Leiva, quien había sido detenido y encarcelado, fue sentenciado a una especie de servidumbre dentro de la prisión por sus compañeros de celda, quienes lo obligaron a servirles durante el tiempo que permaneciera encarcelado. Temiendo represalias por parte de los otros reclusos, Leiva solicitó durante su audiencia ante la jueza Aleyda Irías, especializada en violencia, ser trasladado del penal La Modelo a la cárcel de Matagalpa. Sin embargo, su solicitud no se concretó, y la presión y el miedo en el ambiente carcelario llevaron a un trágico desenlace.
El caso ha generado conmoción tanto dentro como fuera del sistema penitenciario, resaltando las dinámicas de justicia y venganza que a menudo se desarrollan entre los internos. La situación también pone de manifiesto la necesidad de garantizar la seguridad de todos los reclusos, independientemente de sus crímenes, para evitar que situaciones como esta se repitan.




