Con tan solo 27 años de edad, Armando Avellán tiene una forma singular de ganarse la vida: distraer a la muerte. Como sorteador de toros, su trabajo en una barrera consiste en llamarle la atención al animal para evitar que dañe al montador al momento que entre brincos y jadeos, logra deshacerse de él.
El hombre dice que su trabajo lo apasiona y que la adrenalina que le produce jugar con su misma suerte y la de otros, frente a un toro furioso y decidido a dar muerte a quien se le pare enfrente, no tiene comparación. Explica para este reporte, que le fascina estar dentro de aquel cuadro, polvoso, lleno de gente y ruidoso, a la espera de una especie de cita con la muerte.

Avellán es originario de la ciudad de Jinotepe, departamento de Carazo y es conocido en el mundo taurino como “El loco Avellán”, debido a su audacia en la barrera y su gran talento para animar al público con su muy conocido “baile del gusano” que lo ha hecho má popular en las corridas de este departamento. El hombre arranca aplausos y gritos cuando lo anuncian por los altoparlantes.
Él por su lado, aparece emocionado, con sombrero y botas ligeras, pero siempre con sus pañuelos coloridos atados alrededor de su cintura. Su imagen, su baile y sus habilidades, son reconocibles en las barreras. “El loco Avellán” es tan popular como las fincas y sus temidos ejemplares que llevan para jugarlo en los redondeles.
Un trabajo apasiona, pero…
Con sonrisa nerviosa cuenta muy sonriente que desde hace nueve años se dedica a sortear, lo que para él es un trabajo, que admite como “peligroso, pero cargado de de emociones y sentimientos” que, añade, no haya, cómo explicarle a los demás. “Es que uno tiene miedo, pero a la vez, apasiona, gusta, ¿Me entiende?”, se pregunta.
“Para mí –agrega– es un trabajo, porque es una manera que tenemos de ganarnos la vida, ser sorteador consiste en ser la ayuda de los montadores de toros, o sea nosotros tenemos que distraer al toro al momento que el montador es lanzado de su lomo para que estos no sean corneados o golpeados. Salvamos una vida y claro arriesgamos la nuestra. Es el trabajo del sorteador”, amplía.
Avellán lamenta que pese a desafiar la muerte en cada jornada, en su trabajo no cuenta con un contrato formal, menos un seguro de vida. Por cada evento al que es llamado, los dueños de las barreras le pagan 400 córdobas por cada toro sorteado.
“En una buena tarde uno puede ganarse hasta 2 mil córdobas, eso va en dependencia de cuantos toros vayamos a sortear, además que muchas veces, las personas se acercan y me obsequian algo, y claro los aplausos del público también son importantes”, relata.
¿Y si te pasa algo, una cornada, una caída? –preguntamos– “Bueno, eso va por mi cuenta, si sobrevivo”, responde.
Es comerciante
Avellán se dedica también al comercio de calzado usado en el mercado municipal de Jinotepe. En su establecimiento permanece de lunes a sábados, puesto que los días domingos, se convierte “en el sorteador de su vida y la de sus compañeros”.
Es padre de una niña y cuando le preguntamos sobre lo que piensa su familia sobre su trabajo en las barreras, se queda pensativo y responde entre ratos de pausa. “Creo que no les gusta…si…no le gusta…creo que es porque tienen miedo a que me pase algo”, explica.
“Cada que salgo los domingos se quedan sufriendo. Pero yo no salgo de mi casa sin la bendición de mi madre. Es cierto, me gusta, pero también es una fuente de ingresos y pues la situación económica del país no está muy buena que se diga, en el negocio a veces se vende y a veces no y pues hay que buscarla, aunque yo sé que es peligroso”, añade Avellán.
Cicatrices para toda la vida
En los nueve años que Avellán lleva dedicado a las barreras, donde se ha topado “cara a cara con robustos y temidos toros”, ha tenido que lidiar con el dolor y el sufrimiento que algunos les ha causado. “Si, he ido a parar al hospital varias veces”, confirma.
El joven comenta que una de sus peores experiencias ha sido el haber sido corneado una vez en uno de sus glúteos, una herida muy cerca del intestino grueso. La embestida fue tan violenta que lo sacaron de la barrera desmayado.
“Fui llevado al hospital y me tuvieron que poner como seis puntadas cerca del ano, de ahí pues, quebraduras en mis brazos, rodilla y pecho, todo esto por golpes que se reciben cuando, pues uno, no está bien concentrado cuando sale el toro al rodeo”, explica.
Para este sorteador caraceño, la vida es lo más importante. Indica que aunque hay mucha adrenalina en ese tipo de trabajo va a ser siempre una decisión personal enfrentarse a un toro airado. “Algunos creen que es vagancia, pero es más que eso, es afición y un trabajo también”, señala.
“No es fácil saber que te puedes morir por una cornada de toro, que podés quedar lisiado para toda la vida y por eso a los jóvenes yo les digo que hagan caso a sus padres, que estudien para que no tomen esta vida porque es muy dura”, dijo “El loco Avellán”.
Avellán también hace un llamado a los dueños de rodeos a que sean un poco más conscientes y busquen la manera de organizarse. Puso como ejemplo, que en el país vecino, Costa Rica, los montadores y sorteadores cuentan con un seguro médico.




