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Lunes, Agosto 10, 2020

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Stereo Romance - Departamentales

"Nos machacaban la cabeza como cucarachas, nos electrocutaron nuestras partes y los policías hacían filas para patearnos"

Dos años se cumplen hoy de la denominada “Operación Limpieza”, llevada a cabo en Carazo por fuerzas policiales y paramilitares que, con el fin de acabar con las barricadas levantadas en todo el departamento, cegaron  valiosas vidas y torturaron a muchos que capturaron defendiéndose con morteros y a otros que no tenían nada que ver con la lucha.

Hoy compartimos el testimonio de un joven al que por salir a buscar a su primo, que llevaba varias horas desaparecido,  lo capturaron los paramilitares y lo sometieron a torturas inimaginables en Las Esquinas, El Chipote y La Modelo, le iban a disparar en las rodillas  y escuchó cómo narraban la cantidad de muertos que habían dejado tendidos en las calles.

toruras.jpgLos jóvenes eran despojados de todas sus pertenecías, los dejaban en bóxer para posteriormente ser torturados//Archivo

“Aquel 8 de julio de 2018  es uno de los peores días de mi vida y de los caraceños, pero  al mismo tiempo fue bueno, porque como persona cristiana que practica la religión, vi que Dios  me mostró su poder, su gloria y su misericordia, principalmente, porque a pesar de todo lo que pasé sigo vivo”, compartió.

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“Ese domingo nos levantaron con balas a toda la ciudad, parecía que estábamos en guerra con las ráfagas que descargaban y todas las noticias que nos llegaban era por Facebook.  A  eso de las 3 de la tarde salí en la moto, porque un primo no aparecía. Iba en una cuesta cuando vi que había unos 30 o 40 paramilitares. Iba con un amigo, nos bajaron de la moto y sin ningún motivo nos golpearon la cabeza y las piernas”, comentó este chico que narró todo su calvario y el de otros que sí atraparon en las barricadas.

“Me reventaron la cabeza, me quitaron el teléfono y el dinero. Uno de los paramilitares apuntó mi rodilla con el arma y me dijo que me iba a disparar, solté el llanto de angustia, estaba ensangrentado. Llegó una camioneta y le preguntaron qué andábamos haciendo a esa hora, dijimos que buscando a alguien, pero no nos creyeron. Nos vendaron y nos montaron en la camioneta. Iban a hablando de todos los muertos que habían dejado tendidos, daban ubicación de dónde y cómo habían matado opositores”, reveló.

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Los desnudaron y golpearon salvajemente

Este joven recuerda que los llevaron a un sitio que no sabían dónde era, porque iban vendados y ahí les daban fajazos, golpes de todo tipo y los interrogaron, aunque les explicaron que eran trabajadores, nada detuvo la golpiza.

Pero los golpes no fueron lo peor, sino que también les daban descargas eléctricas, sin tenerles piedad.

“Un policía reconocido, cuyo rostro lo tengo grabado, nos daba las descargas eléctricas en nuestras partes íntimas, mientras los demás nos golpeaban. Nos metieron tras unas verjas, había varios chavalos, todos en bóxer, igual que nosotros, nos echaron agua y no hacíamos más que vernos golpeados y ensangrentados,  algunos nos conocían. Después nos sacaban uno por uno y en ese momento nos enteramos que estábamos en Las Esquinas. Todos los policías hicieron fila y nos pateaban y daban con el amansa-bolo, íban como 4 camionetas cargadas, nos acomodaron como cerdos, desnudos, sin importarles el frío”, prosiguió.

“Nos daban patadas como si aplastaban cucarachas, nos quemaban con chiva de cigarro, nos derramaron café y gaseosa encima”, recordó este joven.  

Mientras iban hacia Managua uno de los capturados se quería tirar de la camioneta, porque prefería morir de esa forma a que su mamá se diera cuenta de que estaba preso, porque él venía de Costa Rica nada más y no sabía por qué lo habían capturado.

“Con su hablado tico-nicaragüense decía que se quería morir, porque no aguantaba. Llegamos a un lugar donde nos decían que miráramos al suelo, hasta llegar a una puerta con una reja y ahí habían bastante presos boca abajo, igual todos en bóxer, y decían estos son los matones estos, son los que andaban arma y hasta después nos tomaban nuestros datos”, continuó.

Ese lugar donde los recibieron con golpes en la cara era El Chipote, donde los metieron en una  “reja chiquitita”, donde les tomaban foto como maleantes.

