De las amenazas de anexión a un pacto de seguridad ampliado
El anuncio llega después de que Donald Trump amenazara durante meses con apoderarse de Groenlandia por la fuerza, con el argumento de su valor estratégico para la defensa de Estados Unidos y sus recursos minerales. El propio Trump afirmó en la red social Truth Social que el acuerdo otorgará a su país “control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades” del territorio, y aseguró que no implicará “ningún costo para EE.UU.”. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, confirmó el acuerdo pero evitó respaldar públicamente la interpretación maximalista del presidente estadounidense; se limitó a destacar que el texto “fortalecerá la seguridad en el Ártico y la zona del Atlántico Norte” y que, al mismo tiempo, reconoce “la soberanía y la integridad territorial del Reino, así como el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación”. La mandataria precisó que el pacto se firmará durante la Asamblea General de Naciones Unidas y subrayó que deberá superar aún los trámites parlamentarios necesarios antes de entrar en vigor.
Un acuerdo sin texto público y con cláusulas permanentes
El contenido íntegro del documento no se ha hecho público, lo que abre un amplio margen de duda sobre el alcance real de la cesión de competencias. Un funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., citado bajo anonimato, explicó que el acuerdo otorga a Estados Unidos derechos permanentes de acceso, establecimiento de bases y sobrevuelo en Groenlandia, además de la facultad unilateral de construir infraestructura militar adicional sin requerir el visto bueno previo de Groenlandia o Dinamarca. Según esa misma fuente, el pacto incluye una cláusula que garantiza su vigencia incluso si en el futuro Groenlandia se convierte en un país independiente. El funcionario también señaló que se prohíbe a países ajenos a la OTAN instalar bases en la isla y se bloquean las inversiones de “adversarios” en “sectores sensibles”, una referencia directa a Rusia y China, que deberán contar con aprobación expresa y por escrito de la Casa Blanca para cualquier presencia militar o proyecto considerado crítico.
Groenlandia, pieza central de la estrategia militar ártica de EE.UU.
Groenlandia alberga desde la Guerra Fría la base de Pituffik, donde Estados Unidos mantiene más de 100 efectivos militares permanentes. Esta instalación, situada a unos 1 200 kilómetros del Polo Norte, forma parte del sistema estadounidense de alerta temprana frente a ataques con misiles y está a cargo del Grupo Base Espacial 821, que integra al Escuadrón de Alerta Espacial 12 y al Destacamento de Operaciones Espacial 23. Su misión es vigilar el espacio, monitorear lanzamientos y controlar satélites de defensa. Trump sostiene que Groenlandia es clave para su proyecto de un sistema de escudo antimisiles denominado “Cúpula Dorada”, concebido para proteger a Estados Unidos de ataques de Rusia y China, y ha sugerido que los aliados europeos podrían contribuir a su financiamiento y despliegue. Además de su valor militar, la isla posee vastas reservas en gran medida sin explotar de minerales de tierras raras, esenciales para tecnologías como teléfonos celulares y vehículos eléctricos, lo que la convierte en un objetivo codiciado en la actual competencia tecnológica global.
Reacciones en Groenlandia y victoria política en Washington
Desde Nuuk, Jens-Frederik Nielsen, representante del gobierno de Groenlandia, calificó como “gratificante” estar a punto de cerrar un pacto que, a su juicio, “garantiza y refuerza la seguridad” de Groenlandia, Dinamarca y Estados Unidos. Según Nielsen, el texto “reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro papel en la cooperación internacional” y lo definió como “beneficioso para todos”. En Washington, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, celebró el texto como un “acuerdo histórico” y “gran victoria para EE.UU. y el pueblo estadounidense”, y sostuvo en declaraciones a Fox News que el pacto “aborda de manera permanente y completa nuestras preocupaciones de seguridad nacional en Groenlandia”. Sin embargo, al no conocerse todavía el lenguaje exacto del documento, sigue sin estar claro en qué medida el nuevo marco jurídico difiere del pacto de 1951 entre Estados Unidos y Dinamarca, que ya autorizaba a Washington a desplegar tantas tropas como considerara necesario en la isla.
Un equilibrio frágil entre soberanía, seguridad y rivalidad con Rusia y China
El acuerdo se presenta como respuesta, según el funcionario del Departamento de Estado de EE.UU., a la situación actual en la que Rusia y China han podido invertir en “sectores sensibles” de Groenlandia sin someterse a controles estrictos. La nueva arquitectura pretende cerrar esa puerta, al prohibir que esos países desplieguen tropas o desarrollen inversiones con potencial impacto estratégico, consolidando la posición estadounidense en el Ártico. No obstante, el hecho de que Estados Unidos obtenga facultades unilaterales para ampliar infraestructura militar y vetar inversiones foráneas abre un debate de fondo sobre la capacidad real de decisión del gobierno groenlandés y del Parlamento danés. Las próximas discusiones legislativas en Copenhague y Nuuk, así como la publicación del texto oficial, serán decisivas para determinar si el pacto consolida una cooperación equilibrada o si, en la práctica, blinda la primacía de Washington sobre la seguridad y el desarrollo económico de uno de los territorios más estratégicos del planeta.