Nacido con la luna nueva
Ramón Barreda nació el 24 de abril de 1933, un lunes en que, como solía decirse en su pueblo, ni las gallinas ponen ni los gallos cantan. Hijo de Tránsito Barreda y Esther Rodríguez, desde niño demostró tener una mente brillante y una imaginación desbordante. Su madre contaba que, a los siete años, ingresó al primer grado de primaria ya sabiendo leer, sin que nadie supiera quién le había enseñado.
– “Monchito, de pronto, empezó a leer. Nadie le enseñó que la ‘a’ tenía una colita y la ‘o’ era redonda, redondita”, recordaba doña Esther, entre asombro y ternura.
Un lector insaciable
A los 13 años ya leía todo lo que caía en sus manos: novelas, periódicos, revistas. Su hijo, el pintor Óscar Barreda González, relata que entre los autores que lo cautivaban estaban Julio Verne, Cervantes, Dumas, Shakespeare y Víctor Hugo. Uno de sus libros favoritos era A través del Islam, del viajero marroquí Ibn Battuta.
– “Ese libro lo transportaba a otros mundos. Lo leía una y otra vez con los ojos iluminados”, cuenta Óscar.
Con el tiempo, Ramón amplió sus lecturas hacia la filosofía y el pensamiento político. Era amigo cercano del doctor Alejandro Dávila Bolaños, quien le prestaba libros como El Capital de Marx o El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels.
Una mente brillante en tiempos duros
En la Estelí de los años 40 y 50, Ramón se convirtió en uno de los lectores más destacados. El profesor y escritor José Obed Morazán Rodríguez, quien fue su amigo, lo describe como un “lector diamante”, parte de una generación que valoraba los libros como un tesoro.
– “En ese tiempo, los libros se prestaban con respeto y se cuidaban como oro. Ramón siempre andaba con uno bajo el brazo”, recuerda Morazán.
Incluso su madre usaba esa señal para encontrarlo cuando se perdía: “Es morenito, orejón, le dicen chicharrón, y siempre anda con un libro debajo del brazo”.
Maestro, ajedrecista y melómano
Además de escritor, Ramón fue un amante del ajedrez. Enseñó a todos sus hijos a mover las piezas y pensar estratégicamente. También tenía una profunda pasión por la música clásica, compartida con su hermano Felipe. Disfrutaba a Wagner, Tchaikovsky, Mozart, Beethoven, Stravinsky y muchos más.
El legado de Lencho Catarrán
En la década de los años 80, escribió libretos de radionovelas para la radiodifusión nacional, incluyendo el popular programa Lencho Catarrán, transmitido por La Voz de Nicaragua. Con este personaje campesino, Ramón logró mezclar humor, crítica social y sabiduría popular, conectando con el pueblo como pocos lo han hecho.
El autor más prolífico… e inédito
A pesar de su vasta producción literaria, buena parte de su obra permanece inédita. Él mismo decía, con una sonrisa cargada de ironía: “Soy el más prolífico de los autores inéditos en lengua castellana”.
A los 19 años escribió su primera novela, Flor de Vesania. De ella decía entre risas: “Cometí el pecado de escribirla y el crimen de publicarla”. También publicó cuentos y poemas en suplementos literarios, siendo incluido en la Antología del Cuento Centroamericano.
Un adiós con memoria
Ramón Barreda fue esposo de doña Rosalía González, “doña Chalía”, y padre de Walkiria, Pasionaria, Carolina, Kassandra, Nadia, Óscar Enrique y Luis René. Su vida estuvo marcada por la lectura, la escritura, la música y el amor profundo por su familia y su pueblo.
Hoy, Estelí y Nicaragua despiden a un hombre que dejó huella no solo por su obra, sino por su ejemplo de pasión por el saber, el arte y la libertad del pensamiento.




