Macromaratón de Milei frente al derrumbe empresarial
El gobierno exhibe como logros la reducción de la inflación desde más de 211 % al inicio del mandato hasta cerca de 33,5 % y un crecimiento del Producto Interno Bruto de 2,2 % en la primera mitad del año respecto al mismo periodo anterior. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, asegura además que se crearon más de medio millón de puestos de trabajo según datos del Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, economistas y centros de estudio advierten que detrás de esos indicadores hay una fuerte sustitución de empleo formal por trabajo informal y cuentapropismo, mientras el desempleo bordea el 8 % y uno de cada tres argentinos vive en la pobreza. Esta divergencia alimenta la percepción de una economía a dos velocidades, donde los números macroeconómicos mejoran mientras se profundiza la fragilidad en los hogares y en las pequeñas y medianas empresas.
Pymes asfixiadas: consumo desplomado, tarifas altas e importaciones
El informe del Centro de Economía Política Argentina, que actualiza mes a mes los cierres de compañías ante la falta de un registro oficial específico, muestra que el impacto recae sobre todo en pequeñas y medianas firmas. Para su director, Hernán Letcher, la combinación de caída del consumo, deterioro de los salarios reales, suba de tarifas básicas y apertura a importaciones explica gran parte del fenómeno: una torta económica más chica repartida entre más competidores, muchos de ellos extranjeros. La experiencia del comerciante Alejandro Marchizotti, que cerró su hamburguesería Hupa San Andrés tras ver desplomarse la clientela y dispararse los costos de luz, gas y alquiler, refleja el ajuste en el mercado interno: pasó de tener cinco empleados a uno y terminó endeudado antes de bajar la persiana. Hoy, con 63 años, se sostiene llevando pasajeros en una aplicación de transporte, mientras constata la precarización del empleo y el recorte del poder de compra que, según afirma, vaciaron su negocio.
Una economía partida: sectores ganadores y tejido productivo en retroceso
Los documentos del Banco Central de la República Argentina señalan como ganadores a la minería, la energía, el agro y la intermediación financiera, que están ingresando un récord histórico de dólares. Esta reorientación productiva es el eje del programa de Milei: un régimen de incentivos a grandes inversiones en gas, petróleo, litio y minerales críticos, con la mirada puesta en la acumulación de divisas y la estabilidad monetaria. En paralelo, comercio e industria atraviesan un año crítico, con pérdida de puestos de trabajo y cierres en cadena, especialmente en la industria manufacturera. La Unión Industrial Argentina advierte sobre alta presión fiscal, financiamiento caro y una transición desigual hacia el nuevo esquema económico. Para analistas como Guido Zack, de Fundar, la apertura comercial se está haciendo “sin igualdad de condiciones”, con empresas extranjeras que tributan menos que las locales; combinado con apreciación cambiaria y mayores costos logísticos y financieros, esto se convierte —sostiene— en una sentencia de muerte para muchas firmas nacionales.
El relato oficial: adaptación o quiebra en el laboratorio Milei
Frente a las críticas, Javier Milei insiste en que no ve “ningún problema” con el crecimiento económico de Argentina y descalifica como “estupidez” la idea de que el 80 % de la población no llega a fin de mes. En Nueva York, el presidente reconoció que la creación de empleo se concentra en el sector informal, pero sostuvo que “en el neto es expansivo”. También ha minimizado el impacto laboral de los cierres al señalar que muchas empresas registradas tienen solo una persona. Su postura queda resumida en una frase: “A los que les va peor, si no se adaptan, quiebran”. Economistas afines al gobierno, como Miguel Boggiano, alegan que las compañías que desaparecen son, en buena medida, negocios que antes se sostenían con emisión monetaria y políticas que califica de populistas, incompatibles con el actual ancla antiinflacionaria. La estrategia oficial se concentra en consolidar la estabilidad macro y la entrada de dólares, confiando en que, si la inflación se mantiene baja y los salarios empiezan a ganarle a los precios, parte del tejido productivo sobreviviente encontrará un nuevo equilibrio.
Elecciones, combustibles y una sociedad partida por el ajuste
Mientras Milei refuerza su narrativa de éxito macroeconómico en foros como la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas en Puerto Iguazú o en giras por Nueva York, indicadores sociales marcan la persistencia de la pobreza, el endeudamiento de los hogares y el avance de la informalidad. La morosidad golpea a cerca de un tercio de quienes tomaron crédito, los servicios básicos son más caros tras el recorte de subsidios y el trabajo estable se vuelve más escaso. Con un aumento de impuestos a los combustibles previsto para octubre y nuevas etapas del programa de ajuste en discusión, el debate sobre quiénes pagan el costo de la transformación económica se proyecta como uno de los ejes centrales de la campaña rumbo a las próximas presidenciales. El laboratorio argentino de la era Milei entra así en una fase en la que la disputa ya no será solo por los números macro, sino por el modelo de país que sobrevivirá al cierre histórico de empresas y al giro productivo hacia los sectores exportadores.