Martes 13 Octubre 2026
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Un brutal asalto obligó a un ex guarda de seguridad a tomar una de las decisiones más importantes de su vida

A los 28 años Manuel Alvarado perdió su pierna izquierda tras recibir un impacto de bala de AK 47, pero ésto no impidió que siguiera con su vida para sacar adelante a sus hijos.

Un brutal asalto obligó a un ex guarda de seguridad a tomar una de las decisiones más importantes de su vida
Luego de perder su pierna izquierda a los 28 años, Manuel Alvarado hizo de la bicicleta su principal medio para movilizarse y tener independencia.
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“Tenía asignada un arma corta calibre 16 de un solo tiro cuando era vigilante y fui asaltado por un grupo de delincuentes a quienes les facilitaban las armas para fregar a la ciudadanía. Ese día rondaba la empresa cuando ingresaron disparando a quema ropa con un AK 47 para asaltar el establecimiento, de los tres disparos que me impactaron uno de ellos causó la amputación de mi pierna”, cuenta el jubilado de 63 años, en una de las calles empedradas que conduce a su casa, ubicada en un asentamiento al sur de la ciudad de León.  

En el año 1987 Manuel Alvarado trabajaba como vigilante en la empresa “La Tendería los Leones,” una empresa donde se elaboraban piezas de calzado, bolsos y otros artículos de cuero, en el barrio Guadalupe. Esta fue asaltada por un grupo armado que se denominaban “Miembros de los cachorros”, en aquel entonces asegura que la delincuencia mantenía armas,  tras el triunfo de la Revolución Sandinista y posterior conflicto en los años 80.

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“Ellos rondaban todos los días la empresa”, dice Manuel al referirse al grupo de delincuentes. “Varias veces habían intentado asaltar, pero ese día llegaron directamente y atacaron con AK 47. El grupo estaba conformado por cuatro hombres, uno de ellos al verme disparó y la bala pasó a la altura de mi cabeza, pero un segundo y tercer disparo lograron herirme. Una de las balas me impactó en la pierna derecha y me dejó inmovilizado y en el suelo. Recuerdo que todo estaba oscuro y al verme tendido pensaron que me habían matado, pero estaba inconsciente, cuando desperté estaba en el hospital. La bala había salido y había causado una grave infección que al final acabó con un miembro amputado debajo de la pelvis”, relató Alvarado.  

“Ese día mi vida cambió para siempre, el médico me dijo ‘hay que amputar la pierna porque está con gangrena. Esto es rápido porque su vida depende de ello’, esas últimas palabras fueron un detonante en mi futuro”, expresa el ex guarda de seguridad. 

Perdió su pierna, trabajo y familia 

A raíz del asalto Manuel, no solo perdió su pierna, sino también a su esposa quien terminó abandonándolo por su discapacidad. 

“Me quedé solo con mis hijos porque la mujer me abandonó al poco tiempo del asalto, pero era joven y a pesar de mi discapacidad me sentía bastante entero y tenía que conseguir un trabajo y un lugar donde vivir. El único obstáculo que tenía era que no podía movilizarme con facilidad, pero había que buscar la manera de hacerlo para sacar adelante a mi familia y fue ahí donde se me ocurrió usar una bicicleta. Entonces me decía: ‘si logro dar medio pedal o un pedal entero ya no perdí mi canilla’ porque me sentía seguro y empecé solo a inventármela. Busqué una faja ancha y la ajusté al pedal de una bicicleta BMX. Comencé a impulsarme con la muleta para dar pedal y así practiqué por varios días en el interior de la casa hasta que me tocó salir por una emergencia, había que llevar a la niña a la escuela desde el barrio Guadalupe al Oscar Pérez y tomé el riesgo. Todos se quedaron asustado de ¿cómo lo había hecho?, desde entonces la bicicleta se convirtió en la otra parte de mi cuerpo. Me devolvió la vida y mi la libertad de movilizarme”, relató.  

Durante el tiempo de convalecencia Manuel, permaneció en la casa de su patrona frente a la empresa donde fue herido. Pero a los años, tuvo que abandonarla para buscar un lugar donde criar a sus hijos.

“Eso ocurrió a principios de los años 90. Se había levantado una manifestación en la ermita de Dolores encabezada por Omar Cabezas y aproveché la ocasión para pedir ayuda. Entonces escribí una carta a la alcaldá solicitando que me donaran un terreno y un par de bastones para movilizarme. Recuerdo que me dijeron ‘no te preocupes’ y así conseguí donde quedarme con mis hijos.     

Años más tarde La Tendería, prescindió de los servicios de vigilancia de Manuel quien fue liquidado con 5 mil córdobas de indemnización. “Aquellos tiempos fueron los más difíciles de mi juventud. En el 2006 me volvieron a contratar, pero en el 2019 a raíz de la crisis sociopolítica y económica del país, la empresa se declaró en quiebra. Desde entonces estoy desempleado, pero siempre le pongo empeño a la vida para salir adelante”.

Antes del asalto Manuel era un joven al que le gustaba recorrer su municipio, ir a playas, de pesca, y trabajar. Hoy en día su actividad de movilización se ha reducido por su edad y se mantiene con el salario de jubilados de 5,500 córdobas que recibe mensual del INSS por sus cotizaciones. 

Fomenta la inclusión social de las personas con discapacidad 

Manuel es creyente y apegado a los designios de Dios. Dice que siempre hay alternativas y un motivo para seguir adelante con la protección divina, es por ello que motiva a otras personas a no darse por vencidas.   

"Yo visito a un amigo que también le amputaron la pierna, lo motivo para que siga adelante con su vida, que practique algún deporte o tenga el deseo de hacerlo. Es importante fomentar la inclusión social de las personas con discapacidad tal como lo hice al decidirme por la bicicleta para movilizarme de manera independiente", indicó. 

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A su edad Manuel sigue pedaleando largos kilómetros, a pesar que se encuentra en el grupo de personas que son más discriminadas en Nicaragua, principalmente en la plaza laboral y en la movilización en la vía pública donde muchas veces ha corrido el riesgo de ser atropellado por la falta de cortesía de algunos conductores. 

Manuel tiene una niña de 8 años, producto de una relación que tuvo con una leonesa. Es su motor y su razón de vivir. A diario la transporta en su bicicleta a la escuela, luego regresa a casa a realizar los quehaceres propios del hogar. Una jornada que cumple todos los días con entusiasmo y sin renegar.