Jueves 15 Octubre 2026
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“Dónde hay mujer, no muere mujer”, una partera y su loable labor en Carazo

“Tengo dolores de parto desde ayer, pero mi papá dijo que me mandaran como chancho a parir al monte porque nadie me mandó a esto”. 

Julia, como es conocida, abrió las puertas de su casa y de su corazón para contarnos cómo centenares de niñas y niños llegaron al mundo ayudados por sus manos y saberes. 
Julia, como es conocida, abrió las puertas de su casa y de su corazón para contarnos cómo centenares de niñas y niños llegaron al mundo ayudados por sus manos y saberes. 
Carazo

Estas fueron las palabras que escucho a las 5 de la mañana Gloria María de 17 años cuando abrió la puerta de su casa, una jovencita vecina entre lágrimas, sollozos y frío pedía ayuda con los dolores de parto.

Desde dentro entre el fogón de la cocina Gloria María escuchó la voz de su madre: “Chavala, no esté de metiche preguntando y traiga esa muchacha para el cuarto”. Estaba apenada porque se sintió asariada. Tomó de la mano a la muchacha y la condujo al cuarto, la acomodo en su tijera (una cama hecha de una especie de tela con patas cruzadas que forman una cruz y se dobla para guardarse), la acomodó y le puso unas almohadas, Gloria sacó de un saco unos telares viejos pero limpios y los colocó dónde su madre le había indicado.

“Ay hija… Esta niña ya está muerta, se te ahogó por eso ya no tenés ni contracciones”, dijo con rapidez la madre de Gloria después que tocó a la embarazada, la mujer se atacó a llorar a lo que la señora le replicó. “Hija tienes otros hijos por los cuales vivir ahora vamos a salvarte a vos”.

“Gloria, vamos a salvar a esta chavala, ya tiene frío hay que apurarse a sacar esta criatura”, dijo la partera.

Historia de resistencia, amor y enseñanza ancestral

Ésta, como muchas otras, es una historia de resistencia, amor y enseñanza ancestral para traer vidas a este mundo. Las parteras son personas que tienen por oficio asistir a la mujer en el parto; antiguamente, este oficio era ejercido solo por mujeres basándose en la experiencia tradicional pasada de generación en generación nuestra protagonista lo aprendió de su madre desde los 17 años y más de 60 años después la enseñanza sigue intacta.

Este episodio duro, difícil y triste marcó la línea para que el trabajo de Gloria María empezará a atender a mujeres en cinta, el don viene de Dios asegura la casi octogenaria mujer que en marzo llega a los 80 años.

Cuando llegamos a la casa de Gloria María la encontramos en su jardín y nos dijo “casi no me encuentran iba para la huerta a ver los frijoles”. 

Nos costó dar con la casa le respondimos porque buscábamos a Julia la partera a lo que la anciana sonriendo respondió: “mi papá en sus ganas de contrariar a mi mamá me puso Gloria María cuando me inscribió, pero para mi mamá yo era Julia, y así me conocen todos en el barrio y alrededores.

Auxiliada de conocimientos de plantas, una Gillette, una candela, trapos blancos esterilizados con agua hirviendo, una pinza, aceites, plantas y el don divino jugaron una carrera contra el tiempo y lograron la victoria ante el milagro de la vida. 

Al conocimiento ancestral de Julia se suman el de miles de mujeres en el país que bajo condiciones inhóspitas en los pueblos más alejados como ayudadas de una mano divina logran traer al mundo a pequeños seres vulnerables como las alas de una mariposa y son esas manos las que logran que la tradición y el conocimiento siga intacto trasladándose de generación en generación. 

Julia nos cuenta orgullosa uno de los momentos más difíciles vividos durante este oficio: “La historia más dura que me tocó vivir es con una mujer que se escapó del hospital, a las 3 de la mañana salió en “fuida” hay vino el hombre a buscarme, después de la zanganada y metedera de mano que le dieron a la pobre yo logré sacarle a la niña moradita, le di respiración de boca  a boca, le saque de la garganta lo que se había tragado, y le hice la inteligencia hasta que volvió, al siguiente día aparecieron los del hospital a meterle la mano a la mujer, me dio colera y yo sé que fui malcriada y le dije que es la tocadera si hice el trabajo que ustedes no pudieron, después me disculpe pero es que ya la criatura estaba nacida y bien si esa mujer a esperado ser atendida en ese hospital se muere”.

 

La Historia de Julia

Para esta partera o comadrona —como se les llama en las comarcas— la vida no ha sido fácil. Ella trajo al mundo 5 hijos propios y centenares de ajenos, incansablemente contaba en un cuaderno los niños nacidos pero un día se volvieron tantos que paró de contar como en el número 300.

Es importante destacar el papel que han jugado las parteras en nuestra sociedad. En el 2019 visitó Nicaragua el  Profesor Asistente, Epidemiólogo, Director de Investigación Elard Koch,  para realizar un simposio con la ministra de Salud de aquel entonces Sonia Castro  donde se destacó que gracias a la aplicación de un modelo de salud familiar comunitario, donde  involucran a  cientos de casas de salud materna, miles de parteras certificadas y varios centros hospitalarios, Nicaragua redujo la mortalidad materna y cuadruplicó el presupuesto destinado al sector salud que atiende a casi la totalidad de los habitantes del país a pesar de contar con retos de una alta densidad poblacional en zonas rurales, con difícil acceso al sistema hospitalario.

“Nicaragua ha tenido un progreso notable en el registro de estadísticas vitales y muertes maternas, lo cual permite la realización de investigaciones que impulsen políticas públicas basadas en evidencia”, concluyó Koch.

En Carazo se han desarrollado algunas iniciativas para reconocer el trabajo de estas comadronas, Gloria María la partera de esta historia cuelga en la pared de su sala un certificado que le otorgó el Ministerio de Salud por su ardua labor. La casa materna de Jinotepe cabecera municipal del departamento lleva el nombre de una partera reconocida también en una de las acciones que reconocen el trabajo de décadas de estas mujeres que han ayudado a otras a traer sus hijos al mundo. 

La historia de esta mujer se cuenta entre el milagro de la vida y la gestión divina en la que cada ser que lloró y gritó al llegar mundo es como una canción en su memoria que resuena una y otra vez a través de los días, Hoy Gloria María o Julia como su madre la llamaba sigue compartiendo de sus saberes, bañando niños para curarlos del calor de vista y sobándoles la cabeza o pancita para sanarles un empacho, pero de estos pesares te contaremos en nuestra siguiente historia dónde la protagonista al igual que Gloria María heredó de sus ancestros el saber, el don de sanar con sus manos y conocimientos a quienes recurren desesperados por males que les aquejan…