Sábado 3 Octubre 2026
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Internacional: La autopista Donald J. Trump en el Sahara agudiza el choque entre EE.UU., Marruecos y España por la crisis de Ceuta

Más de 70 000 personas irrumpieron desde Marruecos en el enclave español de Ceuta a finales de julio, dejando al menos 140 muertos en ambos lados de la frontera, mientras el rey Mohamed VI rebautizaba una autopista de más de 1 000 kilómetros en el Sahara Occidental con el nombre de Donald J. Trump, consolidando una alianza con Estados Unidos que tensiona la relación con España.

Migrantes en Marruecos junto a la valla fronteriza antes de cruzar hacia la ciudad española de Ceuta.
Decenas de miles de migrantes se concentraron en la frontera entre Marruecos y el enclave español de Ceuta a finales de julio, antes de la entrada masiva que dejó al menos 140 muertos y desató una crisis humanitaria y diplomática entre Rabat, Madrid y Washington. (Foto: Getty Images)
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Una autopista con nombre de Trump en territorio en disputa

El gesto de Mohamed VI de dedicar una extensa vía sahariana al presidente estadounidense Donald J. Trump no es un simple homenaje simbólico. El Sahara Occidental sigue siendo un territorio en disputa y el cambio de nombre se interpreta como un agradecimiento directo al respaldo político de Trump a la soberanía de Rabat, decisión que Washington mantiene. Ese reconocimiento, otorgado en 2020, llegó como parte del acuerdo por el que Marruecos normalizó sus relaciones con Israel dentro de los Acuerdos de Abraham. Para la investigadora Sarah Yerkes, del Carnegie Endowment for International Peace, Marruecos es “el miembro más exitoso de los Acuerdos de Abraham” y la normalización con Israel ha resistido incluso el conflicto de Gaza, lo que refuerza su valor estratégico ante la Casa Blanca.

Una amistad de 250 años que hoy se juega en Ceuta

La sintonía actual se apoya en una relación forjada hace más de dos siglos. En 1777, el sultán Mohamed III abrió sus puertos a los barcos estadounidenses y, en 1786, ambos firmaron en Marrakech el Tratado de Paz y Amistad. La Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos lo sitúa como el primer reconocimiento formal, y expertos recuerdan que “el tratado de 1786 sigue siendo el acuerdo vigente más antiguo de la historia de Estados Unidos”. La ubicación de Marruecos a la entrada del Mediterráneo y sus conexiones con Europa, África y el mundo islámico dieron a la entonces joven república una puerta de entrada al comercio global, como subraya Timothy W. Kneeland, profesor de la Universidad de Nazareth en Nueva York. Esa larga historia explica por qué Washington ha evitado cuestionar abiertamente a Rabat incluso en momentos de fuerte presión regional.

De la Marcha Verde al estatus de aliado militar privilegiado

La alianza dio un salto decisivo en la Guerra Fría y se afianzó tras la descolonización. En noviembre de 1975, el rey Hassan II movilizó a unas 350 000 personas en la Marcha Verde para forzar a España a abandonar su colonia del Sahara Occidental. Aunque el discurso oficial estadounidense era de neutralidad, documentos desclasificados citados por la propia Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos muestran que Henry Kissinger reconoció que Washington “no puso demasiados obstáculos” a la operación marroquí y que su postura era “esencialmente promarroquí”. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Marruecos se consolidó como socio antiterrorista: en 2004 fue designado por el gobierno de George W. Bush como aliado principal extra-OTAN, lo que facilitó acceso a armamento y cooperación militar. Entre 2021 y 2025, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), el 60 % de las importaciones marroquíes de grandes sistemas de armas procedieron de Estados Unidos, seguido de Israel (24 %) y Francia (10 %).

La dimensión económica: un tratado rentable pero asimétrico

En el terreno económico, la prioridad estratégica también se traduce en cifras. El tratado de libre comercio bilateral, en vigor desde 2006, fue el primero de Estados Unidos con un país africano y eliminó numerosas barreras arancelarias. De acuerdo con las cifras oficiales citadas en el artículo, el comercio de bienes entre ambos países ascendió en 2025 a US$7 400 millones, casi ocho veces los US$927 millones de 2005, antes del acuerdo. No obstante, el intercambio es claramente favorable a Washington y, en la escala de la economía estadounidense, Marruecos sigue siendo un socio de segundo orden: ocupa el puesto 46º entre sus mercados de exportación. Para Rabat, en cambio, este vínculo ofrece acceso preferencial al mayor mercado del mundo y refuerza la legitimidad internacional de sus posiciones en el Sahara Occidental, especialmente tras el reconocimiento de Trump.

Ceuta, la frontera donde se cruzan intereses y silencios

La crisis migratoria de Ceuta expone el coste de esta alianza para España. A finales de julio, más de 70 000 personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad española, con al menos 140 muertos en ambos lados de la frontera y una grave emergencia humanitaria. Mientras el gobierno de Pedro Sánchez atribuyó la irrupción masiva a mafias de tráfico de personas y al efecto de las redes sociales, expertos y voces políticas en Madrid sostienen que el reino alauita habría facilitado o tolerado el paso. Frente a ello, la respuesta del gobierno de Estados Unidos se alineó con Rabat: Trump calificó el episodio como una “catástrofe” semejante a “la invasión de un país”, la Casa Blanca culpó a las “políticas globalistas de extrema izquierda” y el Departamento de Estado de Estados Unidos responsabilizó a las políticas migratorias españolas, sin cuestionar el papel de Marruecos. Este posicionamiento llega en un momento de fricciones entre Washington y Madrid por el límite de gasto militar en la OTAN y por el veto español al uso de las bases de Rota y Morón para operaciones en Irán.

España entre dos fuegos estratégicos

España, miembro de la OTAN y anfitriona de fuerzas estadounidenses en las bases de Rota y Morón, se ve atrapada entre su necesidad de cooperación fronteriza con Marruecos y las tensiones con su principal socio militar. La gestión de la frontera norteafricana depende en gran medida de la colaboración de Rabat, que a su vez consolida su posición como socio clave de Washington en seguridad, logística y lucha antiterrorista a través de maniobras como el ejercicio African Lion y la copresidencia del grupo para África de la coalición internacional contra el grupo autodenominado Estado Islámico. Mientras Trump llega a afirmar en un mensaje por la Fiesta del Trono que se celebran “250 años de historia estadounidense y de amistad duradera con Marruecos” y desea prolongar esa cooperación “durante los próximos 250 años”, Madrid observa cómo la alianza entre Rabat y Washington se fortalece precisamente cuando sus propias relaciones con ambos atraviesan un momento delicado. La combinación de una autopista Donald J. Trump en el Sahara Occidental y una frontera incendiada en Ceuta anticipa que el triángulo Estados Unidos-Marruecos-España será uno de los focos más sensibles de la política exterior en el Mediterráneo en los próximos años.