En la agencia se encuentra a los vendedores que hacen la lucha a diario para llevar el sustento a sus hogares, pues no obtienen las ganancias de antes. Hoy en día la venta es a cuenta gota, por lo que hace todo el sacrifico para llevar al menos para la comida.

“Qué va, hoy salí a la misma hora de ayer (lunes) y solo he vendido apenas 150 córdobas, se ha bajado la clientela”, sostuvo.
Aunque se ve un poco desanimado, saca fuerzas para seguir empujando el carrito de Eskimos para seguir pregonando la venta, esta vez va por el centro histórico de Jinotepe, se encuentra con varios vendedores, intercambian palabras sobre cómo ha estado el día, pero su gesto lo dice todo.
Los fines de semanas vende un poco más, logramos sacar más producto, asegura este vendedor, que tiene clientela, pero asegura que después del mediodía no se atreve a ofrecerla, porque todos refieren temor a enfermarse de gripe y luego asociarlo al Covid-19.
Este esforzado vendedor se abastece en la única agencia de Eskimos ubicada en el barrio Ana Virgen Noble, de Jinotepe, contiguo a los tanques. Es una empresa desde hace 2 años hay varios, congeladores cargados de producto, manteniendo refrigeración las 24 horas del día, en una oficina improvisada está el propietario, Elías Lacayo, junto a su trabajador van atendiendo a los vendedores.
La gente tiene miedo a comer helados por la tarde por el Covid-19
“Ahora han vendido poco, también la lluvia los afecta a ellos, no tienen muchas ganancias, que por cierto no es el montón. Por ejemplo, lo que llevan más ellos es cono y la tacita que la busca la gente, trato de hablar con todos, les pongo afiches para que todos (vendedores) den el mismo precio por paleta, pueden ganarse 4 córdobas”, señaló.
Bajo el sol el desafiante el calor, Luis ve como una oportunidad su venta por eso no deja de tocar las 4 campanas de su carro.

Asimismo, lamenta la muerte de su colega, don Arsenio Isidoro Guevara Muñoz, de 68 años, quien perdió la vida el pasado domingo, frente al hospital Harmin, de Jinotepe, donde lo arrollaron y quedó debajo de las llantas de un vehículo. Después de una larga jornada laboral, se disponía a descansar en casa de una familar, en el puente del municipio del Rosario, en Carazo.




