Martes 15 Septiembre 2026
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China: Más de 82 millones de visualizaciones impulsan el auge de mujeres vistiendo ropa de hombre

Más de 82 millones de visualizaciones en la etiqueta "mujeres vistiendo ropa de hombre" en Xiaohongshu evidencian un fenómeno creciente en el que mujeres jóvenes chinas eligen, cada vez más, prendas masculinas. Este aumento responde a factores como la mayor calidad, el bajo precio, la comodidad y la funcionalidad, así como al malestar ante los sistemas de tallaje y la degradación industrial tras la pandemia. En Shanghái, casos como el de Kexin, quien ahora comparte armario mayormente con ropa de hombre, representan una tendencia que desafía convenciones de género y patrones históricos del sector textil chino.

Miles de mujeres jóvenes en China eligen ropa masculina por funcionalidad, precio y calidad, según tendencias 2024.
Kexin, empleada en Shanghái, y otras mujeres jóvenes chinas optan por ropa de hombre motivadas por mayores estándares de calidad, bajos precios, mayor comodidad y mejor funcionalidad, en respuesta a problemas persistentes en las tallas y confección de la ropa femenina en China.
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Una tendencia viral que refleja cambios sociales y económicos

El auge de las mujeres chinas optando por ropa de hombre no ha pasado desapercibido en las redes. La etiqueta "mujeres vistiendo ropa de hombre" acumuló más de 82 millones de visualizaciones en Xiaohongshu, mientras que la de "vestimenta de género neutral" superó los 90 millones. Esta viralización ha hecho visible un cambio en los hábitos de compra y la relación de las consumidoras con la moda y la identidad de género. Contrario a lo que ocurría antes, muchas compradoras relatan que buscan prendas tradicionalmente masculinas empujadas por una percepción de mayor comodidad, acabados más cuidados, materiales como algodón y lino, bolsillos amplios y precios notablemente inferiores. El discurso comercial también ha cambiado: las campañas de Douyin, similar a TikTok, insisten en la neutralidad de las prendas y prescinden de presionar a las compradoras con los estándares tradicionales de belleza femenina.

Industria textil en crisis y el giro hacia el consumo racional

La industria de la confección en China atraviesa una crisis profunda postpandemia: en 2024, las ventas al detalle apenas crecieron un 0,1%, muy lejos del repunte de casi 15% experimentado en 2023. Las empresas han reducido la variedad de diseños, externalizado la fabricación a países del Sudeste Asiático para reducir costes y priorizado la producción para cuerpos esbeltos, ya que fabricar tallas grandes resulta más costoso: producir 20 prendas grandes cuesta lo mismo que 200 medianas. Ante la subida del precio de las materias primas, marcas y fabricantes han optado por diseños estandarizados, en detrimento de la adaptabilidad para diferentes cuerpos. Según Wang, diseñadora de una marca de moda, esto solo agravará la tendencia: con productos menos adaptados e incomodidad creciente, la migración de consumidoras hacia la ropa masculina podría acelerarse.

El conflicto de las tallas y la frustración de las consumidoras

Uno de los aspectos más criticados por las consumidoras ha sido el sistema de tallas de la ropa femenina en China. En redes sociales como Douyin y Xiaohongshu proliferan vídeos de influencers que no caben ni en la talla XL local, y casos como el de Li, una abogada de Shanghái que mide 1,70 metros y tiene hombros anchos, ilustran este problema. Li relata que la ropa de mujer rara vez le queda bien y en cambio, los pantalones de hombre talla M permiten incluso portar una tableta de 28 cm y un libro en los bolsillos, sin perder forma ni funcionalidad. La "talla de niña" se ha impuesto como estándar, forzando a muchas clientas a buscar opciones fuera del segmento femenino tradicional, no por hacer una declaración de género sino por pura practicidad. El costo psicológico y la presión corporal también han cambiado el patrón de consumo, favoreciendo productos funcionales antes que los dictados de la moda rápida.

El impacto del contexto económico y laboral en las decisiones de compra

La debilidad de la economía china tras las restricciones por covid-19 en 2022, sumado a intensos ritmos laborales como el "996" (de 9 a 21 horas, seis días a la semana), ha llevado a una cautela financiera marcada en las consumidoras jóvenes. Casos como el de Kexin muestran cómo empleadas priorizan ahora el valor y la durabilidad ante el gasto superfluo. Prendas de hombre con precios en torno a los 100 yuanes (unos 14 dólares) les ofrecen una alternativa accesible, cómoda y libre de la presión de devolver productos por mal ajuste. Para muchas, comprar ropa de hombre ha dejado de ser una rareza y se ha vuelto una decisión de consumo racional, ajustada a la realidad económica y a la poca disposición a renovar el armario cada temporada. Con la producción local estancada y la presión de costes persistente, todo apunta a que este cambio en los hábitos femeninos solo se fortalecerá en los próximos años.