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Diriangén campeón de Copa Nicaragua: orgullo, tradición y mucho futbol

 Entre algarabía, filarmónicos y cantos de la barra fiel, el equipo Cacique Diriangén se enrumbó hacia Managua, este miércoles, 14 de octubre, con el objetivo de ganar el trofeo de la Copa Nicaragua.

La afición se desbordó, en un acto bastante temerario, por el contexto de pandemia del Covid-19, coparon un total de 14 buses, más los vehículos particulares que nutrieron la comitiva cacique.

En el estadio nacional, aún sin nombre, la logística falló. La aglomeración de personas fue incontrolable, no tomaron ningún tipo de precaución ni exigieron el uso de mascarillas. Todos se olvidaron del coronavirus y se dejaron poseer por el espíritu futbolero.

Los 90 minutos arrancaron y el Managua FC, el campeón defensor, se adueñó del balón y poco a poco se fue abriendo campo, sin embargo, Diriangén pudo aguantar y mantener en 0 su marco, defendió con eficiencia por Justo Lorente Collado. De los pelotazos, los Caciques empezaron a ir hilvanando jugadas más inteligentes, con un mediocampo orquestado por el uruguayo José Bernardo Laureiro, que con el paso de los minutos empezó a repartir balones, pero adelante, estaba demasiado solitario el argentino Alexis Ramos.

El director técnico Flavio da Silva decidió poner toda la carne en el asador y realizó dos cambios para el segundo tiempo. Abner Acuña aportó velocidad, Luis Fernando Coronel entró a dar dinamismo al ataque y permitió que Jeffry Chávez pudiera proyectarse para agudizar las llegadas al terreno de los Leones Azules.

¡CAMPEONES! 😍🏆

Llegó el gol con un mejor dominio de juego, el Cacique Diriangén poco a poco iba ganando espacios y hasta le anularon un gol, al igual que al Managua FC.

Parecía que el partido culminaría en empate, pues el balón se negaba a alojarse en las redes. Justo faltando 5 minutos para que terminara el tiempo reglamentario, en jugada a balón parado, la especialidad de Laureiro, vino el milagro que Diriamba entera estaba esperando.

El uruguayo cobró con precisión, el balón parecía seguir la ruta trazada por el mágico pincel de un pintor, mientras en el otro extremo se encontraba, prodigiosamente preparado para recibirlo, el argentino Ramos para cabecear magistralmente hacia abajo, el balón picó donde el meta Lester Acevedo no podía hacer nada. Las graderías estallaron, en Diriamba sonaron cohetes y en cada casa donde veían el partido se escucharon los gritos.

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Los siguientes minutos fueron de suspenso, los Leones Azules insistieron en buscar la paridad, hubo jugadas peligrosas que hicieron que más de uno se comiera las uñas.

La genialidad de Laureiro y la técnica perfecta para cabecear de Ramos, los convierten en héroe, sin embargo, el equipo en realidad lució muy bien, atrás, Marel Álvarez se echó encima la defensiva y Justo Lorente se lució bajo los tres palos.

Diriamba enloqueció

La fiesta inició en el estadio y concluyó en Diriamba, donde al filo de la media noche todo era fiesta, incluso, la basílica menor de San Sebastián abrió sus puertas para que el patrono de los diriambinos recibiera a los campeones con su trofeo.

Era tan grande la caravana de vehículos que los jugadores llegaron a la 1 de la mañana hasta el templo madre de los diriambinos. Esta es la novena copa que ganan los blanquinegros, a quienes llaman “Rey de Copas”. En un gesto muy hermoso, Alexis Ramos entregó la copa a uno de los más fieles seguidores del equipo, quien con andarivel o en silla de ruedas, nunca falla a los partidos del cacique.

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