Un récord histórico que algunos usan contra la ciencia climática
El Centro Nacional de Huracanes ha identificado este año cinco sistemas en el Atlántico con nombre propio —Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly y Edouard— pero ninguno alcanzó los 119 kilómetros por hora de vientos sostenidos que marca el umbral de huracán categoría 1. En una temporada promedio, para mediados de septiembre ya se habrían formado, según los expertos, alrededor de ocho tormentas con nombre y tres huracanes, lo que subraya el carácter atípico de 2026 y la debilidad de la actividad ciclónica en la región.
El Súper Niño desarma las tormentas en el Atlántico
La explicación central que ofrecen los especialistas pasa por una versión intensificada de El Niño, conocida como Súper Niño. Este patrón se caracteriza por el calentamiento anómalo de amplias zonas del Pacífico ecuatorial, pero sus efectos se expanden a escala planetaria. De acuerdo con la profesora de ciencias atmosféricas de la Universidad de Albany, Kristen Corbosiero, citada por CBS News, el Atlántico está "realmente asombroso" por lo inhóspito que resulta para cualquier ciclón tropical. Las perturbaciones que intentan organizarse se enfrentan, señaló, a una triple combinación de vientos que desintegran la estructura de la tormenta, aire seco que la debilita y vientos descendentes que la aplastan, un entorno que impide consolidar huracanes.
Un Atlántico frenado y un Pacífico recalentado
Mientras el Atlántico permanece inusualmente calmado, la otra cara se observa en el Pacífico oriental. Hasta el 13 de septiembre se han formado allí 15 tormentas con nombre, seis de ellas huracanes, y cuatro alcanzaron la categoría 3 o superior, de acuerdo con las cifras mencionadas en los pronósticos de inicio de temporada de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. Este contraste encaja con el comportamiento típico de El Niño fuerte: refuerza la cizalladura del viento sobre el Atlántico —que corta verticalmente las tormentas en desarrollo— y, al mismo tiempo, favorece la convección y la actividad ciclónica en el Pacífico oriental, donde se concentra ahora buena parte de la energía de la temporada.
La estadística rompe marcas, pero la temporada no ha terminado
El meteorólogo de la Universidad Estatal de Colorado Philip Klotzbach destacó que la energía ciclónica acumulada en el Atlántico equivale hoy a apenas un 7 % de lo normal para este punto del calendario. Recordó además que históricamente cerca de dos tercios de toda la actividad de huracanes atlánticos se concentra entre el 20 de agosto y el 10 de octubre, de modo que el grueso del riesgo climatológico se ubica precisamente en la ventana que el Súper Niño está sofocando. Según el propio Klotzbach, la última vez que una temporada esperó más allá del 11 de septiembre para ver su primer huracán fue en 1941, y el récord histórico de retraso absoluto corresponde a 1905, cuando el primer huracán se formó recién el 8 de octubre.
Lecturas políticas, negacionismo y lo que realmente dice la ciencia
En paralelo a los análisis científicos, una cuenta oficial de la Casa Blanca agradeció en X al presidente Donald Trump por la ausencia de huracanes en el Atlántico hasta la fecha, un mensaje que varios negacionistas del cambio climático aprovecharon para burlarse de supuestas proyecciones alarmistas. Sin embargo, los meteorólogos consultados subrayan que el resultado de 2026 encaja en los mecanismos físicos conocidos de El Niño y del Súper Niño, y que un año excepcionalmente tranquilo no invalida las tendencias de calentamiento global ni la evidencia de temporadas cada vez más intensas en las últimas décadas. Para la comunidad científica, la verdadera lección de este récord no es bajar la guardia, sino entender cómo la variabilidad natural, amplificada por el calentamiento del planeta, puede redistribuir el riesgo de desastres de una cuenca oceánica a otra en cuestión de meses.