“Nos sacaron  de esa reja chiquita a un pasillo oscuro,  grande, de muchas puertas de metal húmedo, como un túnel. Nos quitaban el bóxer y hacíamos sentadillas , nos metieron en las celdas y había un preso demasiado golpeado.  Uno estaba ahí desnudo y cuando entré a aquel cuarto pequeñito con 4 camarotes de tabla, la luz entraba por un hoyo en la pared. El pompón era un hoyo en el piso y ahí mismo en el hoyo era una pileta  con agua rezagadas y en la loseta de arriba había un tubo de donde caía el agua en la pila empozada ni se le miraba el color de la oscuridad hedía bastante”, describe.

Cantaban himnos en las celdas

En El Chipote no les pasaban ni la comida ni las cosas que les llevaban sus familiares  y asegura que ahí había presos que no eran políticos, que llevaban hasta  6  meses en la oscuridad.

“No sabíamos quiénes estaban en las otras celdas, pero lográbamos entonar a una sola voz aquel canto cristiano de pentecostés  y tipo entre la 8 y las 10 creíamos que iba empezar un culto cantábamos esas canciones cristianas y todos los presos políticos cantábamos en El Chipote”, prosiguió.

En ese lugar había mucha gente de Carazo, asegura que algunos no podían ni moverse por los golpes, tenían las  costillas quebradas y hasta los dientes les habían tumbado. Asimismo, recuerda que a varios señores los llamaron por aparte y los golpearon para para sacarles la información.

En cuanto a la comida dijo que en El Chipote era buena. Ahí conoció al preso político Gertrudis, de Diriamba, de quien dice llegó golpeado, “exageradamente malmatado, pero no te imaginas Gertrudis cómo llegó y nos contó muchas cosas, pero ya transcurrían los días y  no sabíamos qué hacer a veces nos daba la desesperación, a veces uno lloraba de desesperación”.

“Tengo cicatrices en la espalda, las descargas eléctricas. Un día en la mera mañanita nos llegaron a sacar y pensamos que íbamos libres. Nos llevaron unos zapatos viejos grandotes a cada uno, ahí nos dieron ya los uniforme azules y nos dieron la ropa sucia con sangre del 8 de julio, pues ahí estaba todo, sólo apareció mi camisa puro sangre, mi pantalón no, ni mis zapatos, todo se lo robaron y cuando todos estábamos listos nos montaron en un bus que salió por detrás ahí fue cuando nos dimos cuenta que estábamos en El Chipote.

Del Chipote los llevaron a Tipitapa, al sistema penitenciario  donde recuerda que había una policía jefa de los Dantos que les decía que eran unos mal  agradecidos,  sinvergüenzas, unos drogos, “nos insultaba así, la mayoría tenía profesiones pero nos trataban como si éramos delincuentes, pero nos dieron el uniforme azul y así fuimos ingresando a un módulo aún estaba nuevo el módulo sólo preso políticos, aparte de todos”.

Espera justicia divina

En el penitenciario vieron sus familiares y pudieron llorar junto a ellos, les decían que los abogados se estaban moviendo, pero asegura que ellos sabían que iban a salir hasta que le diera la gana al gobierno.

“Transcurrieron los días  y gozábamos, porque  éramos conocidos la mayoría , estaba un muchacho que era “La Sexi Carolina”, que nos hacía reír, él barría, cocinaba, lavaba la ropa y  modelaba con su toalla por todo el pasillo. Durante ese tiempo nos sacaron al sol 10 minutos  y después nos metían”, relata.

Afortunadamente, él pudo salir junto a otros presos políticos, aunque muchos se quedaron muchos meses varios meses.

“Nosotros salimos en 15 días, gracias a Dios, no sé cómo fue, cuando miramos estábamos libres, haciendo un compromiso en la policía de Jinotepe, en la policía y sin hacer nada, porque si me revisaban mi currículum no tengo antecedentes de nada, soy un trabajador sólo para ellos pues uno es lo peor, pero con tal de salir y firmamos. Nos quedó el mal gusto de ser torturados, sin tener culpa, sin andar en nada,  me ficharon y no es justo, pero así fue”, apuntó .

Dios va tomar la mano todo esto porque  de este mundo no nos vamos sin pagar lo que hacemos entonces a eso apuesto yo de que un día Dios hará pagar a los culpables, concluyó el joven.