Sábado 3 Octubre 2026
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Arabia Saudita: aumento de ejecuciones de etíopes en el corredor de la muerte desata críticas por falta de debido proceso

Al menos 17 etíopes han sido ejecutados en Arabia Saudita en los primeros siete meses de este año tras ser condenados por delitos de narcotráfico, y organizaciones de derechos humanos calculan que decenas, quizá hasta 200 más, esperan en el corredor de la muerte en prisiones como la de Jamis Mushait. Desde allí, varios reclusos lograron llamar al Servicio Tigrino de la BBC para denunciar juicios sumarios, ausencia de abogados y condiciones carcelarias extremas.

Ilustración de un preso etíope hablando por teléfono desde una celda en Arabia Saudita
Ilustración de un hombre con camiseta blanca y pantalones naranjas hablando por un teléfono fijo junto a unos barrotes, que representa a los presos etíopes que llaman desesperados desde el corredor de la muerte en la prisión de Jamis Mushait, en Arabia Saudita, para denunciar ejecuciones y juicios sin garantías. (Foto: BBC News Mundo)
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Juicios opacos y sentencias de muerte en cadena

Los testimonios de presos identificados bajo seudónimos como Habtom y Desta, ambos originarios de la región etíope de Tigré, describen un patrón reiterado: detenciones tras transportar paquetes que contenían qat u otras drogas, traducciones deficientes, falta de acceso a expedientes judiciales y documentos en árabe firmados sin entender su contenido. Según la investigadora de Amnistía Internacional Dana Ahmed, existe “una falta de transparencia casi total en todo el proceso judicial, desde la sentencia hasta la revisión por parte del Tribunal Supremo y la ratificación por el rey”. La organización afirma que solo en 2025 fueron condenados a muerte 35 etíopes, mientras que en los primeros meses del año actual Arabia Saudita ejecutó a 17 etíopes, cinco de ellos el 27 de julio, de acuerdo con la información recopilada por la BBC y grupos como Reprieve y Human Rights Watch. Las autoridades saudíes, que emiten comunicados oficiales asegurando que se sigue un proceso con investigación, juicio, apelación y decreto real para “proteger a los ciudadanos del flagelo de las drogas”, no respondieron a las preguntas específicas de la BBC sobre las denuncias de juicios injustos.

De la guerra en Tigré al corredor de la muerte

La mayoría de los presos etíopes entrevistados migró huyendo de la guerra civil de dos años en Tigré y de la pobreza, siguiendo rutas peligrosas a través de Yibuti, Somalilandia y Yemen para llegar a Arabia Saudita. Habtom relató que abandonó su sueño de terminar la secundaria y graduarse de la universidad cuando el conflicto truncó sus planes y decidió emigrar. Ya en Arabia Saudita, trabajó como pastor de cabras por poco salario hasta que sus empleadores le ofrecieron más dinero a cambio de transportar un paquete. Según su versión, fue detenido junto a otros etíopes con hojas de qat, un estimulante muy usado en el Cuerno de África, aunque los comunicados saudíes hablan de contrabando de hachís. “No sabía qué llevábamos. Después me dijeron que era qat. Ni siquiera sé qué es el qat”, aseguró. Tanto él como Desta afirman que nunca pudieron defenderse adecuadamente y que fueron obligados a firmar documentos en árabe que implicaban aceptar cargos que conllevan la pena capital, sin disponer de representación legal que explicara las consecuencias.

Hacinamiento, miedo constante y respuesta diplomática limitada

Mientras esperan la posible ejecución, los reclusos describen condiciones de hacinamiento extremo y aislamiento en la prisión de Jamis Mushait. Desta señaló que en su celda viven unos 200 hombres en un espacio diseñado para 90, con 45 literas, lo que obliga a muchos a pasar el día sentados en el suelo en un ambiente sofocante y a cubrirse por la noche con bolsas de basura en lugar de mantas. Solo ven a los guardias cuando se abre la puerta una vez al día para repartir comida; intentos de preguntar por su situación terminan, según su relato, en golpes. “El estrés de afrontar la ejecución, sumado al hacinamiento, nos expone a enfermedades y ansiedad”, resumió. En abril, tres compatriotas de Habtom fueron ejecutados y otros nueve en junio. Estas ejecuciones suscitaron críticas de Human Rights Watch, que denuncia “sentencias masivas” y juicios sin debido proceso, y del patriarca de la Iglesia ortodoxa etíope, Abune Matías, quien reclamó al gobierno etíope negociar con Arabia Saudita y describió a los reclusos como “niños sin voz” que viven “bajo la sombra de la muerte”.

Presión sobre Etiopía y la Unión Africana ante un corredor de la muerte saturado

La actuación del gobierno de Etiopía también está bajo escrutinio. La seguridad de los etíopes en Arabia Saudita se trató en una reunión en Adís Abeba entre el ministro de Asuntos Exteriores etíope, Gedion Timothewos, y el viceministro de Asuntos Exteriores saudita, Walid al Juraiji. En junio, el embajador de Etiopía, Tafa Tulu Dadi, visitó la cárcel de Jamis Mushait, pero, según los presos, dispuso de muy poco tiempo para escuchar sus casos y la semana siguiente volvieron a producirse ejecuciones. La Comisión Africana de Derechos Humanos, órgano de la Unión Africana, instó a Etiopía a salvaguardar la vida de quienes están condenados a muerte en Arabia Saudita. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Etiopía aseguró en un comunicado que mantiene un “contacto regular” con las autoridades saudíes para encontrar “soluciones adecuadas para los ciudadanos etíopes que se enfrentan a circunstancias difíciles” y destacó que casi 2 000 etíopes se han beneficiado de amnistías reales, sin detallar los delitos ni las condenas. Mientras tanto, presos como Habtom y Desta dicen vivir contando los días sin saber cuándo llegará su turno, aferrados a las pocas llamadas que pueden hacer y a la esperanza de que la presión internacional fuerce una revisión de sus casos antes de que la horca cierre definitivamente sus historias.