Don Eduardo Gutiérrez, de 83 años, es el caballero que en 24 horas le puede confeccionar al cliente una prenda de vestir a su gusto y de calidad.
“Cuando era joven, viví en la esquinas donde ahora habita el doctor Zelaya, allí alquilaba y trabajaba como sastre para mantener a mis 5 hijos. Económicamente estaba muy bien en aquellos tiempos, la gente daba a hacer bastante trabajo, imaginate que durante el día me dedicaba a la sastrería y por la noche me iba al cine Julia, ubicado frente al parque de San Marcos, a proyectar las películas y ganaba mejor”, recuerda don Eduardo.

Asimismo, señala que los clientes no le fallaban y aún su trabajo tiene demanda, aunque reconoce que en estos momentos hay un “bajón”.
“Aquí vienen clientes de Managua y de todo el país, yo solo me he recomendado al hacer un buen trabajo, tengo clientas que viven en los Estados Unidos y cuando vienen a Nicaragua traen la tela, ahora la espero con ansias, pues está mal el trabajo y estoy acostumbrado a permanecer en una máquina, esto me tiene un poco desanimado”, sostiene el sastre originario de Diriamba, pero que llegó muy joven a vivir a San Marcos.
70 años de ser sastre
Aún recuerda con la mente lúcida que inició a trabajar a los 15 años, en un taller en la ciudad de San Marcos, luego se independizó, con su propio local, llamado Sastrería Gutiérrez, donde al menos generaba empleo para 5 personas.
Toda una vida, con 70 años de oficio, se dedicó a tomar las medidas de sus clientes y realizar diferentes tipos de trabajo, por ejemplo, los modelos de ropa que en tiendas los venden muy caros, él los deja igual, porque cose y corta las prendas con exactitud. Esto permite que su trabajo sea personalizado.

Por su parte, sus hijas están pendiente de su salud, pues hasta el momento no padece de ninguna enfermedad, solo hay que hablarle al oído un poco más fuerte. Maritza convive en la misma casa y en la siguiente vivienda habita Matilde. Ambas siempre están tratando de animarlo y de explicarle por qué no llegan los clientes como antes, haciendo énfasis en que la situación económica del país está un poco difícil.
Don Eduardo Gutiérrez próximamente cumplirá sus 84 años y no pierde las esperanzas de que sus clientes llegarán poco a poco a arreglar o a confeccionar sus prendas de vestir, en su taller ubicado de la gasolinera UNO, una cuadra al norte, media al este, en San Marcos, Carazo.




