tratando de marcar distancia tanto del bulo como de su explotación partidista. Paralelamente, la controversia llegó al Tribunal Supremo de Brasil: a petición del bolsonarismo, un juez conservador ordenó retirar la publicación de las redes, decisión que fue revocada por otro magistrado alineado con el Gobierno de Lula, antes de que un tercer juez ordenara de nuevo su eliminación, generando un escenario de inseguridad jurídica sobre qué puede circular en campaña.
Lula capitaliza el malestar religioso mientras la encuesta se mueve
En plena polémica, Luiz Inácio Lula da Silva aprovechó un mitin en Belém para presentarse como garante del respeto a todas las creencias. “Mientras yo sea presidente de la República, nadie deshonrará a nuestra señora de Aparecida. Nadie”, afirmó, añadiendo que es necesario respetar también las religiones de origen africano, demonizadas a menudo por sectores evangélicos. La encuesta de Quaest publicada el lunes detecta un leve avance de Lula en primera vuelta, que alcanza el 39% de intención de voto frente al 34% de Flávio Bolsonaro, con mejoras entre católicos y evangélicos. Sin embargo, el sondeo mantiene en 42% a 42% el duelo en segunda vuelta, lo que subraya la extrema paridad y la importancia de un electorado indeciso que ronda apenas el 3%.
Religión, fake news y un historial de guerras culturales
El uso instrumental de la fe no es nuevo en Brasil. Analistas citados por el diario Folha de S.Paulo recuerdan que el bolsonarismo ya se sirvió de bulos religiosos en 2018, cuando se acusó falsamente al candidato del Partido de los Trabajadores de querer distribuir un “kit gay” en las escuelas, y en 2022, cuando se difundió que Lula cerraría iglesias si ganaba. Entonces el PT apeló a la justicia electoral para frenar esas campañas; hoy, es el bolsonarismo quien reclama la censura de contenidos, mientras que la izquierda reivindica la libertad de expresión. La actual fake news se sustenta en un antecedente real: hace casi 20 años, un diputado evangélico presentó un proyecto de ley para retirar a la virgen de Aparecida como patrona nacional, medida archivada al año siguiente sin apoyo masivo, pero que ahora sirve de base para reavivar el miedo a la intolerancia religiosa.
Una elección milimétrica y un debate televisivo decisivo
Con el voto previsto para este domingo y la posibilidad de una segunda vuelta el día 25 si ninguno supera el 50% de los votos válidos, tanto Lula como Flávio Bolsonaro se disputan un margen mínimo de sufragios que podría definir el resultado. La mayoría de los demás candidatos se desinfla ante el llamado al voto útil, mientras la polémica por la virgen de Aparecida monopoliza buena parte del debate público junto a las encuestas. El próximo gran hito de la campaña será el debate electoral del canal de televisión Globo, programado en horario estelar. Flávio Bolsonaro ya ha confirmado su presencia y Lula mantiene la incógnita sobre su participación. El desenlace del intercambio, sumado al impacto persistente de la desinformación religiosa, puede inclinar una contienda en la que cada voto adicional tendrá un peso desproporcionado en el futuro político de Brasil.