Martes 22 Septiembre 2026
.:: Internacionales ::.

Alemania: Cómo el este del país se convirtió en el gran bastión de la extrema derecha de AfD

38% de los votos en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y 44% en Sajonia-Anhalt en apenas dos semanas han convertido a Alternativa para Alemania (AfD) en la fuerza dominante del este alemán. La formación, considerada de extrema derecha por los servicios de inteligencia alemanes, ha dejado fuera del parlamento regional a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz y ha consolidado a los estados de la antigua RDA como su bastión electoral.

Alice Weidel, líder de AfD, durante un mitin en el este de Alemania tras nuevas victorias regionales
Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD), durante un mitin en el este del país. El partido, considerado de extrema derecha por los servicios de inteligencia alemanes, acaba de encadenar victorias históricas en estados de la antigua RDA y amenaza el equilibrio político tradicional en Alemania. (Foto: Jens Schlueter/Getty Images)
Internacionales

Un terremoto electoral que desnuda la fractura este-oeste

En las elecciones del 20 de septiembre de 2026 en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Alternativa para Alemania obtuvo el 38% de los sufragios, según los escrutinios oficiales. La Unión Demócrata Cristiana se desplomó hasta el 4,9% y quedó fuera del parlamento regional por primera vez, un golpe inédito para el partido del canciller Friedrich Merz. Dos semanas antes, AfD ya había ganado en Sajonia-Anhalt con el 44% de los votos, quedándose a solo tres escaños de formar gobierno. En Berlín, capital enclavada también en el territorio de la antigua República Democrática Alemana (RDA), el panorama fue distinto pero igual de revelador: el partido poscomunista Die Linke (La Izquierda) fue el más votado con el 25%, seguido por la Unión Demócrata Cristiana con el 19%, mientras AfD alcanzó el 16% y desplazó a los socialdemócratas en su propio feudo histórico. Los resultados refuerzan la imagen de un país partido en dos, con un este que se inclina con fuerza hacia los extremos.

La factura pendiente de la reunificación

El malestar en los estados orientales se alimenta de cifras que muestran, más de tres décadas después, una reunificación incompleta. De acuerdo con la Oficina Federal de Estadísticas, un trabajador de cualquiera de los cinco estados del este gana en promedio un 17% menos que sus pares de los Länder occidentales. La población de la antigua RDA, excluyendo el antiguo Berlín Oriental, se ha reducido además un 16% en los últimos 35 años y en Sajonia-Anhalt el descenso llega al 26%, reflejo de la emigración de jóvenes cualificados hacia el oeste. Para el politólogo Manès Weisskircher, de la Universidad Técnica de Dresde, “muchos alemanes del Este se perciben a sí mismos como 'ciudadanos de segunda clase'”. Rolf Frankenberger, del Instituto para el Estudio del Extremismo de Derecha de la Universidad de Turingia, apunta que “la reunificación de Alemania produjo ganadores y perdedores. Y, a juicio de muchos alemanes orientales, ellos fueron los perdedores”. Ambos subrayan que el proceso generó desigualdades y un escepticismo persistente hacia el Estado que hoy capitaliza AfD.

Desindustrialización, vacío social y herencias autoritarias

La transformación económica tras 1990 fue brutal. Según datos de la Treuhandanstalt, en la RDA operaban 12 354 empresas públicas; más de un tercio, unas 3 700, fueron cerradas definitivamente y el resto privatizadas, lo que impulsó el desempleo hasta el 25% antes de situarse por debajo del 10% en la actualidad. El politólogo Benjamin Höhne, de la Universidad de Chemnitz, recuerda que “la RDA era un Estado secularizado” donde iglesias, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil fueron reducidos hasta casi desaparecer. Tras la reunificación, “la gente intentó conseguir un empleo o conservarlo” y “en ese contexto los actores de extrema derecha ya estaban allí”. A ello se suma una tradición de autoridad fuerte. Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, sostiene que existe “un anhelo tradicional de soluciones provenientes del Estado y de la autoridad”, alimentado por las cuatro décadas de comunismo y por un proceso de desnazificación mucho más corto que en el oeste. La historiadora Claire Burchett, del King's College de Londres, recuerda además que Sajonia-Anhalt y lo que hoy es Mecklemburgo-Pomerania Occidental fueron bastiones nazis en la década de 1930, lo que revela continuidades incómodas.

Inmigración, percepción del riesgo y estrategia de AfD

Paradójicamente, el auge de AfD se produce donde hay menos población extranjera. Según la Oficina Federal de Estadística, excluyendo Berlín, los cinco estados orientales concentran menos de un millón de inmigrantes, alrededor del 8% de su población, frente al 16% en el oeste. Estudios citados en Alemania apuntan a una relación inversa: cuanto menor es el contacto con inmigrantes, mayor es el rechazo. Weisskircher insiste en que “la principal preocupación de los votantes de extrema derecha es su rechazo a la inmigración” y añade que la economía alemana “adolece de crecimiento” mientras sectores clave como la industria automotriz atraviesan una crisis. Burchett subraya otro elemento: la forma de hacer política. Según la investigadora, AfD “está fomentando un sentido de comunidad mediante eventos como barbacoas”, una táctica muy eficaz en regiones con mayor desempleo, aislamiento rural y emigración juvenil que deja atrás una población envejecida y con niveles educativos más bajos. De este modo, la formación etiquetada como “una amenaza para la democracia” por los servicios secretos germanos se presenta como la única que escucha a quienes se sienten abandonados.

Extremos fortalecidos y un centro en retirada

El crecimiento de AfD no es el único síntoma de desgaste del sistema político alemán. En Berlín, Die Linke (La Izquierda) se impuso con el 25% de los votos, demostrando que el desencanto también alimenta al otro extremo del espectro. Burchett sostiene que tanto Die Linke como AfD son “alternativas atractivas” porque “ninguno de los dos ha ostentado el poder lo suficientemente reciente como para decepcionar a los votantes como lo ha hecho el resto del espectro político”. Ambos explotan con habilidad las redes sociales y exhiben candidatos carismáticos y visibles en la calle, frente a unas fuerzas tradicionales percibidas como lejanas. El hundimiento de la Unión Demócrata Cristiana en Mecklemburgo-Pomerania Occidental aumenta la presión sobre el impopular canciller Merz, mientras persiste la incógnita de si algún partido romperá el cordón sanitario y permitirá a AfD gobernar un estado federado. Si eso ocurre, la formación obtendría acceso a información de inteligencia confidencial y podría influir en políticas sensibles como el apoyo a Ucrania o la relación con Rusia. El desenlace, advierten los expertos, dependerá de la capacidad de los partidos de centro para reconstruir confianza en el este antes de que el voto de protesta se consolide como nueva normalidad.