“La idea de vender refresco en la calle, fue iniciativa de mi madre, quien se marchó del país por la situación económica en la que estamos todos los nicaragüenses. Ahora me quedé poniendo mi empeño para mantener el pequeño emprendimiento que hasta este día, representa el alimento de mi hijo y de mi pareja”, comparte el joven.
Gonzales Mairena ha invertido en el negocio para volver más óptima la producción de refrescos. “Hemos innovado”, dice.
“Utilizo ahora unas máquinas para procesar la naranja y ofrezco los refrescos a 30 córdobas, Dios ha sido bueno, porque mis ventas generalmente siempre están buenas. Me siento contento, al ver que con mi emprendimiento, he motivado a otros comerciantes ambulantes a ofrecer el mismo producto”, relata.
Sueña con un local
Una de las metas de González Mairena, es ver su pequeño negocio de refrescos convertido en un establecimiento de batidos varios en esta ciudad caribeña.
En Bluefields, son cada vez más frecuentes los pequeños negocios manejados por vendedores ambulantes jóvenes y adultos mayores, que emprenden para sacar adelante a sus familias, pese a la crítica situación económica que enfrenta la población. “El problema es el alto costo de las cosas, la comida está cara, hay que pagar impuestos para vender y esto asfixia a los emprendedores”, se queja uno de ellos.
“Si, a veces es difícil, pero tengo que luchar por mi familia, mi mamá se vio sin opciones y emigró para mejorar. Soñamos con dejar de vender ambulantes y contar con local propio, por eso se fue y yo aquí mantengo la lucha”, dice por su lado González Mairena. “Tenemos fe en que es posible dejar la calle y ubicarnos en un sitio fijo para ofrecer batidos naturales, tenemos las mejores expectativas”, apunta.
Carecen de apoyo de autoridades
En Bluefields existe desde hace años una junta directiva conformada por emprendedores a las que están integrados vendedores ambulantes, y otros informales que varían de lugar, según se los permita el mercado.
La queja de los comerciantes que integran el grupo, es que de nada les ha servido organizarse, las autoridades no toman en cuenta sus demandas, ni los busca para regular sus espacios de venta. “Nos ignoran”, se quejan.
La alcaldía del municipio en años anteriores, asumió el compromiso de ubicar al comercio ambulante en un centro que funcionaría como mercado de compras, pero la promesa no se ha materializado y los vendedores ambulantes, se colocan cada día donde les es posible, aunque se enfrenten a los vendedores formales que se quejan por afectarles su espacio.




