Miércoles 14 Octubre 2026
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Ser Partera es una labor ancestral y viva en Carazo

Por: Periodista Vanesa Téllez

Ser madre para muchas mujeres es una de las experiencias más bellas en la vida, la larga distancia hacia un centro hospitalario o el simple hecho de decidir tener un parto en la comodidad de su casa ha hecho que cientos de mujeres opten por ser atendidas por parteras, esta realidad continúa latente en el departamento de Carazo dónde muchas mujeres se dedican a esta labor.

Momento en que Partera soba la panza de embarazada para hacer cambiar de lugar al bebé
Las parteras además de asistir en el parto asisten previo con sobar las panzas de embarazadas en caso de que el bebe este en mala posición para nacer
Carazo

Cientos mujeres generalmente de comunidades alejadas en el departamento de Carazo han dado a luz en casa y bajo el cuido de estas comadronas como también se les conoce, el deseo de ayudar a otras mujeres, continuar una labor ancestral, la necesidad o la falta de recurso económicos les hizo aprender cómo atender un parto en casa.

 Práctica Ancestral  

El rol de una partera es bastante complejo, no basta solo con acomodar al bebé o dar baños con hierbas a las recién alumbradas, estas deben de ser las guías de labor y parto, que indiquen  qué hacer y cuándo pujar a las futuras madres quienes más que estar concentradas deben de tener valor.

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Las parteras generalmente las encontramos en zonas alejadas de la zona urbana.

Quienes llevan décadas ejerciendo esta labor aducen que la fuerza, determinación y valor de una mujer son fundamentales e indispensables al momento de dar a luz, así nos comenta doña Ignacia García, quien  inició la práctica de partera cuando era joven. 

Igual que ella hay muchas mujeres quienes se han dedicado de generación en generación a efectuar esta práctica por diversos motivos pero con un mismo objetivo salvar la vida del bebé y la madre. En comunidades alejadas de las zonas rurales el tiempo se vuelve el determinante entre traer una vida o cobrar dos,  por ello las parteras trabajan contra reloj y hacen todo lo que está a su alcance.

En la actualidad esta labor poco se practica, pero hay féminas que prefieren que su parto sea atendido por una partera que por un médico, debido al miedo a una cesárea o la distancia de los centros médicos, en Carazo hay cientos de personas que dan su testimonio de venir al mundo gracias a una partera la historia de doña Ignacia García es uno de esos ejemplos.

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Partera y madre 

Doña Ignacia García  es una mujer mayor, las canas más que su edad denotan la sabiduría adquirida en  tantos años como partera, ocupación que aprendió por una amiga quien desde su adolescencia le comenzó a explicar en qué consistía ser partera, labor que llamó su atención, con el pasar de los años cuando le tocó el  turno de dar a luz fue entonces que decidió ella misma atender sus 12 partos según nos relata fueron momentos difíciles, sin embargo García da gracias a Dios que ninguno de sus hijos presentó complicaciones médicas. 

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Hay que inspirar valor al momento del parto pues es fundamental la confianza y la valentía para dar a luz asegura Ignacia.

Sus manos le sirvieron para tomar las medida de cuanto centímetros faltan para dar a luz  y calcular el tiempo que podría tardar. La voz de Ignacia se convertía en el consuelo y ánimo para ella y para las mujeres que atendía.

Durante su labor ha traído al mundo a unos 40 niños entre estos a  sus nietos, puesto que García fue la encargada de atender los partos de su hija mayor y una de sus nueras, en su memoria tiene estos recuerdos tan vivos como si fuera ayer el día que las atendió, a su nuera en especial puesto que el bebé venía con el cordón umbilical enrollado en el cuello, motivo por el que los médicos le habían dicho tenia que ser cesareada, sin embargo la destreza y sabiduría de Ignacia hicieron que ella tuviera un parto normal y sin mayor complicaciones, contra todo pronóstico médico ella fue capaz de ayudar a traer al mundo a su nieto.

Catalina García una de sus hijas dice sentirse orgullosa y agradecida con su madre ”Sentí más confianza que fuera ella quien me atendiera que visitar un hospital, el cuido es mejor en casa” nos cuenta, ella se sumó a la lista de mujeres que atendió doña Ignacia.

Y es que según la su hija, Ignacia no solo les ayudo a las mujeres a dar a luz, también se encargaba de brindarles recomendaciones de cómo cuidarse de indicarles que en los primeros 40 días, no podían hacer ningún esfuerzo físico o comer alimentos dañinos, tomaba en cuenta que la recién alumbrada no podía comer cualquier cosa motivo por cual indicaba cuidar su dieta.

La vida en sus manos 

 Infusiones de plantas, agua caliente, alcohol y tijera son parte de los insumos indispensables para las parteras, quienes más que dar indicaciones soban la parte del abdomen para facilitar el trabajo de parto, llevan el tiempo que duran las contracciones y están atentas cualquier anomalía tanto con el bebé como la madre una labor bastante ardua.

Una partera o comadrona también debe de cuidar de no romper la placenta puesto que esto les puede generar serias complicaciones  a las recién alumbradas por lo que también deben cuidar que luego del parto la placenta salga en sus totalidad, darles algún tipo de infusión de plantas o un poco de aceite fino mientras se les hacen masaje, es también parte del trabajo de estas mujeres que se compensan con un gracias.

Conocidas y sin Reconocimientos 

En las comunidades rurales más alejadas de de Nicaragua estas mujeres continúan desempeñando esta labor que trasciende de generación en generación, pese a esto en el país no se les brinda  el reconocimiento que merecen. Décadas en esta labor solo es reconocidas en los pueblos y por quienes agradecen estar en el mundo gracias una partera, sin que el sistema de salud les brinde una un espacio donde se califique como práctica médica su labor.

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En los patios las parteras mantienen plantas medicinales que sirven como insumos para te e infusiones necesarias en el cuido de la recién alumbrada y pequeña o pequeño recién nacido.