La investigación policial avanzó rápidamente. Se encontraron las chinelas de la adolescente cerca de la escuela Francisco Hernández de Córdoba. Con la ayuda de Max, un perro policía entrenado en rastreo, los oficiales siguieron el olor de la víctima hasta una parcela propiedad de Alicia del Carmen Mairena, donde Díaz Espino trabajaba como cuidador.
Max señaló un rancho en la propiedad, donde se encontraron indicios del crimen: una cadena rota identificada por la madre de la víctima, un preservativo usado, papel higiénico y envolturas de condones. La evidencia sugiere que Díaz Espino intentó violar a la joven, pero su resistencia desencadenó su furia. La golpeó repetidamente contra un pilar de madera hasta causarle la muerte.
Para ocultar el crimen, Díaz Espino trasladó el cuerpo a un predio cercano, lo roció con gasolina y le prendió fuego. Al día siguiente, al notar que algunos restos no se habían consumido por completo, los recogió en un saco de nailon y los arrojó a un hoyo con agua. Los restos semicalcinados de O.S.A.D. fueron descubiertos por la policía, junto con fragmentos de huesos, tejidos blandos y órganos quemados.
El Juicio y el Veredicto:
En el juicio, celebrado en el Complejo Judicial de Chinandega, la fiscalía presentó pruebas contundentes, incluyendo testimonios forenses, evidencias físicas y declaraciones de testigos. El médico forense confirmó que la muerte de O.S.A.D. fue causada por traumatismos craneales severos y que su cuerpo fue quemado después del asesinato.
La fiscalía destacó el papel fundamental de Max, el perro policía, en la resolución del caso. No solo guio a los investigadores hasta el rancho donde ocurrió el crimen, sino que también señaló el lugar donde Díaz Espino intentó ocultar las pruebas. El acusado fue detenido mientras intentaba borrar rastros cerca de un árbol de Guanacaste.
La fiscalía solicitó prisión perpetua revisable para Díaz Espino por el delito de asesinato agravado y 10 años adicionales por violación agravada en grado de tentativa.
Citas:
La jueza Isabel Mayorga declaró a Díaz Espino culpable de los cargos, destacando la brutalidad del crimen y el móvil de odio que lo impulsó. "Hizo uso extremo y salvaje de la fuerza hasta terminar con la vida de la víctima. Denota el desprecio y odio que tenía hacia la víctima. Toda la prueba ha sido contundente y coherente entre sí y ha demostrado los hechos acusados", dijo la judicial.




