Actualmente, suma 68 años de edad. Nació en la ciudad de Jinotepe, Carazo, Nicaragua. Tuvo dos hijos. Profesionalmente lo ha tenido todo. Cuenta con una licenciatura en administración de empresas y una en físico- matemáticas. Tiene estudios profesionales de consejería para atender a estudiantes en riesgos y cientos de diplomas de seminarios y cursos para la pedagogía y las matemáticas.
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En el año 2005, logró conquistar el premio de la mejor maestra de Nicaragua. Además, se ha destacado por ser la tutora de estudios de cientos de chavalos para realizar exámenes de admisión, para poder aplicar a una carrera profesional en las distintas universidades de Nicaragua.
Colaboró como docente de matemáticas durante 30 años en el Instituto de secundaria, ahora llamado: “Manuel Hernández Martínez”, ubicado en su misma ciudad de origen.
Zambrana aún no está quieta, sigue activa dando de su talento desde el negocio que es propiedad de uno de sus hijos, lugar en donde realiza funciones de administradora y dependiente. No así, no negó una charla amena para remontarnos a sus tiempos dorados como docente de estudios secundarios.
¿Maestra..?
-Sí, de vocación. Egresé de la Escuela Normal Franklin D. Roosevelt. Era solo de varones, después pasó a ser mixta en 1986. Ese año ingresé yo a la normal.
¿Estudiantes buenos y malos, qué dice usted de eso?
-El estudiante se hace con esfuerzo. Muchas veces se asombra uno hasta dónde puede llegar un estudiante.
¿Qué no toleraba como docente?
-Un alumno haragán que no estudiara y que fuera copión.
¿Qué hacía cuando un estudiante se paralizaba en el pizarrón?
-Usaba muchas estrategias. Pasaba a otro a que le ayudara, o respondía uno de su misma fila, el asunto era animarlo.
¿Se ha arrepentido alguna vez de ser maestra y de formar a tantas generaciones?
-No, me siento orgullosa, en todas las instituciones del país están mis estudiantes y me tratan de manera especial. Me da gusto verlos convertidos en profesionales y saber que contribuí a eso, me llena de total satisfacción.
¿Qué puede agradecer una docente con tantos años de experiencia a sus estudiantes?
-Agradezco la oportunidad de haber formado parte de la persona que hoy es, muchos escucharon consejo y son tantos los que hoy me visitan con gratitud y cariño.
¿Cuánto ayudó el contar con estudios profesionales de consejería?
Muchísimo. Formé a muchos jóvenes en problemas, en pandillas, en alcoholismo y con problemas de hogares disfuncionales, etc. Con ellos tuve especial esmero para que fueran hombres y mujeres de bien. Daba terapias de grupos de padres-estudiantes, hasta poder superar sus debilidades.
¿Hubo algún estudiante que marcara su vida como docente?
La profe se toma unos segundos y con la mirada fija responde.
-Sí. Dos. Un joven que se llama Marcos, su mamá falleció cuando cursaba el tercer año de secundaria, me hice cargo con mucho gusto de él, como madre hasta concluir su bachillerato, hoy es policía, un buen hombre, aun me visita y nos comunicamos.
La otra es Carmen. Utilizo ese nombre por respeto a su memoria. Se quitó la vida por problemas familiares. Me hice cargo de reclamar su cadáver en la morgue, llevarlo a su casa en San José de Masatepe, Carazo, Nicaragua. Le hicimos su vela, conseguimos su ataúd y todo eso hizo de mí un hermoso ser humano. Hay sinfín de recuerdos, podría escribir un libro, así como contar de tantos estudiantes excelentes, cariñosos, colaboradores, etc.
¿Extraña las aulas de clase?
-No he vuelto a dar clases. Me han buscado de colegios privados, pero ya no quise.
¿Cree que cumplió su misión en el magisterio?
-Sí, hoy siento que sí. Mis estudiantes lo confirman.
¿Cuáles eran esas frases célebres que utilizaba en los salones cuando daba clases y, por favor cuénteme qué significaban?
-Cuando los estudiantes estaban en problemas con un ejercicio, para alertarlos les decía: ¡San Gerardo ayúdales!
Cuando no me recitaban la lección que debían de aprenderse en casa les repetía: ¡Eleolo chico zapote!
Y cuando hacían con excelencia su trabajo, para indicarles que eran lo máximo: ¡BARBARIDAD CON CHAMBONADA!




